Tras el fin de las Guerras Napoleónicas en 1815, Europa vivió una serie de conflictos que, aunque menos extensos que los anteriores, remodelaron el mapa político del continente y sentaron las bases de la Primera Guerra Mundial.
Guerra de Crimea (1853‑1856)
Enfrentó al Imperio ruso contra una coalición formada por el Imperio otomano, Francia, el Reino Unido y el Reino de Cerdeña. El objetivo principal fue el control de la península de Crimea y el acceso al Mar Negro.
Guerra austro‑prusiana (1866)
Combatió al Imperio austríaco contra el Reino de Prusia, fruto de la rivalidad por la supremacía dentro de la Confederación Germánica.
Guerra franco‑prusiana (1870‑1871)
Se desarrolló entre el Reino de Prusia y el Segundo Imperio Francés, desencadenada por la disputa sobre la sucesión al trono español. Concluyó con la unificación alemana.
Guerra ruso‑turca (1877‑1878)
Confrontó al Imperio ruso con el Imperio otomano, centrada en el control de los Balcanes y la protección de los cristianos ortodoxos.
Primera Guerra de los Balcanes (1912‑1913)
La Liga Balcánica (Serbia, Bulgaria, Grecia y Montenegro) atacó al Imperio otomano para apoderarse de los territorios restantes en la península balcánica.
Segunda Guerra de los Balcanes (1913)
Se desató entre los antiguos aliados de la Liga Balcánica, que se disputaban la repartición de los territorios conquistados en la guerra anterior.