En la imaginación colectiva española se suele considerar que la Batalla de Villalar, ocurrida el 23 de abril de 1521, marcó el final de la Guerra de las Comunidades. Sin embargo, los combates entre realistas y comuneros continuaron, y una de las figuras más tenaces fue la esposa del líder comunero Juan de Padilla: María Pacheco, quien encabezó la resistencia en Toledo.
María Pacheco antes de la guerra
María López de Mendoza y Pacheco nació en Granada alrededor de 1495‑1496, hija de Íñigo López de Mendoza y Quiñones, primer marqués de Mondéjar y segundo conde de Tendilla, y de Francisca Pacheco, nieta del primer marqués de Villena. Su linaje pertenecía a la nobleza más alta de Castilla, aunque históricamente se la conoce por el apellido materno, Pacheco.
Recibió una educación humanista completa: dominaba el latín y el griego, y se formó en matemáticas, literatura, historia y las Sagradas Escrituras. En 1515 contrajo matrimonio con Juan de Padilla, un noble toledano de rango inferior, alianza que su padre buscaba para estrechar lazos entre las familias Mendoza y Padilla.
Tras la muerte de su padre y del tío de Juan (comandante de la Orden de Calatrava), la pareja se trasladó a Toledo en 1517‑1518, ciudad donde ambos centrarían sus esfuerzos políticos y militares.
El contexto de Carlos I
Desde 1517 la situación en Castilla era convulsa: el príncipe Carlos de Gante, menor de edad, había accedido al trono mientras la reina Juana seguía viva. Las políticas del monarca flamenco, que sustituyó a los altos funcionarios castellanos por flamencos, provocaron el descontento de la nobleza toledana. La designación del flamenco Guillermo de Croÿ como arzobispo de Toledo fue la gota que colmó el vaso.
María, su esposo y gran parte de la población toledana reaccionaron con indignación, convirtiéndose en símbolos de la facción comunera. Humanistas como Luis Vives y Pedro Mártir de Anglería describieron a María como la verdadera fuerza detrás de la rebelión.
La Guerra de las Comunidades
En 1520 estalló la revuelta. Tras las Cortes de Santiago, el 16 de abril los toledanos se rebelaron contra el corregidor y proclamaron la independencia de la ciudad. Juan de Padilla fue nombrado capitán general de la Santa Junta de Ávila, mientras María administraba la Comunidad de Toledo.
La coalición comunera obtuvo victorias importantes, como el asedio de Torrelobatón, pero la derrota decisiva llegó el 23 de abril de 1521 en la batalla de Villalar, donde Juan de Padilla fue capturado y ejecutado.
Resistencia tras Villalar
Aunque la comunidad había caído, María Pacheco no se rindió. Nombró sus propios capitanes, organizó la defensa con artillería y financió el sostenimiento de la ciudad. Participó activamente en los combates y, cuando surgieron disputas entre los partidarios de la resistencia y los que abogaban por la rendición, su autoridad mantuvo la cohesión, como relata el cronista Pedro de Alcocer.
El 25 de octubre de 1521 se firmó el llamado armisticio de Sisla**, que permitió una rendición bajo condiciones aceptables. Sin embargo, el 3 de febrero de 1522 estalló la efímera revuelta de San Blas; la popularidad de María entre los toledanos le valió una sentencia de muerte, que logró eludir escapando a Portugal con un grupo de fieles.
En Portugal, su negativa a renunciar a la causa comunera la excluyó del perdón general otorgado por Carlos I. María Pacheco murió en Oporto en 1531, sin poder descansar junto a su esposo en Villalar, tal como había deseado. Su hermano menor, el poeta y cronista Diego Hurtado de Mendoza, le compuso un epígrafe que concluye: “España dirá mi calidad / Que España nunca niega la verdad”.