La dieta alemana del siglo XIX variaba según la región y la posición social, pero ciertos alimentos eran comunes en todo el país.
Alimentos básicos
Pan
El pan era el alimento esencial de todos los alemanes, independientemente de su clase social. Se elaboraba principalmente con harina de centeno o de trigo y se servía con mantequilla, queso o mermelada.
Patatas
Las patatas constituían otro pilar de la alimentación, sobre todo en las zonas más pobres. Se cocinaban hervidas, al puré, asadas o fritas y se acompañaban frecuentemente con carne o pescado.
Proteínas
Carnes
La carne era un lujo reservado para ocasiones especiales. Los tipos más habituales eran ternera, cerdo y pollo; también se consumía carne de caza, como venado y jabalí.
Pescado
En las regiones cercanas al mar o a los ríos, el pescado era parte importante de la dieta. Los más consumidos eran el bacalao, la arenque y el salmón.
Verduras y frutas
Verduras
Se cultivaban en huertos familiares y se consumían según la temporada. Entre las más comunes estaban el repollo, la zanahoria, el nabo, la cebolla y la remolacha.
Frutas
También se cosechaban frutas de temporada como manzanas, peras, ciruelas, cerezas y uvas.
Lácteos
Los productos lácteos —leche, queso y mantequilla— eran habituales en la mesa alemana. La leche se bebía con café o té, y el queso se usaba como acompañamiento del pan o en sopas y guisos.
Bebidas
Las bebidas más consumidas eran la cerveza, el vino y el aguardiente (schnapps). La cerveza era la preferida y a menudo se elaboraba en casa; el vino se servía con las comidas y el schnapps, un licor fuerte, también se destilaba artesanalmente.