Historia antigua

El cetro, el mundo, el anillo y la espada: la coronación imperial de Carlos V en Aquisgrán (1520)

El cetro, el mundo, el anillo y la espada: la coronación imperial de Carlos V en Aquisgrán (1520)

A poco más de siete siglos de la coronación de Carlomagno, Aquisgrán volvió a ser el escenario elegido por el todavía Carlos I de España, monarca de la confederación de reinos hispánicos y de un imperio que abarcaba desde Nápoles hasta Cuba, para recibir la corona de Rey de los Romanos. Ese título, instituido por los emperadores germánicos en la alta Edad Media para legitimar al heredero del trono imperial, necesitaba la ratificación papal para que el monarca pudiera ejercer plenamente su autoridad.

La ratificación papal no era un mero formalismo: sin la bendición del pontífice, el emperador no podía siquiera proponer un sucesor y su posición ante la cámara de electores quedaba debilitada. Los electores —arzobispos de Colonia, Tréveris y Maguncia, rey de Bohemia, conde palatino, duque de Sajonia y margrave de Brandeburgo— eran los que tenían el poder de elegir al nuevo rey de los Romanos.

Cuando Maximiliano I de Habsburgo falleció en 1519, su nieto Carlos de Austria (también señor de los Estados de Borgoña) se vio envuelto en una carrera por la corona contra Francisco I de Francia, quien había consolidado su dominio sobre Milán tras la victoria de Marignano (1515). Si Carlos perdía, la dinastía Habsburgo, que llevaba controlando la sucesión imperial desde 1438, se vería interrumpida; si ganaba, Francia quedaría rodeada por territorios Habsburgo, creando una especie de cerco político.

El triunfo de Carlos no se debió únicamente a su linaje. Los Habsburgo contaban con dos poderosas armas financieras: los bancos alemanes Welser y Fugger, que financiaron la campaña electoral. El 6 de julio de 1520, desde Barcelona, Carlos recibió la noticia de que había sido proclamado Rey de los Romanos, es decir, emperador electo.

Antes de asumir la corona, debía resolver asuntos internos en Castilla: convocó las Cortes en Galicia, supervisó la salida de la flota de La Coruña y sofocó el descontento que más tarde desembocaría en las Comunidades de Castilla. Sin embargo, la agenda internacional ya lo obligaba a actuar con rapidez.

Tras desembarcar en Dover, Carlos fue recibido por Enrique VIII, con quien había firmado un preacuerdo. Los diálogos en Canterbury consolidaron una alianza anglo‑francesa‑habsburgo que, aunque breve, reforzó la posición del futuro emperador.

Preparativos para la coronación

Con una relativa estabilidad internacional, Carlos organizó su coronación. Reunió a los Estados Generales para obtener fondos, celebró la audiencia con Enrique VIII y, al concluir la sesión en Bruselas, partió hacia el corazón del Sacro Imperio, rumbo a Aquisgrán. Una amenaza de peste en la región obligó a considerar otras ciudades (Maguncia, Colonia, Tréveris, etc.), pero el monarca mantuvo su decisión: ser coronado en la capital de Carlomagno.

El 22 de octubre de 1520, tras controlar la epidemia, Carlos ingresó a Aquisgrán a caballo, escoltado por una guardia de tres mil infantes y acompañado por príncipes laicos y eclesiásticos. La procesión culminó en la catedral, donde se escuchó un solemne Te Deum laudamus y el emperador confirmó los privilegios de los electores.

Ceremonia coronatoria

Al día siguiente, el 23 de octubre, la catedral se llenó de dignatarios. Los arzobispos de Maguncia y Tréveris acompañaron al monarca hasta el altar mayor, donde el arzobispo de Colonia ofició la misa pontifical. En el ritual tradicional, se le preguntó si defendería la Iglesia, la justicia y los desamparados; Carlos respondió afirmativamente con un rotundo "Volo".

Tras tres aclamos de "¡Fiat!", el emperador fue consagrado con los aceites sagrados y recibió los símbolos del poder imperial: el cetro, el orbe, el anillo y la espada. El prelado proclamó "Ungo te regem oleo sanctificato" mientras resonaba la antífona "Unxerunt Salmonem...". La ceremonia concluyó con el grito triunfal "¡Viva, viva el Rey eternamente!".

Aunque la ratificación papal aún estaba pendiente, ningún electorado puso en duda la dignidad imperial de Carlos V. Cinco años después, en la ceremonia de Bolonia (22‑24 de febrero de 1530), sería el último emperador coronado tanto por los príncipes electores como por el Papa, marcando el fin de una tradición medieval.

Conclusión

La coronación de Carlos V en Aquisgrán simboliza el tránsito de la Edad Media al Renacimiento: combina el ritual caballeresco medieval, la devoción religiosa moderna y la configuración de una de las grandes potencias del siglo XVI. Carlos, nacido en la época de los últimos burgueses medievales, se convirtió en una figura que encarna dos mundos, a la vez heredero y transformador.

Notas

(1) En 1520 los contactos españoles con la "Terra Firme" americana eran esporádicos; Hernán Cortés aún no había consolidado la integración de la Nueva España en la monarquía.

(2) Los "Estados de Borgoña" comprendían el Condado de Borgoña y provincias flamencas como Flandes, Artois, Henao y Luxemburgo.

(3) Los Welser y los Fugger financiaron la candidatura de Carlos; su apoyo estuvo motivado tanto por intereses económicos como por propaganda anti‑francesa.

(4) Fuentes: Manuel Fernández Álvarez, Carlos V: César y Hombre, Madrid, Espasa Fórum, 1999; Louis‑Prosper Gachard, Carlos V, Pamplona, Urgoiti Editores, 2015.

Bibliografía básica

  • Johan Huizinga, El otoño de la Edad Media, Madrid, Alianza Editorial, 2016.
  • John Lynch, España bajo los Habsburgo (I), Barcelona, Ediciones Península, 1975.
  • John Lynch, Monarquía y Imperio: el reinado de Carlos V, Madrid, El País, Colección Historia de España, 2007.

Bibliografía específica

  • Manuel Fernández Álvarez, Carlos V: el César y el Hombre, Madrid, Espasa Fórum, 1999.
  • Manuel Fernández Álvarez, Carlos V. Un hombre para Europa, Barcelona, Austral, 2010.
  • Louis‑Prosper Gachard, Carlos V, Pamplona, Urgoiti Editores, 2015.

Este artículo forma parte del II Concurso Deserta Ferro de Microensayo y Microrelato, categoría microensayo. La veracidad y originalidad del contenido son responsabilidad exclusiva del autor.