Fernando IV de Castilla y la sombra de la justicia divina
La historia está llena de coincidencias que, según quien las narre, pueden parecer actos de justicia divina o simples juegos del karma. Uno de esos episodios tuvo lugar en Castilla, en el año 1312, y quedó marcado por la figura del rey Fernando IV, conocido posteriormente como “el Convocado”.
Infancia y ascenso al trono
Fernando IV subió al trono a los diez años, tras la muerte de su padre, Sancho IV. Su madre, María de Molina, ejerció la regencia y se encargó de proteger al joven monarca. Fernando era un niño frágil y enfermizo, afligido por hemoptisis (tos con sangre), enfermedad que acabaría con su vida.
El matrimonio de sus padres no había recibido dispensa papal por dos motivos: estaban emparentados en tercer grado y Sancho IV había estado casado previamente con Gillerma de Montcada, una rica heredera catalana, aunque esa unión nunca se consumó. La falta de legitimidad de la primera boda y la debilidad del niño provocaron una serie de rebeliones y conspiraciones en los primeros años de su reinado, encabezadas por Juan I de Castilla, “el de Tarifa”, tío de Fernando y pretendiente al trono.
María de Molina presenta a su hijo en las Cortes de Valladolid – Antonio Gisbert Pérez (1863)
Paranoia y juicios sumarios
El rey, obsesionado con la traición, se volvió extremadamente desconfiado. Ejecutó a muchos opositores, reales o imaginarios, delegando los encargos a sus favoritos, entre ellos Juan Alfonso de Benavides, un hábil espadachín y hombre de confianza.
Los hermanos Carvajal
Entre los acusados se encontraban los caballeros Juan Alfonso de Carvajal y Pedro Alfonso de Carvajal, miembros de la Orden de Calatrava. Las crónicas de la época son confusas: algunas afirman que Juan Alfonso de Benavides cayó muerto en un duelo contra uno de los Carvajal, mientras que otras sostienen que fue asesinado en el palacio. Lo que sí está claro es que los hermanos fueron acusados de asesinar al favorito del rey.
La noticia llegó a los oídos de Fernando mientras se encontraba en Palencia, a punto de partir hacia Alcaudete (Jaén) para apoyar a su hermano, el infante Don Pedro, en la campaña contra los moros.
La Peña de Martos y la “Cruz del Llanto”
En el campamento de Martos, Fernando ordenó la captura de los Carvajal. Los acusados proclamaron su inocencia, pero el monarca los condenó a muerte y, como castigo ejemplar, decidió lanzarlos desde la cumbre de la Peña de Martos dentro de una jaula de hierro con púas. El castigo, más que una sentencia, era una venganza.
El 7 de agosto de 1312 los hermanos fueron arrojados. Sus cuerpos, destrozados, quedaron en una explanada al pie de la roca. Los habitantes de Martos, consternados, los llevaron a la iglesia de Santa Marta, donde fueron enterrados. En el sitio donde la jaula cayó se erigió una cruz conocida como la Cruz del Llanto.
Últimos momentos de Fernando IV – José Casado del Alisal (1860)
El final del rey convocado
Tras el episodio, Fernando continuó su marcha hacia Alcaudete, pero pronto cayó enfermo nuevamente. Decidió refugiarse en Jaén para recuperarse. Cuando pareció mejorar y recibió la noticia de que su hermano había tomado la ciudad, se dispuso a partir después de la siesta. Nunca se levantó de la cama: murió el 7 de septiembre de 1312, justo un día después de que expirara el plazo que los Carvajal le habían impuesto para rendir cuentas ante la justicia divina.
Agradecimientos
Colaboración de Enrique Ros de History Notes.