Historia antigua

Los ancianos en la Antigua Roma: el desafío de envejecer

Los ancianos en la Antigua Roma: el desafío de envejecer

En Walking through History analizamos la vida de los mayores en la Roma antigua, una etapa marcada por un fuerte declive demográfico. Al igual que hoy, existían diferentes formas de afrontar la vejez, pero el factor determinante era siempre la posición social. Un punto en común era el título de paterfamilias, que los unía y los hacía, en cierta medida, iguales dentro del núcleo familiar.

Esperanza de vida en la Antigua Roma

¿A qué edad se consideraba a alguien anciano? Para responder, comparemos la esperanza de vida romana con la actual. En España en 2018 la esperanza de vida era de 86,3 años para mujeres y 80,7 para hombres; casi 9 millones de personas tenían más de 65 años (18,15% de la población).

Los datos romanos no son tan precisos, pero los epitafios funerarios y los estudios epigráficos nos permiten aproximaciones.

Los ancianos en la Antigua Roma: el desafío de envejecer

En Tarquinia (norte de Roma), entre 200‑50 a.C., la esperanza de vida rondaba los 41 años para hombres y 40 para mujeres.

Un estudio de la Academia de Berlín (siglo XIX) analizó cerca de 25 000 estelas funerarias de todo el Imperio:

  • En la propia Roma, de 4 575 hombres, 344 (7,5%) llegaron a los 60 años y 111 (2,4%) a los 80; de 3 490 mujeres, 138 (3,5%) alcanzaron los 60 y 34 (0,9%) los 80.
  • En Hispania, de 1 111 hombres, 269 (24%) vivieron hasta los 60 y 70 (6,3%) hasta los 80; de 885 mujeres, 120 (13%) alcanzaron los 60 y 23 (2,6%) los 80.
  • En las provincias del norte de África, de 6 238 estelas, 2 389 (38%) superaron los 60 años y 1 030 (16,5%) los 80; incluso 98 personas vivieron más de 105 años.

Estos datos sugieren que, fuera de la capital, la esperanza de vida podía acercarse a la actual, mientras que en Roma rondaba los 40 años. Curiosamente, en la época romana los hombres vivían más que las mujeres, probablemente por la alta mortalidad materna.

El paterfamilias: poder de los ancianos en la familia

El paterfamilias gozaba de plena capacidad jurídica (sui juris) mientras que el resto de la familia estaba bajo la autoridad (alieni juris). Con la edad, el hombre acumulaba poder: podía expulsar a sus hijos, venderlos como esclavos o incluso abandonarlos al nacer sin incurrir en delito. En casos extremos, con pruebas breves, podía condenar a muerte a cualquier familiar, una realidad que aparecía frecuentemente en comedias y tragedias romanas.

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Las mujeres carecían de esa autoridad, pero su influencia residía en la igualdad legal dentro del núcleo familiar. Cuando quedaban viudas, su vulnerabilidad aumentaba al perder la protección masculina.

Con el Imperio, la figura del paterfamilias perdió fuerza pública: ya en el siglo II d.C. podían denunciar abusos de autoridad y la legislación imperial reguló la venta de niños y otros aspectos familiares. Su poder quedó esencialmente moral.

Los ancianos y la política romana

En la política, la autoridad de los mayores decayó paralelamente. En la monarquía y la República, el Senado estaba compuesto por paterfamilias (de ahí el término patricii). Los senadores, hombres con experiencia en magistraturas curules, ejercían gran influencia.

Ejemplos destacados:

  • Cayo Catón el Viejo, que vivió hasta los 85 años y dirigió el Senado con mano firme.
  • Quinto Fabio Máximo, con más de 60 años, fue nombrado dictador cuando Cartago amenazaba Roma.

Durante el Imperio, el poder senatorial se redujo y el consejo del príncipe (consilium principis) quedó dominado por equites. Los emperadores del siglo I (Augusto, Tiberio, Galba) gobernaron hasta edades avanzadas, pero a partir del siglo II la longevidad política disminuyó: Trajano, Adriano y Marco Aurelio fallecieron poco después de los 60 años, y en el siglo III la vejez ya no garantizaba poder.

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Otros ancianos

La mayoría de los mayores no alcanzó cargos prominentes. La literatura romana nos ofrece una visión parcial. Juvenal describe con crudeza la decadencia física de los ancianos, mientras que Plinio el Joven ofrece una visión más compasiva, relatando suicidios de amigos mayores y, en contraste, el estilo de vida de su amigo Espurina, un anciano rico y saludable que caminaba tres millas cada mañana y disfrutaba de banquetes y comedias a los 77 años.

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Salud de los ancianos

La medicina romana dedicaba escasa atención a la vejez. Aulo Cornelio Celso describía dolencias crónicas como reumatismo, problemas urinarios y circulación deficiente, recomendando baños calientes, vino sin diluir y miel para los ojos.

Galen de Pérgamo, por su parte, consideraba la vejez como un proceso natural inevitable, sin necesidad de tratamiento curativo.

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Visión romana de la muerte

Cicerón, a los 62 años, afirmaba que la vejez era la proximidad de la muerte y que morir podía ser “un buen negocio”. Cayo Catón, fallecido a los 85, decía que la muerte afecta más a los jóvenes porque pocos llegan a la vejez.

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Más información:

  • Historia de la vejez, de la Antigüedad al Renacimiento, Georges Minois (traducción Celia María Sánchez, 1987).
  • Sobre la vejez, Marco Tulio Cicerón.