Historia de Europa

El caso de Irán: por qué la democracia no siempre es el desenlace inevitable

El caso de Irán: por qué la democracia no siempre es el desenlace inevitable

Irán y la democracia no son conceptos que vayan necesariamente de la mano. El país se percibe como un Estado profundamente autocrático, dirigido por una élite espiritual estrecha, cuyas elecciones y estructuras democráticas apenas pueden llamarse tal. Sea que este juicio sea totalmente acertado o no, la historia iraní nos enseña algo valioso sobre la democracia y su desarrollo: al final de la historia no siempre tiene que aparecer la democracia, y el destino de Irán podría haber sido muy distinto.

Irán y el largo camino hacia la modernidad

Retrocedamos al siglo XIX. En esa época, la palabra "democracia" era prácticamente inexistente en Irán, como en la mayoría de los países. Sin embargo, fue entonces cuando se sembraron las bases de la modernización del antiguo Estado persa. Los zares de Rusia se acercaban cada vez más a las fronteras iraníes y el Imperio británico, desde la India, también mostraba su interés. Ambos poderes, en lo que se conoció como "El Gran Juego", competían por esferas de influencia en Asia Central, y Irán quedaba atrapado en medio.

Los sha enfrentaban un problema simple: no podían defenderse de esas agresiones porque el Estado iraní no había completado la transición a una estructura centralizada, como la que Europa experimentó desde el siglo XVIII. El gobierno no lograba recaudar impuestos de forma constante y carecía de un ejército eficaz. A medida que avanzaba el siglo, la dependencia de Irán hacia Rusia y, sobre todo, Gran Bretaña se intensificó mediante concesiones que entregaban sectores enteros de la economía –incluido el sistema bancario– a inversores extranjeros a cambio de escasos pagos.

Este proceso provocó una reacción interna. Desde 1906 surgió un movimiento constitucional que exigía modernizar Irán siguiendo modelos occidentales. La nobleza, la clase alta y parte del clero respaldaron la iniciativa, lo que obligó al sha a ceder. Ese mismo año se instauró el primer parlamento y una constitución, aunque el conflicto interno se asemejaba a una guerra civil y los ideales constitucionales nunca se materializaron por completo. Apenas unos años después, durante la Primera Guerra Mundial, Rusia y Gran Bretaña ocuparon partes del país, retrasando cualquier intento de modernizar la maquinaria estatal. En 1908 se otorgó una concesión petrolera que, lejos de ser una bendición, profundizó la dependencia británica.

De Persia a Irán

En la década de 1920, el proyecto de modernización volvió a cobrar fuerza bajo la figura de un militar llamado Reza Khan. Lideró un golpe de Estado en 1921, se convirtió en ministro de Guerra y, en 1923, en primer ministro. Inspirado en las reformas de Mustafa Kemal Atatürk en Turquía, Reza Khan intentó abolir la monarquía y proclamar una república, pero la élite clerical se opuso. Dos años después, en lugar de la república, se coronó a sí mismo como Shah, iniciando una agenda reformista.

Durante los quince años de su (poco democrático) mandato, Reza Shah transformó Irán desde la base: creó un sistema escolar estatal que quitó la educación de manos del clero chií, instauró tribunales laicos, impuso vestimenta occidental y prohibió el velo femenino. En 1935 cambió el nombre oficial del país de Persia a Irán, argumentando que el término persa era extranjero y que Irán era la "tierra de los arios". Algunos historiadores especulan sobre la posible influencia de su admiración por la Alemania nazi, pero la motivación exacta sigue siendo tema de debate.

El fin de su reinado llegó durante la Segunda Guerra Mundial, cuando tropas soviéticas y británicas ocuparon Irán y obligaron a Reza Shah a abdicar. Su hijo, Mohammad Reza Shah, asumió el trono. A partir de aquí, el país estuvo a tan solo 35 años de la Revolución Islámica de 1979, que expulsaría al nuevo sha y establecería una república teocrática. En los años intermedios hubo momentos decisivos que podrían haber encaminado a Irán hacia la democracia, y la falta de ese rumbo también refleja la responsabilidad parcial de Occidente.

Mohammad Mossadegh y el principio del fin

Después de la Segunda Guerra Mundial, bajo Mohammad Reza Shah, Irán experimentó una apertura sin precedentes: surgió una prensa más libre y una sociedad más dinámica. Sin embargo, el tema central era el petróleo. En 1951, el parlamento iraní decidió nacionalizar la industria petrolera, que hasta entonces estaba bajo control británico y solo devolvía al gobierno un 16 % de las ganancias. La medida provocó el boicot británico al petróleo iraní, generando la crisis de Abadan y una profunda recesión.

El primer ministro Mohammad Mossadegh, visto hoy como un héroe antiimperialista, adoptó medidas autoritarias: obtuvo una carta de poder que le permitía legislar sin el parlamento, redujo los poderes del sha y del Senado y, eventualmente, intentó disolver el parlamento mediante referéndum. Estas acciones alejaron a la clase media, religiosa e industrial, dejando a Mossadegh apoyado casi exclusivamente por comunistas. En 1953, la CIA y el MI6 organizaron un golpe de Estado —la Operación Ajax— que derrocó a Mossadegh y reinstauró al sha con un nuevo primer ministro, consolidando una alianza estrecha con Estados Unidos.

¿Una lección para la democracia?

Tras el golpe, Mohammad Reza Shah continuó el programa reformista de su padre, pero bajo un régimen cada vez más autoritario, respaldado por el apoyo estadounidense. La creciente represión provocó descontento en sectores religiosos, liberales y de izquierda, que culminó en la Revolución Islámica de 1979.

¿En qué momento exacto murió la semilla democrática en Irán? ¿Durante la fallida Revolución Constitucional, bajo el autoritarismo de Reza Shah, o tras la eliminación de Mossadegh? Probablemente fue una combinación de todos esos factores. Lo que la historia de Irán demuestra es que la democracia no es un destino inevitable; su ausencia también forma parte de la narrativa.

Para profundizar en este tema, escucha el podcast semanal "Déjà Vu History" donde analizo la historia reciente del Imperio Persa y de Irán. Este artículo también forma parte del desfile de blogs #DHMDemokratie organizado por el Deutsches Historisches Museum; puedes encontrar todos los textos en su sitio web.


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