Pacifismo: Un número significativo de estadounidenses se oponía a la guerra por motivos morales. Creían que la violencia nunca estaba justificada y que las disputas debían resolverse por medios pacíficos.
Intereses económicos: Estados Unidos tenía importantes vínculos económicos tanto con las potencias aliadas como con las potencias centrales. Los líderes empresariales y los inversores temían que tomar partido en la guerra dañaría estas relaciones y dañaría la economía estadounidense.
Falta de una amenaza clara: En los primeros años de la guerra, muchos estadounidenses no percibieron una amenaza inmediata a su propia nación. Consideraron el conflicto como un asunto europeo lejano que no afectaba directamente a sus intereses.
División política: Estados Unidos estaba dividido en su apoyo a las potencias aliadas y a las potencias centrales. Algunos políticos y figuras públicas estaban a favor de unirse a la guerra de un lado o del otro, mientras que otros abogaban por la neutralidad. Esta división política dificultó la construcción de un consenso para la intervención.