La expresión "Roma Antigua" alude a la civilización que surgió en la península itálica y, con el tiempo, dominó todo el Mediterráneo, superando a Grecia y Cartago. Su historia comienza en la mitología, con Rómulo y termina con la caída de la República en el siglo I a.C.
Los reyes de Roma
Según la tradición, la primera ciudad se fundó en el Lacio bajo el mando del mítico Rómulo. Le siguieron los reyes legendarios Numa Pompilio, Tulo Hostilio y Anco Mártir, que, según Georges Dumézil, representan las funciones ejecutiva, religiosa, guerrera y productiva de la monarquía indoeuropea. La arqueología confirma la existencia de una comunidad agro‑pastoral en el siglo VIII a.C. y la influencia etrusca a partir del VII‑VI a.C., cuando aparecen los reyes etruscos Tarquinio el Viejo, Servio Tulio y Tarquinio el Soberbio.
Bajo Tarquinio el Soberbio se erigió la tríada divina (Júpiter, Juno y Minerva) en el Capitolio y Roma dominó el Lacio mediante la Liga Latina.
Fundación de la República
En 509 a.C. los nobles liderados por L. Junio Bruto expulsaron a Tarquinio el Soberbio y establecieron la República, basada en dos cónsules anuales y en el Senado patricio. El poder ejecutivo se dividió para evitar la tiranía; la función religiosa quedó a cargo de los pontífices. Los patricios controlaban la asamblea senatorial y los comitia curiados y centuriados.
Una sociedad dividida
El nuevo orden generó la pugna entre patricios y plebeyos. En 451‑450 a.C. se promulgó la Ley de las XII Tablas, que limitó el poder sacerdotal de los patricios y concedió derechos civiles a los plebeyos. En 471 a.C. se creó el tribuno de la plebe, con veto sobre el Senado. En 440 a.C. la lex Carnuleia declaró la igualdad legal entre ambas clases.
Los inicios de la expansión
Tras la consolidación institucional, Roma conquistó Veii (395 a.C.) y, tras el saqueo celta de 390 a.C., se enfrentó a los samnitas en tres guerras (343‑341, 327‑304, 298‑291 a.C.). Para vencer a los guerreros de montaña se desarrolló el sistema de la manípula, unidades de dos centurias que permitían luchar en terreno accidentado.
Roma contra Cartago
La Primera Guerra Púnica (264‑241 a.C.) surgió por la petición de los mamertinos sitiados por Cartago en Messina. Roma adaptó la guerra naval y, tras varias batallas, obligó a Cartago a ceder Sicilia, Cerdeña y Córcega y a pagar una indemnidad.
La Segunda Guerra Púnica
El resentimiento cartaginés dio lugar a la campaña de Aníbal, quien cruzó los Alpes y obtuvo victorias decisivas en Trebia, Trasimeno y Cannae (216 a.C.). La República, bajo Fabius Máximo y luego Scipión el Africano, recuperó la iniciativa. En 202 a.C. la batalla de Zama, con el apoyo de la caballería númida, derrotó a Aníbal y puso fin a la amenaza cartaginesa.
Supremacía romana en el Mediterráneo
Con Cartago sometida, Roma derrotó a Macedonia (Cynoscephala, 197 a.C.) y a los seléucidas (Apamea, 188 a.C.), convirtiéndose en árbitro del mundo helénico. En Oriente se aseguraron provincias como Asia y Cilicia.
Tensiones internas
En el siglo II a.C. los hermanos Graco impulsaron reformas agrarias que enfrentaron a los optimates y a los populares. Las revueltas de esclavos (esp. Espartaco, 71 a.C.) y la presión de los aliados italianos culminaron en la Guerra Social (91‑88 a.C.), que concedió la ciudadanía a todos los socii.
Los bárbaros del norte
A finales del siglo II a.C. los cimbrios y teutones cruzaron los Alpes, derrotando a Roma en Noreia (113 a.C.) y en el Bosque de Arausio (105 a.C.). Gaius Mario, como cónsul, les venció en Aquae Sextiae (102 a.C.) y en Vercelia (101 a.C.).
Reformas militares de Mario
Mario abrió el ejército a los proletarios, creando una legión profesional que servía al general y no al Estado, y simplificó el equipamiento (las "mulas de Mario"). Estas reformas sentaron las bases de la futura hegemonía militar romana.
El fin de la República
El siglo I a.C. estuvo marcado por alianzas y conflictos entre los grandes hombres: el primer triunvirato (César, Pompeyo y Craso), las guerras civiles de César contra el Senado y Pompeyo, y la dictadura de César (44 a.C.). Su asesinato desencadenó la lucha entre los herederos de su legado: Marco Antonio, Octavio y Lépido. Tras la victoria de Octavio en la batalla de Actium (31 a.C.) y la posterior muerte de Antonio y Cleopatra, el poder quedó en manos de Octavio, que, como Augusto, transformó la República en el Imperio.
Bibliografía
- Lucien Jerphagnon, "Histoire de la Rome antique", Pluriel, 2010.
- Jean‑Michel David, "La République romaine", Seuil, 2000.
- Marcel Le Glay, Yann Le Bohec, Jean‑Louis Voisin, "Histoire romaine", PUF, 2006.