Historia antigua

Arquelao y la construcción del estado macedonio

Arquelao y la construcción del estado macedonio

El desastre en Sicilia sacudió los cimientos ya debilitados de la hegemonía ateniense, cuyo esplendor se desvanecía a medida que avanzaba la Guerra del Peloponeso. La debacle de Alcibíades y sus compañeros no fue simplemente una derrota más en un conflicto agotador, sino un punto de inflexión definitivo en las relaciones del mundo helénico. Bajo las aguas de la isla mediterránea, murieron miles de atenienses y gran parte de su flota, el activo estratégico que sustentaba el poder de la polis en su apogeo. La catástrofe dejó a Atenas tan paralizada que su influencia en los territorios vecinos decayó de inmediato[1]. Como bien señala Tucídides, las consecuencias fueron profundas:

El temblor del terremoto de 413 a.C. se sintió a varios kilómetros al noreste, en la región de Macedonia. Las frías huellas de dos inscripciones nos ofrecen una ventana histórica para comprender el cambio de paradigma. Son dos decretos atenienses. El primero, fechado alrededor de 415 a.C., está dirigido a Perdiccas II y, con el tono altivo propio de los años de mayor orgullo de la Liga de Delos, le prohíbe exportar remos a cualquier ciudad que no sea la capital de Ática. El segundo, datado en 407/6 a.C., nombra a Arquelao como proxeno y evergetes por proporcionar a los atenienses la madera y los astilleros necesarios para reconstruir su flota devastada. El cambio de actitud de la antigua potencia griega muestra claramente que su situación le impedía exigir algo a otros, y más bien la obligaba a suplicar ayuda[2].

Una oportunidad para el poder macedonio

El gran benefactor de los atenienses en suelo macedonio, sin duda, tenía sus propios intereses. Lejos de ser una simple figura decorativa, Arquelao pretendía llenar el vacío de poder que dejó la retirada de los aliados atenienses. Para ello, emprendió una serie de reformas políticas, sociales y culturales que forjaron el núcleo sobre el que Felipe II erigiría el gran reino que dominaría Grecia y permitiría a Alejandro Magno conquistar gran parte del mundo conocido. Tucídides nos ayuda a contextualizar:

Hasta la llegada de Arquelao al trono, el ejército macedonio era indistinguible del de otras naciones balcánicas, compuesto por hombres al servicio de un señor, pobremente equipados y, posiblemente, menos entrenados[3]. El poder militar residía, pues, en la capacidad de movilización de los hetairoi, la aristocracia cercana al rey que a menudo constituía el único contrapeso al monarca[4].

Arquelao y la construcción del estado macedonio

Investigadores como William Greenwalt deducen, a partir de Tucídides, que Arquelao impulsó cambios estructurales para favorecer la creación de un gran cuerpo de hoplitas en su reino. La infantería pesada, tan exitosa en los campos de batalla de Hellas, habría complementado a la experta caballería local, pero la transformación trasciende lo militar[5]. La proliferación de hoplitas implicó una profunda revolución social y económica, pues la condición de hoplita estaba vinculada al desarrollo urbano, al aumento de pequeñas propiedades agrícolas y al florecimiento del comercio[6]. Estas medidas fueron en contra de los extensos latifundios de los hetairoi, de los cuales, según Greenwalt, se confiscaron territorios. El movimiento astuto de Arquelao no solo fortaleció militarmente su reino, sino que también debilitó la influencia aristocrática y llenó las arcas reales. Uno de los indicios materiales de la prosperidad de su reinado es su política monetaria, diseñada para proclamar su hegemonía en Macedonia y su vínculo con Atenas[7].

