Aunque se conocen pocos detalles de su vida, Charieto ilustra perfectamente el modo de vida de muchos fronterizos del siglo IV, atrapados entre el mundo bárbaro y el romano. No sabemos la fecha de su nacimiento, aunque su origen germánico es indudable; los autores lo describen como un hombre de gran estatura y gran valor (3). Probablemente se alistó en el ejército romano a finales de la década de 340 y formó parte de las tropas que respaldaron el asesinato del emperador Constante el 18 de enero de 350 en la Galia, un golpe de Estado orquestado por el tesorero de Constante, Marcelino, que llevó al comandante de la guardia imperial Magnencio a usurpar el trono (4).
Tras el breve reinado del usurpador, que desapareció en 353 tras la desastrosa batalla de Mursa (351), Charieto decidió asentarse con otros germanos en Augusta Treverorum, la actual Tréveris, probablemente ya retirado del servicio activo. La situación en la provincia era crítica: francos y alamanes intensificaban sus incursiones en la ribera occidental del Rin, provocando el colapso de gran parte del sistema defensivo romano. En ese contexto, nuestro protagonista empezó a atacar a los saqueadores nocturnamente para apropiarse de sus botines (5). Aunque las fuentes no lo explicitan, es probable que también extorsionara a los habitantes galos, ya sea directamente o a cambio de protección.
Después de la batalla de Estrasburgo (357) y cuando el César Juliano llegó a Tréveris, Charieto ya contaba con un número importante de seguidores, atraídos por la posibilidad de obtener botín. Durante sus campañas anteriores, Juliano había constatado la dificultad de enfrentar a los ladrones germanos, por lo que decidió reclutar a Charieto para combatirlos, asignándole también a los francos salios la tarea de devastar el territorio de los cuados más allá del Rin. Charieto y este nuevo grupo continuaron realizando ataques nocturnos, llegando a capturar al hijo de uno de los reyes cuados y a firmar una paz con ellos.
En el año 358 se llevaron a cabo una serie de operaciones en la desembocadura del Rin para someter a los últimos grupos hostiles, atacando el territorio del rey germánico Hortario, que había combatido a Juliano en Estrasburgo. En esa campaña Charieto actuó junto a Nestica, tribuno de los escuderos (tribunus Scutariorum), una unidad de la guardia imperial también de origen germánico (6). Según Ammiano Marcelino, los soldados romanos quemaban campos, robaban ganado y asesinaban a los habitantes más allá del Rin.
Del limes romano a la Persia sasánida
Tras estas campañas en la frontera del Rin perdemos el rastro de nuestro protagonista, por lo que es poco probable que haya acompañado a Juliano en su expedición contra la Persia sasánida, aunque el emperador sí estuvo rodeado de generales germánicos como Flavio Nevita, Dagalaifo o el sármata Víctor. Sin embargo, Charieto no permaneció inactivo mucho tiempo; volvemos a saber de él en 365, siete años después y tras la muerte de los emperadores Juliano y Joviano. En ese momento ya ostentaba el ostentoso título de comes per utramque Germaniam (conde de ambas Germanias), título del que no existe otra referencia (7).
En enero de 365 los alamanes, recuperados de las duras campañas de Juliano, volvieron a penetrar la ribera romana del Rin y a saquear nuevas zonas de la Galia en pleno invierno. Charieto reunió a las tropas romanas de la zona, junto al conde Severiano, descrito como débil y anciano (invalido et longaevo) (8), y a las legiones palatinas Divitenses y Tongrecani, dos unidades de alto rango provenientes de Italia, cuyo nombre también podría tener origen germánico (9).
Una vez concentradas, se construyó un puente sobre uno de los afluentes del Ródano, lo que muestra hasta dónde habían llegado los invasores. Los alamanes se dividieron en tres grandes grupos y los condes romanos decidieron avanzar en formación compacta contra el primero. Las fuerzas romanas avistaron a los germanos cerca de la localidad de Cabillona, actual Châlons-sur‑Saône, y comenzaron el combate con el intercambio tradicional de proyectiles. No disponemos de datos precisos sobre la composición de los dos ejércitos ni de un relato detallado, pero por las escasas menciones se deduce que, a diferencia de Estrasburgo (357) donde la caballería fue decisiva, aquí predominó la infantería, con una mínima presencia de caballeros en ambos bandos (10).
El choque cuerpo a cuerpo fue breve; los romanos fueron repelidos por la intensa hostilidad de los alamanes, que durante la contienda mataron al conde Severiano arrojándolo de su caballo y se apoderaron de los estandartes de los Batavi y los Heruli. Estas dos unidades auxiliares palatinas, de élite dentro del ejército, ya habían luchado contra los alamanes en Estrasburgo, destacándose los Batavi en esa batalla. Cuando la brecha se abrió en el centro de la formación romana, Charieto se lanzó al combate para intentar detener la desbandada, pero cayó muerto en la lucha. La batalla de Cabillona resultó una derrota muy pesada para Roma, que no logró restablecer la paz en la Galia hasta principios de 366, cuando Joviano venció a las divisiones alamanesas en tres batallas sucesivas (11).
La vida de Charieto terminó tras años de servicio, dejando, según algunas fuentes, a un hijo del mismo nombre que alcanzó el rango de magister militum en la Galia alrededor del 389 (12). Su trayectoria ilustra cómo vivían los fronterizos, personas para quienes las categorías rígidas de «bárbaro» o «romano» no tenían mucho sentido. Estos individuos tuvieron que sortear una serie de vicisitudes sociales, económicas, militares y políticas extremadamente complejas; en apenas quince años de carrera militar sirvieron bajo el mando de cinco emperadores y, al menos, un usurpador. Sus soluciones, a menudo poco convencionales o incluso extremas, constituyen un testimonio indeleble que impide analizar esas zonas y sus habitantes bajo una visión maniquea.
Notas
(1) CYL III, 3576.
(2) PLRE I, p. 200.
(3) Zósimo, New Story, III.7.1.
(4) Libanio, Oraciones, XVIII.104.
(5) Zósimo, New Story, III.7.2‑3.
(6) Ammiano Marcelino, Res Gestae, XVII.10.5.
(7) Ibid., XXVII.1.2.
(8) Ibid., XXVII.1.2‑3.
(9) Notitia Dignitatum Occ. V.
(10) Fuente principal: Ammiano Marcelino, Res Gestae XXVII.1.4‑6.
(11) Ibid., XXVII.2.
(12) PLRE I, p. 200.
Bibliografía
- Amiano Marcelino, Res Gestae, ed. María Luisa Harto Trujillo. Madrid: Akal, 2002.
- Martindale, J.R., Prosopography of the Later Roman Empire. Cambridge: Cambridge University Press, 1971.
- Notitia Dignitatum. En Concepción Neira Faleiro, 2006. La Notitia Dignitatum: nueva edición crítica y comentario histórico. Madrid: CSIC.
- Zósimo, New Story, ed. José María Candau Morón. Madrid: Editorial Gredos, 1992.