Lo que al principio parecía una campaña meramente militar resultó extremadamente compleja por la dificultad orográfica de la cordillera del Rif y la belicosidad de sus tribus. Desde el ataque del 9 de julio de 1909 contra trabajadores españoles cerca de Melilla, se desencadenó un conflicto que alcanzó su punto álgido con la catástrofe de Annual en 1921, generando un intenso debate sobre la presencia española en Marruecos.
Cuando el teniente general Miguel Primo de Rivera instauró su dictadura tras el golpe de Estado del 13 de septiembre de 1923, su primera medida respecto a Marruecos fue intentar negociar con el caudillo rifí Abd el‑Krim, responsable de la derrota de Annual. Primo de Rivera, más afín a la élite conservadora que a los militares africanistas, buscaba abandonar el protectorado sin perder la posición internacional de España en el Mediterráneo.
Al no aceptar Abd el‑Krim una solución distinta a la independencia total, el dictador decidió, a principios de 1924, retirar el ejército español de la zona occidental, abandonando la ciudad de Xauen y la región de Yebala y estableciendo la llamada Línea de Estella. Con esta maniobra se pretendían proteger el puerto de Río Martín, conservar la posición de los Gorgues, mantener las comunicaciones entre Tetuán, Larache y Tánger y controlar la vía férrea Tánger‑Fez.
Esta política “abandonista” buscaba preservar los intereses internacionales de España, pero provocó cientos de bajas y tensiones con el sector africanista del ejército. La situación cambió radicalmente el 13 de abril de 1925, cuando Abd el‑Krim atacó la zona francesa del protectorado, intentando ampliar su territorio y reforzar su prestigio.
El plan de Alhucemas
El avance de 40.000 rifíes sobrepasó las defensas francesas en el río Uarga y obligó al mariscal Louis Hubert Gonzalve Lyautey a colaborar con España. Las negociaciones conjuntas iniciadas el 17 de junio de 1925 en Madrid llevaron a la decisión de desembarcar en la bahía de Alhucemas, considerada la cuna de la rebelión rifí. El objetivo era cortar el apoyo de Abd el‑Krim y evitar que utilizara la zona como palanca diplomática.
El general Alberto Castro Girona, al frente de la delegación española, eligió el desembarco como la única forma de terminar la rebelión. A pesar de la resistencia de algunos sectores franceses, la visita del 28 de junio entre Primo de Rivera y el mariscal Philippe Pétain selló el acuerdo que prohibía a ambas partes pactar una paz separada con Abd el‑Krim.
La defensa de Kudia Tahar
La capital del protectorado, Tetuán, estaba protegida por una línea de fortificaciones que se extendía desde la desembocadura del río Martín hasta los macizos de Beni Hozmar. Entre los puestos más avanzados se encontraban los Gorgues y Kudia Tahar, enlazados por los fuertes de Tazarines, Hafa el Ma y Nator.
Abd el‑Krim eligió Kudia Tahar como punto de partida de una ofensiva destinada a desbaratar el plan de desembarco en Alhucemas. Las fuentes difieren sobre el objetivo exacto: el general Manuel Goded Llopis cree que pretendía romper la línea de Tazarines y Nator para descender al valle del río Martín, mientras que el general Federico de Souza y Regoyos afirma que buscaba aislar Ben Carrich de Tetuán.
Para ejecutar el ataque, el líder rifí ordenó primero la infiltración de pequeñas unidades en los desfiladeros entre Kudia Tahar y Tetuán, y después formó una harqa de 4.000 hombres con nueve piezas de artillería de 75 y 105 mm bajo el mando del shaikh Jeriro.
El asalto del 3 de septiembre
Kudia Tahar era una posición cuadrangular con un parapeto débil y una guarnición de 130 hombres comandada por el capitán de infantería José Gómez Zaracíbar. La guarnición incluía una compañía del 5.º Regimiento de Infantería, un destacamento de artillería bajo el teniente Ángel Mejón y operadores de heliografía.
