Historia antigua

Guerra Fría (1947‑1991)

Los inicios de la Guerra Fría

Mientras la Segunda Guerra Mundial aún no había concluido, los futuros vencedores ya debatían en 1943 el nuevo orden mundial y las zonas de influencia. En la Conferencia de Yalta (febrero de 1945) se trazaron los contornos del mundo posguerra: Alemania quedó dividida en cuatro zonas de ocupación (soviética, estadounidense, francesa y británica) y Berlín siguió el mismo esquema. En Europa del Este, a pesar de los compromisos de Stalin, los gobiernos elegidos fueron sustituidos gradualmente por regímenes pro‑soviéticos.

Guerra Fría (1947‑1991)El 5 de marzo de 1946, Winston Churchill pronunció en Fulton, EE. UU., su famoso discurso en el que utilizó la expresión “cortina de hierro”, convirtiéndose en símbolo del inicio de la Guerra Fría: «Desde Stettin en el Báltico hasta Trieste en el Adriático, una cortina de hierro ha descendido y está dividiendo el continente…».

Dos años después, en 1948, la URSS intentó aislar a Berlín Occidental, provocando el famoso puente aéreo que salvó a la ciudad del hambre. En 1949, Alemania se dividió en dos Estados y la Unión Soviética detonó su primera bomba atómica, igualando a EE. UU. en capacidad nuclear.

Para frenar la expansión soviética, EE. UU. lanzó el Plan Marshall y, bajo la Doctrina Truman, formó la OTAN en 1949 junto a Canadá y diez países europeos. En respuesta, la URSS creó el Pacto de Varsovia en 1955 tras la incorporación de la Alemania Occidental a la OTAN.

El equilibrio del terror

Estados Unidos y la URSS iniciaron una frenética carrera por desarrollar bombas termonucleares (de hidrógeno) y sistemas de misiles capaces de destruir la vida en la Tierra varias veces. Ambos incrementaron su arsenal nuclear para garantizar la destrucción mutua asegurada (MAD) y disuadir cualquier ataque nuclear.

Guerra Fría (1947‑1991)La Guerra de Corea (1950‑1953), desencadenada por la invasión norteña al sur, se convirtió en un conflicto local dentro del marco de la Guerra Fría, involucrando a EE. UU. y China, pero sin derivar en una Tercera Guerra Mundial gracias a la reticencia de ambas superpotencias a enfrentarse directamente.

Tras la muerte de Stalin y la llegada al poder de Nikita Khrushchev, los bloques adoptaron la política de “coexistencia pacífica”. En 1957 se creó la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) para vigilar el desarrollo y la proliferación nuclear.

Entre la Guerra Fría y la coexistencia pacífica

Durante la insurrección de Budapest (1956) quedó claro que EE. UU. no intervendría para liberar a los pueblos del Este. En la crisis de Suez, ambas superpotencias cooperaron para frenar la intervención franco‑británica‑israelí. El lanzamiento del Sputnik (1957) impulsó el diálogo entre las grandes potencias. En 1958 se abrió en Ginebra una conferencia sobre la prohibición de pruebas nucleares; el vicepresidente Nixon visitó Moscú y, en 1959, Khrushchev se reunió con Eisenhower en Camp David.

Guerra Fría (1947‑1991)La cumbre de París (1960) fracasó tras descubrirse que aviones estadounidenses espiaban territorio soviético. La construcción del Muro de Berlín (1961) pareció reavivar la Guerra Fría, pero en 1962 Khrushchev aceptó retirar misiles cubanos tras el ultimátum de Kennedy.

El enfrentamiento ideológico con China obligó a Moscú a buscar un acuerdo global con Occidente. El Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares en la Atmósfera (julio 1963) marcó el fin de una era, mientras que la política independiente de De Gaulle y el ascenso de China anunciaron la aparición de nuevos polos de poder.

Relajación y debilitamiento de los bloques

En agosto de 1963, EE. UU., Reino Unido y la URSS firmaron el Acuerdo de Moscú, prohibiendo pruebas nucleares en la atmósfera, bajo el mar y en el espacio. Francia y China, que se convirtieron en potencias nucleares en 1963 y 1964 respectivamente, no lo ratificaron, considerándolo una maniobra para mantener cerrado el “club atómico”.

