Historia de Europa

La leyenda de la papisa Juana y el mito del “tiene dos y la ahorcan”

Cuando hoy podemos contrastar información de múltiples fuentes y verificar hechos con relativa facilidad, separar la realidad de la ficción sobre eventos ocurridos hace siglos resulta mucho más complicado. La escasez, la confusión y la dudosa fiabilidad de los documentos hacen que la leyenda de la papisa Juana, la supuesta mujer que habría ocupado el trono de San Pedro, sea un terreno fértil para mitos y bulos.

La leyenda de la papisa Juana

Existen varias versiones de la historia, pero todas la sitúan en el siglo IX. Según la tradición, Juana logró hacerse pasar por papa sin que nadie lo notara, hasta que, durante una cabalgata, se le rompió la fuente y dio a luz. El asombro dio paso a la indignación y, finalmente, a la lapidación.

La leyenda de la papisa Juana y el mito del “tiene dos y la ahorcan”

El supuesto “test” papal

De esta leyenda nació un bulo que asegura que la Iglesia, para evitar que se repita, habría impuesto a todos los papas una prueba de masculinidad: Duos habet et bene pendentes ("tiene dos y cuelgan bien"). La historia dice que el pontífice debía sentarse en una silla con un agujero por el que, si era hombre, colgaba sus genitales, y un cardenal debía comprobarlo a la vista o al tacto mientras gritaba la frase.

Duos habet et bene pendentes

Esa silla sí existía, pero se trataba de la sedia stercoraria, una especie de asiento de uso cotidiano para que el papa leía el periódico, sin relación alguna con el supuesto examen. La confusión se alimentó de obras de arte que representaban supuestos “exámenes” a papas como Inocencio X, donde un monje palpaba un agujero lateral para comprobar la presencia de genitales.

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El Saeculum Obscurum o Pornocracia

Otro episodio histórico que a menudo se mezcla con la leyenda de Juana es el periodo entre el papado de Sergio III (904) y la muerte de Juan XII (964), conocido como Saeculum Obscurum o "Pornocracia". Según el cardenal e historiador del siglo XVI Cesáreo Baronius, los papas de esa época estaban bajo la influencia de dos prostitutas: Teodora y su hija Mazoria.

Tras la muerte de León V, Sergio III fue elegido papa con el apoyo de la familia de Spoleto y de su cuñado Theophylact, senador y magister militum de Roma. Theophylact recibió el cargo de vestararius (encargado de las finanzas) y, posteriormente, el de cónsul. Su esposa Teodora, nombrada senatrix de Roma, ejercía una enorme influencia desde su alcoba, tomando decisiones cruciales junto al papa.

La leyenda de la papisa Juana y el mito del “tiene dos y la ahorcan”

Su hija Mazoria, a los 15 años, siguió los pasos de su madre y también mantuvo relaciones con Sergio III, con quien tuvo un hijo llamado Juan. Tras la muerte de Sergio III, Teodora nombró a los siguientes tres pontífices: Anastasio III (911‑913), Lando (menos de seis meses) y Juan X (914). Dos años después, al fallecer Teodora, Mazoria tomó el control.

Mazoria, además de Juan X, tuvo otro hijo, Alberico II, con su primer marido Alberico I de los Spoletos. Cuando surgieron conflictos con Juan X, utilizó el poder de su segundo esposo, Guillermo de Toscana, para encarcelarlo; el papa murió en circunstancias misteriosas. Al estilo de su madre, Mazoria eligió a los siguientes tres papas: León VI (siete meses en 928), Esteban VII (928‑931) y Juan XI (931‑935), este último su propio hijo. Gracias a estas designaciones, Mazoria ostentó el título de senatrix Patricia Romanorum, prácticamente gobernando Roma.

Después de la muerte de su segundo marido, Mazoria intentó consolidar su poder casándose con Hugo, rey de Italia, pero su hijo Alberico II se opuso y, en 936, arrestó a su madre, manteniéndola bajo custodia hasta su muerte.

Alberico II se proclamó príncipe y senador de los romanos, gobernando la ciudad. En 955 designó a su propio hijo, Juan XII (nieto de Mazoria y bisnieto de Teodora), quien ocupó el trono de San Pedro hasta 964.

"Cabalgaban con arreos de oro, celebraban banquetes con bailarinas y, al terminar la caza, se retiraban a camas con sábanas de seda y cubiertas de oro. Todos los obispos romanos estaban casados y sus esposas confeccionaban sedas a partir de vestiduras sagradas" – Liutprand, obispo de Cremona.

Este relato muestra cómo la mezcla de escándalos, poder político y sexualidad ha alimentado siglos de mitos y bulos alrededor de la figura papal.