Historia antigua

El Siglo de las Luces: Francia y Europa

El Siglo de las Luces: Francia y Europa A menudo llamado Ilustración, el siglo XVIII estuvo marcado por el movimiento cultural del mismo nombre, que surgió en parte como reacción a los conflictos religiosos del siglo anterior. Los autores de la época usaban la expresión "Edad de la Ilustración" convencidos de que habían salido de una larga época de oscuridad e ignorancia para entrar en una nueva era iluminada por la razón, la ciencia y el respeto a la humanidad. Los filósofos de la Ilustración, racionalistas y humanistas, no eran demócratas; defendían el «despotismo ilustrado». En Francia, este movimiento se difundió a través de las obras de Montesquieu, Voltaire y Rousseau, y de la enciclopedia de Diderot y d'Alembert.

Europa en la Era de la Ilustración

En la década de 1730 y 1740, varias guerras dinásticas fragmentaron el continente, mientras Austria y luego Rusia empezaban a reconquistar territorios que habían caído en manos del Imperio Otomano. La "Guerra de los Siete Años" (1756‑1763) unió a Francia, Austria y Rusia contra Gran Bretaña y la entonces en expansión Prusia. Tras ceder la mayor parte de sus colonias a Inglaterra, Francia, que seguía siendo una potencia europea líder, apoyó a las colonias americanas en su guerra de independencia. En Europa del Este, Polonia se desmembró entre Rusia, Prusia y Austria, desapareciendo como Estado soberano en 1795.

El Siglo de las Luces: Francia y Europa La figura clave del ascenso prusiano fue su tercer rey, Federico el Grande (1740‑1786). Estratega militar talentoso, despertó tanto admiración por sus hazañas como odio por sus ambiciones desmesuradas. Apasionado por el arte, la música y la filosofía, Federico II fue el primer soberano europeo en defender la educación pública y la tolerancia religiosa universal. La mayoría de los monarcas europeos de la época gobernaban como absolutistas, defensores de la conformidad religiosa y protectores de los privilegios aristocráticos.

En casi todo el continente, la servidumbre seguía atando a los campesinos a la tierra, obstaculizando la innovación. En Francia, el Antiguo Régimen mantenía un orden social conservador, dominado por la monarquía y la Iglesia. A pesar de su prosperidad y expansión, la burguesía quedaba excluida del poder, cuyo pulso seguía latiendo en la corte de Versalles. Intelectuales brillantes, como el filósofo y ensayista Voltaire, atacaron la represión de la Iglesia católica y abogaron por reformas progresistas que abolieran la servidumbre y la tortura.

Atrévete a saber

En cuanto a ideas, el siglo XVIII se caracterizó por el auge del pensamiento racionalista, donde el espíritu científico primó sobre la reflexión metafísica: se buscaba descubrir las leyes que rigen la materia y las sociedades mediante observaciones libres de dogmas a priori. Esta nueva filosofía depositó su fe en la razón y en el progreso de la humanidad, y dio origen al movimiento enciclopedista encabezado por Diderot y d'Alembert (enciclopedia o diccionario de artes y ciencias). La obra colectiva pretendía liberarse del peso de la religión y de la censura política conservadora, y reflejaba la aparición de nuevas clases sociales en oposición a la aristocracia tradicional.

El Siglo de las Luces: Francia y Europa Más que un conjunto de ideas específicas, la Ilustración constituye una actitud, un método de pensamiento. Según Immanuel Kant, la consigna del siglo debía ser "¡Atrévete a saber!": el impulso de reexaminar y cuestionar todas las ideas y valores recibidos, explorando nuevas direcciones de forma permanente. Esta apertura deliberada a todos los campos del saber generó también inconsistencias y contradicciones en los escritos de los pensadores ilustrados, que a menudo se dedicaban a popularizar ideas mediante panfletos anónimos, artículos en revistas y periódicos recién creados.

Los límites de la crítica

Sin embargo, estos autores no fueron heraldos de la sociedad del siglo XIX ni "pre‑revolucionarios". Voltaire buscó la aceptación de la alta nobleza, soñó con el «despotismo ilustrado» y mostró actitudes antisemitas y racistas. Diderot y, aún más, Jean‑Jacques Rousseau, con su himno al hombre "natural" no corrompido por la sociedad moderna, pertenecen tanto a la sensibilidad pre‑romántica como al corriente científico modernista. Los fisiócratas se preocuparon principalmente por la agricultura y el comercio, sin interesarse por las nuevas técnicas productivas que, en Gran Bretaña, ya impulsaban la Revolución Industrial. Sólo Rousseau abordó de forma seria la desigualdad social; Condorcet, por su parte, propuso reformas "progresistas" que se aplicarían más tarde.

