El Parlamento de la Reforma
En 1529 el rey Enrique VIII convocó al Parlamento de la Reforma con el objetivo de conseguir apoyo para anular su matrimonio con Catalina de Aragón.
Este cuerpo legislativo aprobó una serie de normas, conocidas como los “Estatutos de la Reforma”, que limitaron la autoridad de la Iglesia católica en Inglaterra y otorgaron al monarca mayor control sobre los asuntos eclesiásticos.
La Ley de restricción de apelaciones (1533)
En 1533 se promulgó la Ley de restricción de apelaciones, que eliminó el derecho de los súbditos ingleses a recurrir a Roma en casos eclesiásticos.
Con ella, Enrique reforzó su poder y se consolidó como cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra.
La Ley de supremacía (1534)
El año siguiente, el Parlamento aprobó la Ley de supremacía, declarando a Enrique VIII como jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra.
Esta norma estableció formalmente la independencia de la Iglesia inglesa respecto a la Iglesia católica romana.
La Ley de traición (1534)
En el mismo año se aprobó la Ley de traición, que consideraba traición negar la supremacía del rey sobre la Iglesia.
La medida acalló cualquier oposición a las políticas religiosas de Enrique y consolidó su control sobre la Reforma.
La disolución de los monasterios
La ruptura con Roma también desencadenó la disolución de los monasterios ingleses.
El Parlamento aprobó leyes que confiscaron sus bienes y riquezas, distribuyéndolos entre los seguidores del rey.
Estas reformas legislativas transformaron el panorama religioso de Inglaterra, consolidaron la autoridad de Enrique VIII sobre la Iglesia y sentaron las bases de la Reforma inglesa.