Respuesta
En la mayor parte de los estados europeos la autoridad recayía en la monarquía, ya fuera un rey o una reina.
El monarca ostentaba un poder casi absoluto: era jefe de Estado y de Gobierno, podía promulgar leyes, declarar la guerra, firmar tratados internacionales y nombrar a los altos funcionarios.
Además, ejercía el mando supremo de las fuerzas armadas, consolidando su posición como figura central del poder político.