En última instancia, estos escritos revelan los límites del desarrollo del pensamiento surgido en círculos favorecidos por el auge económico del siglo, pero también por los trastornos sociales que ese auge provocó. El "siglo XVIII de la Ilustración" constituye la culminación de transformaciones propias de la "sociedad feudal‑mercantil"; sin embargo, de este caldo de ideas y reflexiones sobre las imperfecciones sociales emergieron los modos de pensamiento que dominarían el periodo revolucionario.

La Ilustración en Francia

Francia fue el epicentro del pensamiento ilustrado. El filósofo político y jurista Charles de Montesquieu fue uno de sus primeros representantes: tras varias obras satíricas sobre los retrocesos de la civilización occidental, publicó su estudio monumental De l'esprit des lois (1748).

El Siglo de las Luces: Francia y Europa François‑Marie Arouet, conocido como Voltaire (1694‑1778), es otro emblema de las luces. Uno de los mayores escritores franceses, dedicó su vida a denunciar la tiranía, la intolerancia y la injusticia. Su agudeza le valió varias estancias en la Bastilla y casi treinta años de exilio, parte de los cuales los pasó en Gran Bretaña, país que admiraba por su libertad de pensamiento. En la década de 1750 Federico II de Prusia le ofreció asilo en su palacio de Sanssouci, y Voltaire mantuvo correspondencia regular con Catalina II, emperatriz de Rusia.

Una fe inquebrantable en la dignidad del hombre, no como súbdito del rey sino como individuo, sustentó el pensamiento de los filósofos ilustrados. El éxito de la Revolución americana, apoyada por Francia, reforzó sus convicciones. En los escritos de Jean‑Jacques Rousseau esas ideas alcanzaron su máxima expresión; sus tratados políticos, sobre todo "El contrato social" (1762), subrayan la libertad individual y ayudaron a forjar el contexto intelectual que dio pie a los grandes debates de la Revolución. Además, la visión de Rousseau sobre la naturaleza preparó el terreno para el romanticismo del siglo XIX.

El movimiento ilustrado se distinguió por su carácter profundamente cosmopolita y antinacionalista. Pensadores como Immanuel Kant (Alemania), David Hume (Escocia), Cesare Beccaria (Italia) y Benjamin Franklin y Thomas Jefferson (colonias británicas en América) mantuvieron estrechos contactos con los filósofos franceses y colaboraron activamente en la difusión de las ideas.

El triunfo de las ideas ilustradas

Durante la primera mitad del siglo XVIII, varios líderes ilustrados fueron encarcelados por sus escritos y sufrieron censura gubernamental y ataques de la Iglesia. No obstante, las últimas décadas del siglo vieron el triunfo de esas ideas en Europa y América. En la década de 1770, los filósofos de segunda generación recibieron pensiones estatales y asumieron cargos en prestigiosas instituciones culturales.

El aumento dramático del número de revistas y libros garantizó una amplia difusión de sus ideas. Los experimentos científicos y los tratados filosóficos se volvieron de moda en diversos estratos sociales, incluso entre la nobleza y el clero. Algunos monarcas europeos adoptaron parte de los conceptos ilustrados o, al menos, su vocabulario. Voltaire y otros filósofos, entusiastas de la figura del "rey filósofo" que ilumina al pueblo desde arriba, recibieron con agrado la aparición de los llamados "déspotas ilustrados": Federico II de Prusia, Catalina la Grande de Rusia y José II de Austria.

El Siglo de las Luces: Francia y Europa Hacia finales del siglo XVIII, el pensamiento ilustrado experimentó cambios significativos. Bajo la influencia de Rousseau, el sentimiento y la emoción adquirieron el mismo respeto que la razón. En la década de 1770, los escritores ampliaron su crítica a cuestiones políticas y económicas. La Guerra de Independencia de los Estados Unidos (1776‑1783), en la que participó la Francia de Luis XVI, impactó profundamente el ánimo europeo. La Declaración de Independencia y la guerra revolucionaria representaron, por primera vez, la puesta en práctica de ideas "ilustradas" y alentaron movimientos políticos contra los regímenes establecidos en Europa.

La Edad de la Ilustración culminó con la Revolución Francesa de 1789. Sus fases violentas (1792‑1794) descreditaron temporalmente los ideales ilustrados, pero el período dejó un legado perdurable para los siglos XIX y XX: marcó el declive de la influencia eclesiástica, abrió paso al liberalismo político y económico y sentó las bases de los cambios democráticos en el mundo occidental del siglo XIX. Así, la Ilustración se presenta tanto como movimiento intelectual como periodo histórico definido por acontecimientos decisivos.

Bibliografía

– The Europe of Enlightenment, Pierre‑Yves Beaurepaire. 2004, PUF.

– The Age of Enlightenment, Alejo Carpentier. Folio, 1977.