Historia antigua

De la Batalla de Manzikert a la Llegada de los Ejércitos Cruzados

Alp Arslan, convertido en héroe medieval en Turquía tras su victoria en Manzikert

De la Batalla de Manzikert a la Llegada de los Ejércitos Cruzados

A finales del siglo XI, la zona que hoy conocemos como Turquía vivió una serie de acontecimientos que transformaron radicalmente la historia de la península de Anatolia. Tierra donde florecieron las primeras civilizaciones del mundo y donde, por primera vez, la humanidad organizó religiones; pasaron asirios, hititas, medos, persas, griegos y romanos. En el último cuarto del siglo, Anatolia pasó de ser mayoritariamente cristiana a musulmana, proceso que se aceleró tras la derrota bizantina en Manzikert y que abrió la puerta a la llegada de los ejércitos cruzados.

La Batalla de Manzikert

El 26 de agosto de 1071, en la llanura frente a la ciudad de Manzikert, se enfrentaron miles de combatientes bajo la sombra del Monte Ararat. Dos meses antes, el emperador bizantino Romano IV Diogenes había marchado desde Constantinopla con un ejército que incluía mercenarios turcos y normandos, con la intención de recuperar la plaza perdida. El asedio comenzó a finales de julio y, ante la superioridad bizantina, los gobernantes seléucidas de la ciudad huyeron tras la rápida captura cristiana.

La noticia llegó a Siria, donde el líder turco Alp Arslan se encontraba en Mosul. En pocos días recibió a los supervivientes de Manzikert, entre ellos al qadi de la ciudad, y comenzó a reclutar tropas para dirigirse al norte.

De la Batalla de Manzikert a la Llegada de los Ejércitos Cruzados

Batalla de Manzikert

Según las crónicas, la mañana del combate estaba asfixiada por el calor. Después de una noche sin descanso bajo una lluvia de flechas seléucidas, los catapultos bizantinos avanzaron. El primer choque con la caballería turca pareció favorecer a los bizantinos, pero los caballeros ligeros turcos comenzaron a retirarse. En ese momento, el emperador Romano IV cometió su error fatal: envió a sus pesados catapultos a perseguir a la caballería ligera, agotándolos y dejándolos vulnerables a los arqueros enemigos. Las tropas normandas se mantuvieron al margen, mientras la mitad del ejército bizantino abandonó el campo, favoreciendo la traición de Andrónico Ducas. El resultado fue una masacre total; Romano IV fue capturado y llevado a la corte de Alp Arslan.

¿Quiénes eran los turcos selyúcidas?

Los vencedores de Manzikert eran descendientes de los pueblos nómadas de Asia Central, alrededor del mar de Aral, que habían entrado en contacto con el califato abasí y se habían islamizado como mercenarios de sus ejércitos. Estos grupos fueron organizándose políticamente y, a mediados del siglo XI, surgieron los primeros reyes selyúcidas.

El primer gobernante conocido fue Seljuk, cuyo nombre dio origen a la dinastía. Décadas antes de Manzikert, los selyúcidas derrotaron a los sultanatos gaznávidas y se proclamaron gobernantes de Jorasán. Sus herederos ampliaron el territorio: Turgul Beg, hijo de Seljuk, y su sobrino Alp Arslan, protagonista de la victoria de Manzikert.

De la Batalla de Manzikert a la Llegada de los Ejércitos Cruzados

Ejército selyúcida

Alp Arslan reinó poco tiempo; un año después de Manzikert murió en una campaña contra Turquestán. Su muerte dejó el trono a su sobrino Malik Shah, quien nombró a Nizam al-Mulk como visir. Entre 1072 y 1092 la dinastía selyúcida alcanzó su mayor esplendor, dominando políticamente Armenia, gran parte de Anatolia, Siria, la Península Arábiga y la Meca. La diversidad étnica –turca, persa y árabe– se contrarrestaba con la unidad religiosa suní, aunque esta misma homogeneidad acabaría generando conflictos internos.

De la Batalla de Manzikert a la Llegada de los Ejércitos Cruzados

Suleimán ibn Kutalmish, fundador del Sultanato de Rum

Tras la muerte de Alp Arslan, Suleimán ibn Kutalmish se consolidó al frente de los ejércitos selyúcidas en Anatolia. En 1077 conquistó Nicaea, a sólo tres días de Constantinopla, y estableció un poder prácticamente independiente que perduró hasta su muerte en 1086. Su hijo, apenas un adolescente, fue capturado y enviado a Siria bajo la custodia de Malik Shah. Tras la eliminación de los asesinos nizaríes en 1092, el joven regresa a Anatolia y, cuatro años después, el sultanato de Rum bajo el mando de Kilij Arslan, de 17 años, se convierte en la primera barrera musulmana frente a los ejércitos cruzados.

