La incorporación de Estados Unidos al conflicto en 1917 generó distintas opiniones entre los jefes de Estado y de gobierno europeos. Mientras algunos veían en el nuevo aliado una oportunidad para inclinar la balanza a favor de los Aliados, otros mantenían una postura más cautelosa, dudando de la capacidad estadounidense para influir decisivamente en la guerra.
Reacciones de los líderes europeos
David Lloyd George, Primer Ministro del Reino Unido: «La llegada de las tropas americanas al frente occidental supuso un punto de inflexión en la contienda».
Georges Clemenceau, Presidente del Consejo de Ministros de Francia: «Estados Unidos es un coloso en marcha, un gigante dormido que acaba de despertar».
Theobald von Bethmann‑Hollweg, Canciller de Alemania: «La entrada de EE. UU. en la guerra representa un golpe serio a nuestras esperanzas de victoria».
Conde Ottokar Czernin, Ministro de Relaciones Exteriores del Imperio Austrohúngaro: «Estados Unidos es un enemigo formidable; debemos buscar la paz con él cuanto antes».
Impacto global
En conjunto, la participación estadounidense aceleró el proceso que llevó a la derrota del Imperio Alemán y consolidó la victoria de los Aliados.