Los éxitos militares de Arquelao son una prueba indiscutible de la efectividad de sus reformas. Amphípoli, codiciado por los atenienses, mantuvo su independencia, mientras en la Calcídica y la costa tracia continuaban los choques entre diferentes poleis. Consciente de que esas disputas no eran prioritarias, el audaz rey macedonio dirigió su mirada hacia la frontera occidental, cuya inestabilidad había costado la vida a su predecesor Perdiccas y a miles de compatriotas. Se enfrentó a la coalición lyncesto-illyria liderada por Arrabeo II y Sirras, y trató de neutralizar a los elimi mediante el matrimonio de su hija mayor con Derdas. En el flanco oriental, Arquelao tomó Pidna tras un duro asedio en 410 a.C. y recuperó Bisalia, rica en minas de plata, lo que le aportó importantes ingresos para consolidar su política. Al final de su reinado intervino en Tesalia, apoyando a los aliados de Larisa, consolidó el poder de los oligarcas, tomó rehenes de familias disidentes y obtuvo el control de Perrebia a cambio de su ayuda, un paso estratégico de gran relevancia. Consciente de sus limitaciones, se retiró cuando sus opositores buscaron la ayuda de Licófron de Pheras y de Esparta, evitando así un conflicto de mayores dimensiones[8].

El objetivo principal de Arquelao era garantizar la integridad del territorio macedonio, sin demostrar una voluntad clara de expandir su dominio más allá de esos movimientos fronterizos. En este sentido, la mejora de las comunicaciones y la construcción de fortificaciones defensivas pueden interpretarse como la citada “torre y muralla” de Demir Kapija, datada en el siglo V a.C. Algunos investigadores atribuyen la transferencia de la capital del reino de Egas a Pela, pero hay que matizar: en los Balcanes y en la mayor parte del mundo antiguo no existía una ciudad hegemónica oficial como la concebimos hoy; la capital era donde estuviera el rey. Así, el palacio real de Pela cobra especial importancia, pues su ubicación resultó más estratégica que la antigua Egas, que aunque seguía siendo el asiento funerario de la dinastía argéada, estaba alejada de las principales rutas de comunicación. La proximidad de Pela al río Vardar facilitó el control del comercio de madera, recurso vital para Atenas[10].

¿Hellenización o propaganda?

El debate sobre la condición de capital de Pela nos lleva a otra cuestión controvertida: la supuesta tendencia helenizante de Macedonia bajo Arquelao. Las fuentes relatan la llegada de ilustres representantes de la cultura griega a la corte. El más famoso fue el dramaturgo Eurípides, quien murió en Pela poco antes del rey y allí compuso Las Bacantes y Arquelao. Esta última obra no ha sobrevivido, pero se sabe que pretendía reforzar el mito de origen argivo de la dinastía. También se presentaron el poeta épico Quirilo de Samos, el músico Timoteo de Mileto, el pintor Zeuxis de Heraclea, el trágico Agatón e, incluso, se sugiere que Tucídides respondió al llamado de Arquelao. Por el contrario, Sócrates parece haber rechazado la invitación[11].

Arquelao y la construcción del estado macedonio

Podría pensarse que este despliegue intelectual buscaba ganarse el favor de los atenienses, aliados valiosos a quienes Arquelao suministraba madera y astilleros. Sin embargo, la precaria situación de Atenas no invita a creer que el rey necesitara adularla. Si su intención era mejorar su imagen entre los griegos, los resultados fueron modestos. Aristófanes censuró a Eurípides en Las ranas por aceptar la oferta de Arquelao, y Trasímaco preguntó si los atenienses, siendo griegos, debían ser esclavos de un “bárbaro” como Arquelao[12]. Otros autores griegos lo retratan negativamente: Platón lo describe como usurpador en Gorgias (4710c) y como “tirano” en Segundo Alcibíades (141d); Eliano lo señala como hijo del esclavo Simique (XII, 43) y Ateneo habla de la extravagancia de su corte (VIII, 345e). Hay que recordar que todas estas voces provienen de fuentes helénicas, muchas veces ajenas al mundo macedonio y sus costumbres.