El Tratado de No Proliferación Nuclear (1968) fue firmado por EE. UU., Reino Unido y la URSS, pero tampoco contó con la ratificación de Francia y China.

Al final de los años 60, ambos bloques iniciaron un proceso de distensión para reducir tensiones y promover la coexistencia pacífica. A pesar de la represión de la Primavera de Praga (1968), se alcanzaron los acuerdos SALT, que limitaban la carrera armamentista estratégica.

Guerra Fría (1947‑1991)La primera mitad de los 70 representó el apogeo de la distensión: normalización de relaciones entre Alemania Occidental y sus vecinos del Este, visitas de Nixon a Moscú (1972) y de Brezhnev a Washington (1973), y los Acuerdos de Helsinki (1975) que reconocían fronteras, derechos humanos y cooperación técnico‑científica.

Sin embargo, la distensión fue frágil; la expansión soviética a mediados de los 70 y la llegada de Ronald Reagan al poder en EE. UU. reavivaron las tensiones.

El final de la Guerra Fría

La carrera armamentista se reactivó: en 1977 la URSS instaló misiles en Europa del Este, y EE. UU. respondió con misiles europeos (crisis de los misiles Euromissiles). En 1979 la invasión soviética de Afganistán desencadenó una guerra prolongada, comparada con la de Vietnam para EE. UU.

En marzo de 1983, Reagan anunció la Iniciativa de Defensa Estratégica (“Star Wars”), que pretendía interceptar misiles balísticos antes de que alcanzaran territorio estadounidense o aliado, cuestionando el equilibrio del terror.

Con la llegada al poder de Mijaíl Gorbachov, la URSS buscó la reducción de armas nucleares, la liberalización política‑económica y la retirada de Afganistán. En diciembre de 1987, Reagan y Gorbachov firmaron el tratado INF, el primer acuerdo bilateral de desarme nuclear de alcance intermedio, iniciando una nueva fase de distensión.

Al final de 1989, los regímenes comunistas de Europa del Este colapsaron. La caída del Muro de Berlín abrió la frontera de Alemania Oriental; un año después, las dos Alemanias se reunificaron. En 1991 la URSS se disolvió, dando paso a la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

¿Un nuevo orden mundial?

Guerra Fría (1947‑1991)Tras la desaparición de la URSS, muchos estados recién independizados se vieron envueltos en conflictos étnicos y disputas fronterizas (Moldavia, Tayikistán, Kirguistán, Azerbaiyán, Georgia). Entre 1994 y 1996, Chechenia intentó separarse de la Federación Rusa, desatando una guerra devastadora.

En Europa del Este, la desintegración de Yugoslavia provocó la mayor carnicería del continente desde la Segunda Guerra Mundial. La guerra de Bosnia (1992‑1995) enfrentó a bosnios musulmanes, serbios y croatas, con genocidio y limpieza étnica perpetrados por fuerzas serbias.

El fin de la Guerra Fría permitió el desarme y la retirada de potencias en conflictos periféricos: el apoyo soviético a Etiopía cesó, permitiendo la independencia de Eritrea (1993); la economía cubana colapsó al perder la ayuda rusa; EE. UU. dejó de respaldar al régimen del apartheid, facilitando la elección del primer gobierno mayoritariamente negro en Sudáfrica (1994).

Con la caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS, el mundo dejó de ser bipolar y se volvió multipolar, dando paso a nuevas amenazas.

Un mundo multipolar e incierto

Guerra Fría (1947‑1991)El 11 de septiembre de 2001, EE. UU. sufrió el peor atentado terrorista de la historia: cuatro aviones secuestrados por Al‑Jihad impactaron contra el World Trade Center y el Pentágono, provocando la muerte de casi 3 000 personas. El terrorismo emergió como la nueva amenaza global.

El legado de la Guerra Fría sigue influyendo en la geopolítica actual: la expansión de la OTAN hacia el Este ha tensado las relaciones con Rusia, y el ascenso de China genera nuevas fricciones políticas y económicas en un mundo cada vez más multipolar e incierto.

Para profundizar

- La Guerra Fría: 1943‑1990, de Georges‑Henri Soutou. Plural, 2011.

- La Guerra Fría, de Catherine Durandin. Pocket PUF, 2019.

- Atlas de la Guerra Fría: un conflicto global y multifacético. Editions Otherwise, 2017.