La victoria sobre Napoleón en Waterloo el 18 de junio de 1815 abrió el camino a la supremacía mundial del Imperio británico. A partir de entonces, Gran Bretaña dirigió sus esfuerzos no a Europa, sino al resto del planeta. El proceso de construcción del imperio, iniciado en el siglo XVIII, se consolidó durante el XIX (hasta 1914) y contribuyó a la primera globalización. El poder británico se extendió a todos los continentes, uniendo bajo la corona hasta 1931 un conjunto de territorios muy diverso.
El Imperio colonial británico
Definir la extensión del Imperio británico durante el largo siglo XIX es un debate historiográfico constante. Para efectos de este artículo, consideraremos que el imperio incluía:
- Gran Bretaña (con Irlanda desde 1801)
- Los dominios (Canadá, Australia, Nueva Zelanda)
- India ("un imperio dentro de un imperio")
- Las colonias de la Corona (principalmente en Sudáfrica)
- Los protectores (Egipto, Malasia)
- Los condominios (Sudán a finales del siglo)
- Los mandatos posteriores a la Primera Guerra Mundial (Palestina)
- Sarawak como caso singular
Además, el llamado Imperio informal abarcaba influencias significativas en el Imperio otomano, Irak, partes de América Latina y China. En conjunto, el Imperio británico cubría casi todo el planeta a principios del siglo XX.
Los factores que sustentaron este poder fueron múltiples:
- Crecimiento demográfico: de 10,5 millones en 1801 a 37 millones en 1901.
- Supremacía militar y naval, base de la pax britannica.
- Control de 33 millones km² y 400 millones de habitantes en 1914, aunque el dominio no siempre era directo.
- Potencia industrial, comercial y financiera: mayor producción, comercio y crédito del mundo; PIB de más de 300 millones de libras en 1815 y producción de carbón que pasó de 11 Mt en 1800 a 225 Mt en 1900.
- Libras como principal moneda internacional.
- Ideología: el estilo de vida británico se promocionó como modelo moral (lucha contra la esclavitud, misiones) y político (modelo de Westminster, exportado a los dominios e India).
- Innovaciones técnicas: ferrocarriles, barcos de vapor, telégrafo y el Imperial Penny Post (1898), que facilitó la comunicación y la migración.
El símbolo de esta hegemonía fue la creación de los husos horarios a partir del meridiano de Greenwich en 1880.
Poder naval y militar británico
En el siglo XIX, la marina y el ejército fueron más decisivos para Gran Bretaña que para sus rivales franceses o alemanes. La Royal Navy, heredera de la India Navy de la Compañía de las Indias Orientales (hasta 1858), tenía como misión proteger la metrópolis y las rutas marítimas, ejercer influencia y disuasión, y realizar funciones científicas y técnicas. La Armada gozaba de gran popularidad.
El ejército defendía puertos, ciudades, fronteras imperiales y colonos, y mantenía el orden tanto en las colonias como en la metrópolis. Estaba compuesto mayormente por soldados reclutados entre las clases desfavorecidas (muchos irlandeses) y oficiales de la aristocracia.
Entre 1815 y 1840, el presupuesto militar se redujo drásticamente (de 45 M a 8 M de libras), mientras el imperio consolidaba bases estratégicas como Gibraltar, Singapur, Adén y Hong Kong. De 1840 a 1880, la política militar se reorganizó ante conflictos en China, la Guerra de Crimea y la amenaza napoleónica de Francia. Se desarrolló la política de los "gunboats" para abrir mercados.
Tras derrotas como Isandlwana (1879) y Maiwand (1880) y las guerras contra los bóeres, el Naval Defence Act de 1891 decretó que la flota británica debía ser superior a la suma de sus dos rivales principales.
Expansión británica en Asia
Si la imagen típica del Imperio británico evoca a la India, su influencia en Asia fue mucho más amplia y diversa.
Tras la Guerra de los Siete Años, el Tratado de París (1763) permitió a Gran Bretaña consolidar su presencia en el subcontinente indio. La herramienta principal fue la Compañía de las Indias Orientales (EIC), que, desde Calcuta, monopolizó el comercio. El India Act de 1784 reguló la relación entre el gobierno británico y la EIC.
India, la joya de la corona
La EIC expandió su dominio tras la caída de los mogoles y la Guerra Maratha (1817). En 1858, tras la rebelión de los sepoys de 1857, la compañía fue disuelta y la India pasó a ser gobernada directamente por un virrey bajo la corona. En 1876 la Reina Victoria se proclamó "Emperadora de la India".
Periferia de la India
El control británico fue más complicado en Afganistán y Birmania. En Afganistán, la desastrosa expedición del Paso de Khyber (1842) y la segunda guerra afgana (1878‑1881) fracasaron, aunque acuerdos con el emir en los años 1890 mitigaron la amenaza rusa. En Birmania, tras tres guerras (1824‑26, 1852, 1885) el territorio quedó bajo dominio británico y se incorporó al Imperio indio.
En el norte, la cuestión tibetana se mantuvo latente hasta el tratado de Lhasa (1904), que abrió el comercio británico.
Influencia británica en el sudeste asiático
Los británicos establecieron presencia en Malasia a partir de 1786, fundando Singapur en 1819 y adquiriendo Malaca en 1824. A lo largo del siglo XIX se anexaron Sarawak, Borneo y Brunei, y a principios del XX los últimos estados malayos y Siam aceptaron protectorado británico.