Una decisión final, relatada por Diodoro, sitúa las intenciones de Arquelao en el ámbito cultural griego: la instauración de un concursos en honor a las Musas y a Zeus Dion (XVII, 16, 3). Este certamen, tan importante para los macedonios que Alejandro lo mantuvo antes de partir a Asia, incluía festivales dramáticos y juegos atléticos al estilo de los Juegos Panhelénicos de Olimpia, Nemea, Corinto o Delfos. El historiador Borza sostiene que, salvo Felipe, ningún rey macedonio participó en los Juegos Panhelénicos, aunque fuentes indican que Alejandro I Filóhelene y el propio Arquelao sí lo hicieron[13]. Si el objetivo era proclamarse “griego”, la estrategia consistió más bien en crear una competición propia para quienes se sentían excluidos de los Juegos tradicionales, una forma de “hellenización” que buscaba respeto interno más que una verdadera inserción cultural[14].

Una muerte inesperada

Existen tres testimonios históricos sobre la muerte de Arquelao: uno en la Moralia de Plutarco, otro en la Biblioteca de Diodoro y el más fiable en la Política de Aristóteles (1311b). El filósofo de Estagira, familiar con la casa real desde su infancia, profundiza en las causas del regicidio. Mientras Diodoro lo describe como un accidente durante una cacería[22], Aristóteles revela una conspiración de intenciones oscuras protagonizada por varios jóvenes descontentos: Crátes, Helanócrates de Lárisa y Decámnico. Crátes estaba frustrado porque Arquelao no cumplió la promesa de casarlo con una de sus hijas, lo que habría mejorado su posición entre los hetairoi. Helanócrates, probablemente uno de los rehenes tomados tras la intervención en Lárisa, deseaba regresar a su tierra y sintió que la evasiva del rey mantenía su cautiverio. Decámnico, a su vez, habría sido entregado a Eurípides para que lo castigara por su mal aliento. Arquelao y la construcción del estado macedonio

Los datos de Aristóteles coinciden en gran medida con el esquema del asesinato de Felipe y con la conspiración de los páginas de Alejandro. Elizabeth Carney, al estudiar el regicidio en Macedonia, atribuye estas tramas a la ausencia de un sistema sucesorio definido, al carácter personalista de la monarquía macedonia y a las trampas amorosas derivadas de la pederastia institucionalizada[15]. En el caso de Arquelao, la frustración matrimonial de Crátes parece ser el detonante material del asesinato. Una fuente tardía, Claudio Eliano, menciona que el asesino reinó “tres o cuatro días” antes de ser víctima de otra conspiración (II, 9), pero su fiabilidad es dudosa.

El momento escogido para acabar con la vida del rey no es casual: todos los relatos coinciden en que murió durante una cacería. Para los macedonios, la caza era mucho más que ocio; era un rito que simbolizaba la estructura del reino, con el monarca como máxima expresión de fuerza y victoria, acompañado por los hetairoi. Atacar al rey en ese contexto equivalía a desafiar la autoridad real[16].

El legado de Arquelao es ambiguo. La mayoría de los investigadores atribuyen la creación del Estado macedonio a Felipe II[17], pero varias reformas emprendidas por el padre de Alejandro recuerdan la agenda de su predecesor. Es difícil imaginar la política de fortificación de fronteras sin pensar que sus planes pretendían consolidar un territorio que, aunque fragmentado, sería el embrión del futuro gran reino macedonio. Su muerte a manos de conspiradores truncó el proyecto, pero esas reformas, aunque conocidas solo de manera fragmentaria, pueden considerarse la semilla del imperio que más tarde se extendería hasta los confines del mundo conocido.