De la Batalla de Manzikert a la Llegada de los Ejércitos Cruzados

Sultanato de Rum a la llegada de los cruzados

Cambios dinásticos en el Imperio Bizantino

El Imperio bizantino que perdió en Manzikert estaba profundamente dividido. Desde la extinción de la poderosa dinastía macedónica en 1056, dos facciones competían por el trono: los Komnenos, representantes de la aristocracia militar provincial, y los Ducas, defensores de la nobleza urbana de Constantinopla.

De la Batalla de Manzikert a la Llegada de los Ejércitos Cruzados

Cataphractos bizantinos

Durante el reinado de Constantino X Ducas (1059‑1067) el ejército bizantino sufrió deserciones masivas y la pérdida de fronteras. Tras su muerte, su viuda se vio obligada a casarse con el general Romano IV Diogenes, quien, a pesar de ser un hábil militar, lideró la catástrofe de Manzikert.

El siguiente decenio no mejoró la situación. Tras su liberación por los selyúcidas, Romano IV fue cegado por sus enemigos y sustituido por Miguel VII Ducas, un emperador más bien poeta que no supo frenar la expansión seléucida. Le sucedió Nicéforo III (1078‑1081), un veterano demasiado mayor para revertir la crisis.

Alejo I Komneno, el Emperador de la Cruzada

La llegada de Alejo I Komneno puso fin a las disputas dinásticas. De la familia Komneno, se casó con Irene Ducas, legitimando su ascenso al trono.

El imperio que heredó estaba desolado: los turcos asediaban Anatolia, los normandos amenazaban el oeste y los balcanes estaban en manos de serbios, húngaros y pechenegos. Constantinopla estaba en conflicto con Roma por la pretensión de la Iglesia ortodoxa, y las arcas imperiales estaban agotadas por el dominio comercial de las ciudades-estado italianas y la interrupción del comercio oriental por parte de los musulmanes. El ejército bizantino estaba en su peor momento; la pérdida de reclutas en Anatolia, su principal fuente de soldados, dejó al imperio indefenso.

“Hombre de cincuenta años, de estatura diminuta, ojos chispeantes de malicia, barba bien cuidada, modales elegantes, siempre cubierto de oro y telas azules ricas.”

Esta descripción, atribuida al joven sultán turco Kilij Arslan, refleja la percepción que tenían de Alejo I. Una de sus primeras medidas fue intentar dividir a los turcos, fomentando revueltas contra el poder seléucida y reclutándolos como mercenarios para frenar la amenaza normanda.

De la Batalla de Manzikert a la Llegada de los Ejércitos Cruzados

Alejo I Komneno

En 1084 firmó un acuerdo con Venecia para que su flota protegiera el Adriático a cambio de privilegios comerciales. La alianza resultó útil a corto plazo, pero se convirtió en una carga financiera permanente para el imperio.

El curioso ejército cristiano

Con los normandos bajo control y la frontera del Danubio asegurada, Alejo I sólo tenía que enfrentar a los selyúcidas. Tras la muerte de Malik Shah, los selyúcidas se fragmentaron, y en Anatolia un joven sultán de 13 años gobernaba el Sultanato de Rum. Alejo intentó equilibrar a los selyúcidas con los normandos, creando una guerra de dos siglos que marcó la historia de Oriente y Occidente.

En 1095, un embajador bizantino llegó a Piacenza, donde se celebraba un concilio romano, para solicitar voluntarios que reconquistaran los territorios perdidos en Anatolia. La petición incluía, probablemente, una súplica de reconocimiento de la Iglesia ortodoxa por parte de Roma. El Papa Urbano II, ambicioso, lanzó la famosa apelación de Clermont que desencadenó la Primera Cruzada.

Un año después, el joven sultán Kilij Arslan observó con asombro la llegada de los cruzados a Nicaea. Provenían de Constantinopla, donde servían como mercenarios del ejército bizantino. Uno de ellos describió la escena:

“Miles de occidentales llegan a Constantinopla. No se parecen a los normandos que conocemos; entre ellos hay cientos de caballeros, miles de infantes, pero también mujeres, niños y ancianos, todos con una tira de tela en forma de cruz sobre la espalda.”

Nicaea, con sus seis kilómetros de murallas y 240 torres defensivas, fue la primera ciudad musulmana en recibir a los ejércitos cruzados.

Lecturas recomendadas

Para profundizar, la mejor fuente es la Alexíada de Ana Comnena, hija de Alejo I, editada por el doctor en Filología Clásica Emilio Díaz Rolando.

De la Batalla de Manzikert a la Llegada de los Ejércitos Cruzados

La Alexíada en la Historioteca

Otro texto interesante es la novela de Agustín Tejada sobre la Primera Cruzada, que brinda una visión amena de la época.

De la Batalla de Manzikert a la Llegada de los Ejércitos Cruzados

Cruzados en la Historioteca