Relaciones con China
La Primera Guerra del Opio (1840‑42) obligó a China a ceder Hong Kong y abrir cinco puertos al comercio británico. Las rebeliones internas, como la Taiping (1850‑64), y las posteriores Guerras del Opio (1856‑60) reforzaron la presencia británica. A finales del siglo, Gran Bretaña se convirtió en el principal acreedor de China y estableció zonas de influencia costeras dentro del marco del "Gran Juego" con Rusia.
La "cuestión oriental" y el Oriente Medio
El Oriente Medio fue una pieza clave de la política británica entre 1815 y la Primera Guerra Mundial, especialmente dentro del "Gran Juego" con Rusia. La caída del Imperio otomano y la expansión rusa obligaron a Londres a intervenir en el Mediterráneo oriental, Egipto, la península arábiga y el Golfo Pérsico.
Intervenciones militares y diplomáticas
Tras la independencia de Grecia (1830) y el ascenso de Muhammad Ali en Egipto, Gran Bretaña capturó Aden (1839) y firmó el Tratado de Londres (1840) con Rusia para frenar la influencia egipcia. La Guerra de Crimea (1853‑56) reforzó la alianza con Francia y el Imperio otomano.
Egipto, la llave estratégica
El canal de Suez (inaugurado en 1869) y la compra de sus acciones en 1875 consolidaron el control británico. Tras la rebelión de Urabi (1882), Gran Bretaña ocupó Egipto y, aunque el protectorado se formalizó en 1914, el país se mantuvo bajo influencia británica hasta la independencia de 1922.
De Irak a Afganistán
Para proteger la ruta a la India, Gran Bretaña estableció protectorado sobre los emiratos del Golfo y firmó acuerdos con Kuwait (1899). Los intentos de controlar Afganistán culminaron en la derrota del Paso de Khyber (1842) y la derrota de Maiwand (1880), pero los acuerdos de los años 1890 aseguraron una zona tampón.
La Gran Guerra y Lawrence de Arabia
Durante la Primera Guerra Mundial, la campaña en Oriente Medio incluyó la desastrosa campaña de los Dardanelos (1915) y la exitosa ofensiva de Allenby en Palestina (1917‑18). El oficial T. E. Lawrence, conocido como Lawrence de Arabia, coordinó la revuelta árabe contra el Imperio otomano, facilitando la captura de Aqaba, Jerusalén y Damasco.
Sionismo y nacionalismo árabe
El movimiento sionista surgió a finales del siglo XIX y, tras la Primera Guerra Mundial, el Acuerdo Sykes‑Picot (1916) y la Declaración Balfour (1917) trazaron una visión británica de un Estado judío en Palestina bajo tutela internacional. Las tensiones entre judíos y árabes se intensificaron, sentando las bases del conflicto actual.
El Imperio británico en África
Si África fue menos central que la India o Canadá, a finales del siglo XIX se convirtió en una prioridad estratégica, sobre todo frente a la rivalidad con Francia.
Primeros contactos
Desde el siglo XVI, comerciantes británicos operaban en Gambia y Sierra Leona (fundada para esclavos liberados en 1787, colonia en 1808). La abolición de la esclavitud en 1833 sirvió de pretexto para intervenir en la región mediante la "British West African Squadron".
Resistencias
Los británicos enfrentaron la oposición de monarcas locales (por ejemplo, el rey Oba Kosoko de Lagos) y de pueblos como los zulúes, cuya derrota se logró tras la batalla de Isandlwana (1879) y la victoria en Ulundi (1879). En Sudán, la revuelta mahdí (1881‑88) culminó con la muerte de Charles Gordon y la posterior reconquista británico‑egipcia en 1899‑1902.
La guerra de los bóeres
El conflicto entre los colonos holandeses (bóeres) y el imperio se intensificó tras la anexión del Transvaal (1877). Tras la victoria bóer en Majuba (1881), las tensiones reaparecieron con la fiebre del oro y la política de Cecil Rhodes, desembocando en la guerra de los bóeres (1899‑1902). El tratado de Vereeniging (1902) concedió autonomía a los bóeres bajo soberanía británica.
El "Cape‑to‑Cairo" y la "Scramble for Africa"
Desde la década de 1880, Gran Bretaña estableció una zona de influencia que unía el Cabo de Buena Esperanza con El Cairo, apoyada por la Conferencia de Berlín (1884‑85). Se crearon protectorados y colonias en África occidental (Costa de Oro, Gambia), oriental (Uganda, Kenia), central (Sudán) y meridional (Botswana, Zimbabue, Zambia). En 1914, la unión de los territorios nigerianos marcó el fin de la expansión africana británica.
Potencia económica e industrial del Imperio
Durante el siglo XIX, el Imperio británico fue la primera potencia comercial mundial, impulsado por la Revolución Industrial (textil, ferrocarril, metalurgia). La exportación representó un cuarto de la producción británica al borde de la Primera Guerra Mundial. El comercio pasó del 10 % del PIB en 1820 al 50 % antes de 1914.
El libre‑cambio se institucionalizó con la derogación de las corn laws (1846) y la firma del tratado Cobden‑Chevallier con Francia (1860). La libra esterlina, respaldada por el patrón oro, consolidó a Londres como la principal plaza financiera mundial.
Bibliografía
P. Chassaigne, La Grande‑Bretagne et le monde de 1815 à nos jours, A. Colin, 2009.
J. Weber, Le siècle d'Albion : L'Empire britannique au XIXe siècle 1815‑1914. Indes savantes, 2011.
F. Bensimon, L'Empire britannique. « Que sais‑je ? » PUF 2014.