Rivalidad imperial
Gran Bretaña y Alemania competían por colonias y recursos en África, Oriente Medio y Asia. Esa competencia desencadenó crisis diplomáticas, como la crisis de Fashoda (1898) y la crisis de Agadir (1911).
Carrera armamentista naval
Ante el rápido crecimiento de la marina alemana, Gran Bretaña inició una carrera naval en 1906. Para 1914, la Royal Navy superaba ampliamente a la alemana, lo que aumentó la desconfianza mutua.
Fin del aislamiento tradicional
Hasta finales del siglo XIX, Gran Bretaña había seguido una política de “aislamiento espléndido”. La amenaza alemana la obligó a estrechar lazos con Francia y Rusia, culminando en la Triple Entente (1907).
Competencia económica
Los dos países rivalizaban en sectores como la construcción naval, el acero y la industria química. Las tensiones se reflejaron en disputas comerciales, entre ellas la crisis arancelaria de 1903.
Persecución de ciudadanos británicos
El gobierno alemán incrementó la presión contra sus propios ciudadanos y discriminó a residentes y comerciantes británicos, lo que alimentó el resentimiento en Londres.
Todos estos factores combinados contribuyeron al deterioro de las relaciones anglo‑alemanas y sentaron las bases del conflicto que estallaría en la Primera Guerra Mundial.