Introducción
Uno de los documentos más curiosos que nos legaron los mesopotámicos es la Lista Real Sumeria. En ella aparecen los reyes que, según la tradición, gobernaron entre los dos ríos desde la época arcaica. La lista se puede dividir en tres grupos, cada uno con un grado distinto de historicidad.
Los tres grupos de monarcas
Primer grupo: leyendas exageradas. Son los reyes cuya longevidad supera lo imaginable, como Enmenluana de Badtibira, que habría reinado 43 000 años. La mayoría de los historiadores los consideran invenciones creadas para legitimar el poder de dinastías posteriores. En la antigüedad, los gobernantes eran elegidos por asambleas; cuando los generales comenzaron a perpetuarse en el cargo, necesitaban un ancestro legendario que justificara su derecho al trono.
Segundo grupo: figuras históricas envueltas en mito. Aquí se encuentran personajes como Gilgamesh de Uruk o Enmerkar. Probablemente existieron, pero sus hazañas se inflaron con el paso del tiempo: no conquistaron a tantas mujeres, no fueron tan altos ni tan guapos, y nadie recibió el número de teléfono de Angelina Jolie.
Tercer grupo: reyes con evidencia arqueológica. Son los monarcas cuya existencia está confirmada por hallazgos materiales. Sus reinados son más razonables, desde los 56 años de Sargón de Acad hasta apenas unos días para los últimos reyes acadios.
El caso de Erra‑immiti y la dinastía de Isin
Dentro del tercer grupo, entre los reyes de la Dinastía de Isin, destaca Erra‑immiti. Las ruinas de Isin, a unos 40 km de Diwaniya (Irak) y a 30 km de Nippur, estaban en constante conflicto con la vecina Larsa por el control de Nippur, la ciudad sagrada de Enlil. Erra‑immiti sucedió a Lilpit‑Enlil, quien había reinado solo cinco años y había perdido Nippur. No se sabe si Lilpit‑Enlil murió en batalla; algunos textos sugieren que Erra‑immiti, posiblemente ex‑general, lo obligó a abdicar.
Erra‑immiti gobernó ocho años, recuperó temporalmente Nippur y otras ciudades como Kisurra, y realizó donaciones a los templos. Sin embargo, su fin llegó en la celebración del Año Nuevo de su octavo año. Los sacrificios iniciales arrojaron malos presagios; pese a repetirlos, los animales continuaron mostrando señales desfavorables.
Ante este mal augurio, el rey recurrió a un recurso típico de la época: buscar un sustituto que absorbiera la mala suerte. Eligió a Enlilbani, un jardinero, y lo coronó como monarca provisional. Mientras Enlilbani asistía a la ceremonia, Erra‑immiti se sentó a degustar una humeante taza de sopa de avena. La sopa estaba tan caliente que le quemó la boca; el shock le provocó la muerte al instante.
Según la Lista Real Sumeria, Enlilbani permaneció en el trono durante 24 años, reconstruyó las murallas de Isin, restauró la ciudad de Larsa y emprendió varias obras públicas, sin que se le atribuya ningún acto negativo.
Conclusión
Como moraleja, podríamos decir que nadie escapa a la voluntad de los dioses. Pero, siguiendo la sabiduría de los mayores, concluimos que mi abuela tenía razón al decirme que debía soplar la sopa. Con tantos gobernantes incompetentes a lo largo de la historia, basta con que un jardinero con una estrella de la suerte llegue al poder para que las cosas mejoren.
Contribución de Joshua BedwyR, autor de In a Dark Blue World