El 3 de octubre de 1961, a las seis de la mañana, la familia Klatt escuchó golpes bruscos en la puerta principal. Aún estaban en la cama, pero no tardaron en ser despertados por varios policías y agentes de la Stasi que irrumpieron en la vivienda. Tres camiones se estacionaron en el patio y, sin más preámbulos, les dijeron que no había preguntas bienvenidas: "Serán trasladados a las zonas seguras del interior, lejos de la influencia occidental".
Operación a nivel nacional
Los Klatt no fueron los únicos. Ese mismo día se puso en marcha la operación conocida en la historia de la RDA como "Operación Aciano" (o "Cornflower"), planificada durante mucho tiempo. Miles de ciudadanos considerados "políticamente poco fiables" fueron forzados a abandonar sus hogares en la zona fronteriza. La base legal era el Decreto de Restricción de Residencia de 24 de agosto de 1961, que permitía ordenar el traslado de una persona cuando su permanencia amenazaba la seguridad pública o el orden.
Esta campaña tenía un antecedente: en junio de 1952 se llevó a cabo la "Campaña de los Bichos", la primera gran ola de expulsiones, que dejó a casi 1.000 personas sin hogar en los distritos de Rostock y Schwerin.
Destino Rügen
Alrededor de las cinco de la tarde, los camiones llegaron al municipio de Dreschwitz, en la isla de Rügen, que sería el punto final del traslado. "Mi esposa llegó con pantuflas de fieltro y un delantal de cocina", recuerda Heinrich Klatt. Allí se les asignó un pequeño apartamento y al patriarca se le obligó a trabajar como brigadista agrícola en una finca estatal. La Stasi vigiló de cerca su adaptación al nuevo entorno.
Sin embargo, Sülsdorf siguió siendo su verdadero hogar. Tras la reunificación, la familia volvió a solicitar la devolución de sus bienes. Después de varias semanas de trámites, a principios de los años 90 recuperaron sus pertenencias y regresaron a su casa original, donde aún se conserva una piedra con la inscripción "Regreso 1991".
Reasentamiento forzoso en Lankow
La frontera intraalemana se volvió cada vez más infranqueable a partir de la década de 1960. Muchos pueblos fronterizos de Mecklemburgo desaparecieron, como Lankow. La familia Schmidt, propietaria de una casa y 62 ha de tierras junto al lago Lankow, fue expulsada el 3 de octubre de 1961. Brigitte Schmidt, refugiada de la Prusia Occidental en 1945, describió aquel día como "una segunda huida, pero en cuestión de horas".
Al mediodía, tres camiones los trasladaron: el abuelo y su hijo Hans en el primero, el señor Schmidt y su perro en el segundo, y Brigitte con sus dos hijos pequeños en el tercero.
Vida bajo sospecha en Diestelow
El nuevo destino fue Diestelow, en la región de los lagos de Mecklemburgo, donde la vivienda asignada consistía en tres cuartos bajo el techo, apenas aptos para una cama doble. "Los muebles estaban en el pasillo y no podíamos cerrarlos; se nos robaron varias cosas", recuerda Hans Schmidt. Brigitte escribió a su cuñada: "Probablemente te sorprenderá nuestra nueva dirección, pero debemos aceptar nuestro destino; fuimos expulsados".
Los habitantes locales desconfiaban de los Schmidt. Hans, el estudiante, tuvo que sentarse solo en clase y vivió con la sospecha de que los alemanes de la RDA los habían traído allí por alguna razón. La expropiación de sus tierras no generó problemas para el régimen; los documentos de propiedad fueron declarados nulos y una familia de oficiales se instaló en la finca. La casa fue demolida en los años 70 durante la expansión de los sistemas fronterizos y, en 1976, Lankow desapareció del mapa para convertirse en reserva natural.
Reconocimiento tardío de las víctimas
Después de la reunificación, algunos expulsados lograron recuperar sus propiedades y, gradualmente, su sufrimiento fue reconocido oficialmente. El 17 de junio de 1992, el Bundestag emitió una declaración de honor para las víctimas de la tiranía comunista, subrayando a quienes fueron expulsados de sus hogares sin respetar principios básicos de humanidad.
Aunque el 3 de octubre se celebra como el Día de la Unidad Alemana, para los supervivientes de la Operación Aciano sigue siendo una fecha dolorosa. "Un ojo llora y el otro ríe al pensar en ese día", comenta Heinrich Klatt.