Origen y significado del nombre
Febrero era el último mes del año en el calendario republicano clásico y el segundo del calendario juliano. Su nombre proviene de la diosa Februa, madre de Marte, y de Februus, el ancestro etrusco de Plutón, dios del inframundo. Era el mes de la purificación: se ofrecían sacrificios y ofrendas a los dioses para curar las ofensas cometidas durante el año, una especie de confesión colectiva que buscaba apaciguar la ira de las divinidades.
En el calendario arcaico romano el mes no existía; fue introducido bajo el rey Numa Pompilio. El dios predominante era Neptuno, representado en el calendario del Foro como una mujer vestida de azul que llevaba un ave acuática en una mano y una jarra derramando agua en la otra, aludiendo a las lluvias que se esperaban en esas fechas.
Reforma del calendario juliano
Julius Caesar, fascinado por la precisión egipcia y la influencia de Cleopatra, ordenó reformar el desfasado calendario lunar romano, adoptando un año solar de 365 días y 6 horas. Los cálculos fueron realizados por el astrólogo alexandrino Sosígenes. Como febrero era el mes final del año, quedó más corto que los demás y necesitaba un día intercalar cada cuatro años (entre el 24 y el 25) para corregir la diferencia. Ese día extra se llamó bis sextus, origen del término moderno «año bisiesto».
Rituales y celebraciones
Kalendas y ofrendas a Februa
El segundo día de las Kalendas, se mantenían antorchas encendidas toda la noche como ofrenda a Februa. Se creía que, al agradar a la diosa, Marte, su hijo, concedería la victoria en la batalla. La luz adicional permitía a las mujeres salir en procesión en honor a Ceres, ya que la ciudad era peligrosa después del anochecer.
Anestesias (festividades dionisíacas)
Del 5 al 7 de febrero se celebraban las Anestesias, fiestas dedicadas a Dionisio, dios griego del vino y el teatro. El primer día se abrían las primeras ánforas de vino del año anterior, embotellado en octubre. El segundo día se organizaba un concurso de bebida para vaciar, en el menor tiempo posible, una vasija de aproximadamente tres litros. El tercer día se preparaba un guiso a base de vino y se ofrecía pan sobre terreno sagrado en honor a Hermes, recordando las inundaciones que tantas civilizaciones han sufrido.
Idus de febrero y Lupercales
Las Idus de febrero estaban dedicadas a los difuntos; los templos permanecían cerrados y no se celebraban matrimonios. El 15 se llevaban a cabo los Lupercales, festividades en honor al dios Fauno. Según la leyenda, los romanos, sin hijos, consultaron el oráculo de Juno, quien les indicó que "madres del Lacio, dejad que un macho cabrío os fecunde". El sacerdote sacrificaba al animal, utilizaba su piel para fabricar látigos que los luperci (jovenes desnudos) blandían mientras corrían por el Palatino, golpeando a las mujeres que deseaban procrear, en representación del dios Pan, nieto del lobo Licón.
Fornacales
Del 10 al 17 se celebraban los Fornacales, en honor a Fornax, protector del fuego y patrono de los panaderos. Cada curia elegía su día; si la celebración se retrasaba, los participantes eran ridiculizados como parte de la "festa de los estúpidos", posible antecedente del carnaval actual.
Feralia y Carístias
Los últimos días del mes estaban reservados a la Feralia y a las Carístias, rituales dedicados a divinidades menores relacionadas con los muertos, marcando una reflexión moral de fin de año. El 23 se honraba a Termos, dios de los límites y caminos, representado con una cabeza humana sobre una columna. Se sacrificaba un lechón y, con su sangre, se regaban los cercos y mojones para solicitar que nadie indeseado los atravesara. De allí proviene el término "terminus" para referirnos a los límites municipales.

Colaboración de Gabriel Castelló, autor de Bravery.