Muy cerca de Barcelona y en un entorno singular se encuentra el Parque Natural de la Montaña de Montserrat, un lugar ideal para excursiones que combina paisajes espectaculares y la historia de los monjes que habitaron la zona desde el siglo XI.
En la explanada del Monasterio de Montserrat se inicia la ruta que recorre las ermitas de Tebaida, distribuidas por la región homónima dentro del parque. El nombre, que recuerda a una zona del antiguo Egipto, sigue siendo un misterio, pero su encanto es innegable.
Breve historia de las ermitas
Las ermitas fueron construidas por los monjes benedictinos del Monasterio de Montserrat, una orden fundada en el siglo VI por San Benito de Nursia, cuyo objetivo principal era la vida contemplativa.
¿Qué es la contemplación?
En la Edad Media occidental la vida estaba profundamente marcada por la fe cristiana. Para los monjes, la existencia era vista como una prueba y la vida eterna, su mayor anhelo. La contemplación consistía en una serie de rituales —oración, estudio, lectura— destinados a acercarse a Dios, y los benedictinos buscaban los lugares más aislados de la montaña para intensificar su devoción.
Así, desde el siglo XI los monjes comenzaron a edificar pequeñas ermitas en los alrededores del monasterio. Durante siglos estas construcciones sirvieron como refugios de oración y encuentro. Sin embargo, la mayoría fueron destruidas por el ejército francés de Napoleón a principios del siglo XIX, que arrasó también el propio monasterio.
Las ermitas actuales son reconstrucciones sobre los emplazamientos originales y conservan la misma finalidad que tenían hace siglos. Algunas siguen en proceso de restauración, testimonio de la continuidad del estilo de vida ermitaño.
Itinerario por las ermitas de Tebaida
El recorrido parte del final de la explanada del monasterio. Se puede llegar en coche privado (parking a €6,50 al día) o en tren R5 desde Barcelona hasta Monistrol de Montserrat, y luego tomar el cremallera o el teleférico.
Consejos prácticos
Se trata de una ruta de montaña, aunque no alpina. Se recomienda calzado adecuado, ropa cómoda, agua suficiente y, si hace calor, evitar las horas más intensas del día. Llevar un bocadillo para disfrutar de la vista es esencial.
La duración total varía entre 2 y 3 horas, según el ritmo y las paradas. El camino, aunque algo irregular, es accesible para cualquier caminante con una condición física mínima.
Los mejores momentos para realizar la ruta son la primavera y el invierno, cuando los valles se llenan de nubes y la temperatura es agradable.
Ermita de Santa Ana
Desde la explanada, siguiendo la senda GR 172 (señalada en rojo y blanco), se sube una larga escalera que atraviesa el llamado paso francés hasta la Plaza de Santa Ana. Allí se encuentran los restos de la ermita más importante, que funcionaba como punto de encuentro y albergaba la única capilla con ábside fuera del monasterio principal.
Ermita de Sant Benet
Regresando a la GR 172 y tomando el desvío PR C-19 (señal amarilla y blanca) tras unos 300 m, se llega a la ermita de Sant Benet, la mejor reconstruida y actualmente refugio de montaña para escaladores.
Ermita de Sant Salvador
Situada a más de 1 000 m de altitud, es la más alta del recorrido y la que mejor conserva el ambiente de contemplación. La reconstrucción del siglo XIX permite incluso pernoctar al estilo de los antiguos ermitaños.
Para llegar, seguir de nuevo el PR C-19 y girar a la izquierda al ver la señal amarilla pintada en una piedra; en menos de diez minutos se alcanza una pequeña explanada que divide la antigua iglesia destruida (izquierda) de la ermita restaurada (derecha).
Ermita de la Trinidad
Descendiendo el mismo camino se vuelve a encontrar el PR C-19 y, tras seguirlo unos minutos, se llega a la ermita de la Trinidad. Fue destruida por los franceses y, tras un intento de reconstrucción, quedó abandonada tras el asesinato del monje encargado.
Sus muros, los más extensos de todas las ermitas, mostraban la importancia que tenía como punto de paso para peregrinos.
Ermitas de Santa Creu y Sant Dimas
En la intersección del PR C-19 con la GR 172 se encuentran las dos últimas ermitas del recorrido. La de Sant Dimas, construida sobre los cimientos de un castillo medieval, ofrece una caída de más de 200 m hacia el monasterio. Fue restaurada en los años 70 y es una de las más sólidas de la montaña.
La ermita de Santa Creu está actualmente en proceso de remodelación; se observan herramientas y señales de obra en la puerta, evidencia de que la vida ermitaña sigue presente, aunque sin las penurias de la Edad Media.
Desde Santa Creu una impresionante escalera conduce al monasterio, aunque de uso privado. Para concluir la excursión se recorre el mismo tramo hasta la señal final y, por la GR 172, se vuelve a la explanada inicial en unos 40 minutos.
Este recorrido permite imaginar el movimiento de monjes, ermitaños y peregrinos a lo largo de los últimos diez siglos en la montaña de Montserrat.