Historia de Europa

Campaña electoral nazi y la toma del poder en el norte

La marcha de 100.000 SA en Braunschweig (1931)

En octubre de 1931, alrededor de 100.000 hombres de la Sturmabteilung (SA) con uniformes pardos desfilaron por Braunschweig frente al Residenzschloss, bajo la mirada de Adolf Hitler. Hitler había ordenado que sus unidades paramilitares acudieran a la ciudad desde todo el Reich, convirtiendo el evento en una enorme demostración de poder.

El pequeño August Roloff, de cinco años, recordaba: "Estaba a 30 metros de Hitler, pero no sabía quién era. El espectáculo duró casi siete horas y la impresión quedó conmigo durante mucho tiempo". Su padre, profesor conservador y miembro del Partido Popular Nacional Alemán (DNVP) en el parlamento estatal, había abierto la puerta al poder nazi mediante una coalición entre partidos conservadores y el NSDAP.

Días antes, en Bad Harzburg, se había sellado la unión de las fuerzas nacionalistas que se autodenominaban “oposición nacional” y que buscaban derrocar la democracia.

Éxitos electorales de los nacional‑socialistas

Los resultados electorales a principios de los años 30 mostraron cómo los votantes conservadores cambiaron rápidamente su apoyo al NSDAP. La ideología nazi gozaba de especial acogida en el entorno protestante, rural y de pequeñas ciudades, mientras la crisis económica mundial había devastado la economía alemana; a comienzos de 1933 casi ocho millones de personas estaban desempleadas.

En la provincia prusiana de Hanover (actual Baja Sajonia) el voto al NSDAP ya superaba la media nacional desde la década de 1920. En Braunschweig el partido entró en el gobierno en 1930 y, a principios de 1932, Adolf Hitler, entonces ciudadano austriaco, fue nombrado consejero del gobierno, lo que le permitió presentarse a las elecciones presidenciales de 1932. Ese mismo año el NSDAP tomó el control absoluto de Oldenburg. En abril de 1933, el líder nazi Dietrich Klagges proclamó a Braunschweig como el primer Estado “puramente nacional‑socialista”.

El aumento de la violencia política

Con el control de escuelas, funcionarios y policía, los nazis emplearon a la SA para provocar enfrentamientos callejeros contra partidos y asociaciones de izquierda. August Roloff recordó: "Durante las elecciones había peleas en las calles entre socialistas y nacional‑socialistas, y la policía llegaba en camiones". El ambiente se asemejaba a una guerra civil, y los trabajadores, izquierdistas y sindicalistas quedaron a merced del terror.

30 de enero de 1933: Hitler como Canciller del Reich

En el norte de Alemania, la confrontación se trasladó a las calles, dominadas por la SA, la rama armada del movimiento nazi. Sus formaciones militares, gritos, banderas y camisas pardas transformaron el paisaje urbano, especialmente a partir del 30 de enero de 1933, día en que Hitler asumió el poder en Berlín.

En Hanoversch Münden, a más de 350 km, el joven Heinz Hartung, de 13 años, vivió el momento: "Esa noche marcharon cantando por la ciudad. Por primera vez escuché el grito ‘¡Alto!’ y el cántico ‘¡Heil a nuestro Führer y Canciller Adolf Hitler!’".

Propaganda y pogromos

En la entonces fuertemente católica localidad de Hannoversch Münden, la victoria nazi provocó gran agitación, sobre todo en el barrio obrero de Hermannshagen. La SA llegó con refuerzos de Göttingen y Kassel. Heinz Hartung describió: "A partir de entonces todo fue más violento; hubo brutales ataques contra socialdemócratas y comunistas". Los opositores fueron arrestados, golpeados en el ayuntamiento y, según testigos, la sangre quedó en el suelo.

En los barrios obreros de Hannover, la SA iniciaba peleas nocturnas contra socialistas. Emmi Baumgarte, ahora de 95 años, recuerda: "Después de que Hitler llegó al poder, muchos trabajadores fueron encarcelados. En 1933 se abrió el primer campo de concentración en Moringen, donde fueron enviados miembros de la SPD y la KPD".

Emmi, que vivía en Bückeburg, ocultó a su prometido, un refugiado ruso que había entrado ilegalmente para combatir al régimen. Fue traicionada, arrestada y condenada a dos años de prisión por alta traición; su novio recibió 15 años y solo fue liberado por los Aliados.

El comienzo del fin

La falta de acuerdo entre las fuerzas republicanas facilitó la caída del sistema democrático. Emmi Baumgarte, ahora de 95 años, afirma que la toma del poder podría haberse evitado: "Si los trabajadores se hubieran unido, tal vez la historia habría sido distinta".

En el norte de Alemania la mayoría de la población apoyó al NSDAP, que había concentrado el control político y social. Sólo se registraron escasas resistencias, como la del pequeño pueblo de Gillersheim, cerca de Nordheim. Allí, el socialista Ernst Fahlbusch, de 21 años, fue testigo de cómo la SA intervenía en una manifestación del 30 de enero de 1933: "Cien personas marchaban con la bandera negra‑roja‑dorada cuando llegaron 40 o 50 hombres de la SA en un camión y la policía nos apartó para evitar un choque". Los manifestantes fueron obligados a alejarse al borde de la ciudad y, tras ese episodio, el movimiento socialista quedó silenciado durante los siguientes doce años.