Tras el colapso del Imperio romano, Europa encontró dos pilares fundamentales que garantizaban orden y cohesión social.
La Iglesia Católica
La Iglesia Católica se consolidó como una institución poderosa que ofreció guía espiritual y estabilidad social, convirtiéndose en el eje central de la vida cotidiana y política en los siglos posteriores.
El feudalismo
El feudalismo surgió como un sistema político y económico que estructuró la gobernanza y la protección, sustituyendo la autoridad centralizada del Imperio romano y creando una red de relaciones de lealtad entre señores y vasallos.