Fuentes históricas

  • Aristóteles. Política. Traducción de Manuel García Valdés, Gredos, 1988.
  • Ateneo. El banquete de los sabios. Traducción de Lucía Rodríguez-Noriega Guillén, Gredos, 2006.
  • Claudio Eliano. Historias curiosas. Traducción de Juan Manuel Cortés Copete, Gredos, 2006.
  • Diodoro de Sicilia. Biblioteca histórica. Traducción de Juan José Torres Esbarranch y Juan Manuel Guzmán, Gredos, 2006.
  • Elio Aristides. Discursos. Traducción de Fernando Gascó y Antonio Ramírez de Verger, Gredos, 1987.
  • Heródoto. Historias. Traducción de Manuel Balasch, Chair, 2011.
  • Jenofonte. Helénicas. Traducción de Orlando Guntiñas Tuñón, Gredos, 1982.
  • Justin. Epitome de las historias filípicas de Pompeyo Trogus. Traducción de José Castro Sánchez, Gredos, 1995.
  • Platón. Gorgias. Traducción de J. Calonge Ruiz, E. Acosta Méndez, F.J. Oliveri y J.L. Bald, Gredos, 1987.
  • Platón. Segundo Alcibíades. Traducción de Juan Zaragoza y Pilar Gómez Cardó, Gredos, 1992.
  • Solino. Colección de hechos memorables. Traducción de Francisco J. Fernández Nieto, Gredos, 2001.
  • Tucídides. Historia de la Guerra del Peloponeso, Libro VIII, cap. 1. Traducción de Luis M. Macía Aparicio, Akal Clásica, 1989.

Bibliografía

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  • Agudo Villanueva, M. (2018). Atenas. El eco distante de las piedras. Confluencias.
  • Akamatis, I. M. (2009). The Pella Archaeological Site Development Project and the Latest Archaeological Findings. En “Zurück Zum Gegenstand. Festschrift für Andreas E. Furtwängler”. Beer & Beran, pp. 521‑529.
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  • Borza, E. (1990). In the Shadow of Olympus. The Emergence of Macedon. Princeton.
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  • Greenwalt, W. S. (2003). Archelaus the Philhellene. The Ancient World, 34(2), 131‑153.
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  • Van Wees, H. (2017). Peasants and Hoplites. Models of Historical Development. In Men of Bronze. Hoplites in Ancient Greece. Wake up Ferro, 251‑290.

Notas

[1] Sobre el desastre siciliano: AGUDO (2018, 215‑223); POMEROY et al. (2012, 333‑339); FIELDS (2009).

[2] Inscripciones IG I2. 77 (415 a.C.) y IG I2. 105 (407/6 a.C.). Interpretaciones: GREENWALT (2003, 139) y BORZA (1990, 162‑163).

[3] BORZA (1990, 166); HECKEL & JONES (2009, 12).

[4] ANSON (2020, 55‑56).

[5] GREENWALT (2019, 11). Sobre el poder de los reyes macedonios: BORZA (1990, 231‑248); ANSON (2020, 15‑35); HATZOPOULOS (2020, 103‑121); AGUDO (2016, 77‑87).

[6] VAN WEES (2017, 251‑290); KAGAN & VIGGIANO (2017, 1‑72); SEKUNDA (2009).

[7] GREENWALT (2003, 136‑137, 150). Monedas de Arquelao: https://www.wildwinds.com/coins/greece/macedonia/kings/archelaus/

[8] BORZA (1990, 164).

[9] BORZA (1990, 167‑168); MOLINA MARÍN (2020, 277‑279).

[10] GREENWALT (1999, 158‑183). Testimonios indirectos sobre la ubicación de la corte en Pela: Xenofonte (V, 2, 13); fuentes atenienses que hablan de la corte de Pella; excavaciones recientes (Akamatis 2009). Ver también Chrysostomou (2011) sobre el palacio de Pella.

[11] Invitación a Sócrates citada por Elio Aristides (Contra Platón, 242).

[12] GREENWALT (2003, 138‑141); BORZA (1990, 165).

[13] Participación de Alejandro I Filóhelene en los Juegos Panhelénicos: Heródoto (VIII, 121) y Justin (VII, 2‑14). Solino (siglo IV) menciona triunfos de Arquelao en carreras de cuádruples, aunque la fuente es tardía.

[14] BORZA (1990, 171‑175).

[15] CARNEY (1983, 262‑263).

[16] GREENWALT (2019, 16). La caza como institución macedonia: AGUDO (2016, 56‑58); GRAEKOS (2011, 75‑92).

[17] ANSON (2020, 73‑92).