El ataque comenzó a las 5:40 a.m. con un intenso bombardeo de granadas de 75 y 105 mm que destruyó gran parte de la defensa española y desactivó tres de las cuatro piezas de artillería. El teniente Mejón, el sargento González y nueve cañoneros murieron en el primer asalto; la cuarta pieza, operada por los soldados Mariano de la Iglesia y Laureano Iglesias, siguió disparando hasta que el propio de la Iglesia resultó herido. En la infantería fallecieron seis soldados y el teniente Carlos Ocasar Blanco.
Las operaciones de socorro
Tras el bombardeo, se organizaron varios grupos de relevo. Desde Ben Karrich se envió una fuerza bajo el mando del comandante Manuel González Salom, compuesta por dos compañías del Batallón de Cazadores de África n.º 6 y una sección de artillería liderada por el teniente Joaquín Fuentes Pila. La unidad sufrió fuertes emboscadas en los caminos y sólo logró entrar en la posición un reducido número de hombres.
El teniente de ingenieros Ángel Sevillano Cousillas recibió la orden de reparar el parapeto; de los 40 hombres que partieron, apenas 26 llegaron. Un destacamento de intendencia bajo el teniente Francisco García Almenta también ingresó en la zona.
El 4 de septiembre la artillería de Fuentes Pila volvió a disparar, pero el teniente fue asesinado por una granada y la pieza quedó inutilizada. Los defensores, reducidos a 48 hombres, sólo pudieron responder con fuego de rifle mientras la artillería enemiga destruía los tambores de agua.
El deterioro de la defensa
El 5 de septiembre el capitán Gómez Zaracíbar cayó muerto; el teniente Sevillano, a pesar de estar herido, tomó el mando de una posición ya arrasada por la artillería rifí. El sargento Mariano Ascoz Cabañero mantuvo a 21 hombres en los bloqueos y, al anochecer, un harqa bajo el teniente Bartolomé Muntané Cirici logró cruzar las líneas enemigas y llevar víveres y agua.
El 6 de septiembre la situación se volvió insostenible: escasez de alimentos, falta total de agua y ausencia de medicinas. Sevillano solicitó ayuda mediante heliografía; la única respuesta fue el envío de hielo lanzado desde aviones, una hazaña del teniente aviador Antonio Nombela Tomásich. Sin embargo, la ayuda resultó insuficiente y los defensores, agotados, recibieron amenazas de rendición por parte de los rifíes, que nunca aceptaron.
El gran relevo y la liberación
El 9 de septiembre una nueva operación encabezada por el teniente coronel Eliseo Álvarez‑Arenas fracasó al no alcanzar Dar Gazi. Ante este revés, Primo de Rivera ordenó un potente relevo compuesto por tres columnas: una de unidades de élite preparadas para el desembarco de Alhucemas bajo el teniente coronel Amado Balmes, y dos columnas bajo el mando del coronel Joaquín Perteguer y del general Souza Regoyos.
El 11 de septiembre se inició la ofensiva, pero el terreno dificultó el cumplimiento de los objetivos. El 12 de septiembre, después de una breve operación, se tomó el entorno de Dar Gazi y, a las 16:00 h, se lanzó el ataque final. Tras una cruenta lucha, los soldados del Tercio, liderados por los oficiales Francisco García Escámez, Miguel Rodrigo Martín y José Martínez Anglada, tomaron el pueblo con cuchillos y granadas, causando 125 bajas enemigas.
El 13 de septiembre, tras la conquista de Assadan y la recuperación de la línea de Nator, Kudia Tahar quedó liberada y el sitio quedó bajo control español.
Conclusión
La defensa de Kudia Tahar fue decisiva por tres motivos: (1) supuso la primera derrota importante de Abd el‑Krim, deslegitimándolo en la zona de Yebala; (2) demostró la capacidad de combate del soldado español cuando estaba bien posicionado y abastecido; (3) sirvió como preludio del éxito del desembarco de Alhucemas, marcando el fin de la serie de reveses que España había sufrido desde 1921.
Primo de Rivera premió generosamente a los héroes de la acción, otorgando medallas de Bronce a nueve oficiales y ofreciendo a los sobrevivientes un cigarro y 125 pesetas como reconocimiento.
Bibliografía
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