Historia antigua

Los soldados españoles en Flandes: costumbres, cerveza y fiestas del Siglo XVI

Los soldados del Duque de Alba aparecen en los lienzos de Pieter Brueghel el Viejo, obras que combinan humor, crítica social y escenas bucólicas como La boda campesina (1568), Los proverbios flamencos (1559) y El vino de la fiesta de San Martín (c. 1565‑1568). Después de cruzar los Alpes, la Franche‑Comté y Lorena, veteranos españoles que habían participado en el asedio de Malta (1565) se adentraron en la Flandes de las kermesses y ommegangs, de los saraos y carnavales, donde la vida cotidiana se convertía en una batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma, tema recurrente en la pintura holandesa. Pronto los soldados adoptaron la visión local, participando en las celebraciones, casándose con mujeres flamencas y echando raíces en la región.

Flamencos y cerveza

Tras retirarse en Jaén, el capitán y sargento mayor Alonso Vázquez redactó una crónica que, además de batallas y asedios, describe los costumbres de los flamencos (habitantes de los Países Bajos) como gente honesta, industriosa y amante de la lectura, aunque a su juicio "sin la Inquisición se dejan llevar por lecturas heréticas". El capitán Diego de Villalobos y Benavides compartía esa visión, acusando a los locales de albergar tantas herejías como niños.

Vázquez señalaba como mayor vicio la propensión a la embriaguez. Comentaba que los flamencos bebían un vaso de vino blanco con el estómago vacío para "abrir entendimientos" y que fabricaban jarras de madera para dar cerveza o vino a los niños durante la lactancia.

Otros cronistas, como Pedro Cornejo, también se asombraron del amor flamenco por la cerveza, describiéndola como "agua cocida con ciertos materiales que embriaga con fuerza". Durante el sitio de Doullens (1595), soldados valones recibieron una bota de cerveza como recompensa; cuando una bala los alcanzó, Vázquez comentó que los supervivientes estaban más dolidos por perder su cerveza que por sus compañeros muertos.

Un paisaje inusual: diques, esclusas y dunas

El territorio neerlandés, bajo el nivel del mar, sorprendía a los soldados españoles. Describían los diques como "caminos hechos a mano con tierra, estacas y fajina" y las esclusas como "grandes puertas de madera que, con ingenioso arte, se levantan para contener o liberar el agua". Las fuertes corrientes y los vientos habían creado extensas dunas a lo largo de la costa.

Bernardino de Mendoza, militar y diplomático, detalló estos rasgos geográficos. En contraste, las colinas grisáceas de Luxemburgo, Namur, Hainaut y Lieja ofrecían el único relieve montañoso, famoso por los paisajes de Joachim Patinir, apreciados por Felipe II.

Las provincias del sur, más fértiles y boscosas, albergaban ciudades bulliciosas con catedrales, monasterios y palacios. Vázquez elogia la riqueza de las ciudades flamencas, aunque lamenta la falta de variedad de frutas y verduras que los españoles estaban acostumbrados.

Flandes, la tierra de la abundancia

Para los soldados, lejos de los fango y los diques, Flandes podía ser un paraíso. El clima frío mejoraba los vinos españoles, y también podían comprar aloque y clarete de los viñedos del Mosela. Vázquez describía la región como una especie de Coca‑ina (paraíso terrenal) donde abundaban los lujos.

Los flamencos introducían al soldado español a estufas, trineos y patines. Las casas privadas y algunos baños públicos disponían de estufas; los patines eran "hierros planos con punta" que permitían deslizarse sobre el hielo de los canales congelados, como muestra Hendrick Avercamp.

Los soldados disfrutaban de posadas limpias y económicas, y de los famosos burdeles de Amberes, donde se entregaban retratos al óleo de las prostitutas antes de la visita. Jóvenes mujeres flamencas, a menudo pobres, se trasladaban a las grandes ciudades para conseguir su dote.

Celebraciones y carnavales

En el verano de 1589, con Alejandro Farnesio enfermo, las tropas quedaron sin campaña. Los tercios organizaron fiestas en Lier y Malinas: banquetes, juegos, desfiles de caballeros vestidos de moros y hasta simulacros de asedios. Los soldados gastaban sus salarios y ahorros en ropas y adornos flamencos.

Los ommegangs (carnavales) de Amberes y Bruselas, así como el festival del loro en Gante, eran espectáculos de enormes carrozas –peces, elefantes, gigantes coronados– acompañados de milicias con sus banderas. En el festival del loro, una figura de loro de madera se elevaba en un mástil y los participantes la derribaban con mosquetes, celebrando con banquetes y brindis interminables.

Bodas flamencas

Los neerlandeses mostraron una hospitalidad notable. La película francesa La heroica kermesse (1935) refleja cómo la sospecha inicial de una pequeña ciudad ante la llegada de tropas españolas se transformó en cordialidad, aunque provocó polémicas en Bélgica.

Algunos oficiales del Tercios se casaron con mujeres flamencas y echó raíces en los Países Bajos. Destacan el coronel Cristóbal de Mondragón, casado con Guillemette de Chastelet, defensora del castillo de Gante; Francisco Verdugo, cuyo primer hijo nació de una burguesa de Haarlem; y el famoso caso legendario de Francisco de Valdés y Magdalena Moons, que supuestamente retrasó el asedio de Leiden.

En la autobiografía de Estebanillo González, soldado y bufón de la corte, se relata cómo un extranjero rico podía cortejar a cualquier mujer sin importar su origen, lo que llevó al dicho popular: "En Flandes sólo hay una cosa: Flandes".

Fuentes

  • González, E.; Suárez Figaredo, E. (ed.) (2009): The life and facts of Estebanillo González, a man of good humor composed by himself, Lemir: Journal of Medieval and Renaissance Spanish Literature, 13, pp. 389‑632.
  • Mendoza, B. de (1592): Comentarios de don Bernardino de Mendoza sobre lo ocurrido en las guerras de los Países Bajos: de 1567 a 1577. Madrid: Pedro Madrigal.
  • Vázquez, A. (1879‑1880): Los hechos de Flandes y Francia en tiempos de Alejandro Farnesio, Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, vol. 72‑74. Madrid: Miguel Ginesta.
  • Villalobos y Benavides, D. de (1876): Comentarios sobre lo ocurrido en los Países Bajos de Flandes de 1594 a 1598. Madrid: Librería de los Bibliófilos.

Bibliografía

  • Collard, P.; Ubarri, N.; Rodríguez Pérez, Y. (eds.) (2009): Encuentros de ayer y reuniones de hoy: Flandes, los Países Bajos y el mundo hispánico en los siglos XVI‑XVII. Gante: Asociación de Hispanistas del Benelux.
  • Thomas, W.; Verdonk, R. A. (eds.) (2000): Encuentros en Flandes: relaciones hispano‑flamencas y intercambios a comienzos de la Edad Moderna. Lovaina: Leuven University Press.