Historia de Europa

Las razas de perros más comunes en la Antigua Roma

Introducción

Seguramente has visto la advertencia ¡Cuidado con el perro! en la entrada de muchas casas. Los romanos ya lo hacían siglos antes: un mosaico encontrado en el vestíbulo de una vivienda de Pompeya anunciaba:

CAVE CANEM

Las razas de perros más comunes en la Antigua Roma

Perros de guardia: el Moloso

Junto al mensaje Cave Canem se representaba a menudo un Moloso, un perro de musculosa complexión, mandíbula poderosa, cabeza grande y hocico corto. Los Molosos servían como perros guardianes. El poeta Virgilio ya los alababa:

Con estos perros de guardia [molosso], nunca temerás a los ladrones nocturnos ni al ataque de lobos.

El escritor Marco Terencio Varrón describía sus características:

Debe tener cabeza grande, orejas caídas, hombros y cuello gruesos, patas anchas, ladrido profundo y ser de color blanco para ser visible en la oscuridad… Llevará un collar de cuero con clavos para proteger su cuello. Un lobo herido será menos propenso a atacar a otro perro, incluso si no lleva collar.

Estos canes también se empleaban como perros de guerra (canes pugilísticos) acompañando a las legiones y participando en sangrientas espectáculos de los anfiteatros.

Las razas de perros más comunes en la Antigua Roma

Perros de caza: el Vertragus

Para la caza se prefería el Vertragus, una raza intermedia entre un galgo y un sabueso. Ágil, esbelto y veloz, “caza no por sí, sino por su señor, y le lleva la liebre ilesa entre los dientes” (Epigrama, Marcial).

Las razas de perros más comunes en la Antigua Roma

Perros de compañía

Los romanos también tenían perros de compañía. El más popular era el Canis Melitae, un pequeño perro de pelo largo y blanco, parecido al actual maltés. Era más grande que sus descendientes y su nombre no proviene de la isla de Malta, sino de la palabra semítica malat (puerto), lugar donde solían cazar roedores.

¿Por qué los romanos querían una mascota? Además de la compañía, cumplía varias funciones: entretenía a los niños, ofrecía calor en las noches frías, controlaba pulgas (similar a la solución faraónica contra moscas) y era símbolo de estatus social. En la mentalidad popular, poseer un perro que no trabajara (guardia, pastor o cazador) resultaba incomprensible.

Nombres de los perros

Plinio aconsejaba usar nombres cortos; Columela, en su obra De re rustica, recomendaba nombres de dos sílabas o que describieran sus rasgos: Asbólo (ceniza), Tigris (tigre), Ferox (feroz), Lupa (loba), Leuco (blanco), Pyrrha (pelirroja), Cerva (cierva), Celer (rápido), Lakon (espartano)…

Fuente: The Inventions of the Ancients