En los últimos años, la evidencia ha demostrado que los humanos modernos y los neandertales compartieron un pasado genético entrelazado. A lo largo de la historia, ambas especies de homínidos se cruzaron no una sola vez, sino en múltiples ocasiones.
Nuevo hallazgo publicado en Genetics
Un estudio reciente publicado en Genetics confirma esta idea al encontrar que personas de Eurasia poseen fragmentos de ADN vinculados a neandertales de las Montañas Altai, en la actual Siberia. Resulta relevante porque investigaciones anteriores ya habían demostrado que neandertales de la cueva de Vindija, en Croacia, también aportaron material genético a poblaciones eurasiáticas actuales.
Una red de interacciones genéticas
«No se trata de una única introgresión de ADN neandertal», afirma el investigador principal Omer Gokcumen, biólogo de la Universidad de Buffalo. «Es una red de interacciones que se repite una y otra vez, donde diferentes homínidos antiguos se cruzan entre sí».
Gokcumen explica: «Tenemos poblaciones arcaicas de homínidos en Europa, Asia, Siberia y África. Cuando los ancestros de los humanos modernos comenzaron a expandirse desde África, se encontraron con estos otros homínidos e incorporaron su ADN. Probablemente nos cruzamos con distintas poblaciones de neandertales en diferentes momentos de nuestra expansión por el planeta».
Metodología
Los investigadores analizaron el ADN de cientos de individuos de ascendencia eurasiática, buscando fragmentos heredados de neandertales.
Resultados clave
Los análisis revelaron que las poblaciones estudiadas pueden rastrear parte de su material genético a dos linajes neandertales distintos: uno representado por el neandertal hallado en la cueva de Vindija (Croacia) y otro por el neandertal de las cuevas de las Montañas Altai (Rusia).
Además, se identificaron deleciones genéticas —segmentos de ADN ausentes— que comparten tanto los neandertales de Vindija y Altai como los humanos modernos analizados.
Implicaciones para la evolución humana
«La historia de la evolución humana no se parece a un árbol con ramas que sólo se separan. Resulta que las ramas están interconectadas», comenta Gokcumen.
«Descubrir estas conexiones es apasionante. La narrativa ya no es tan clara; cada genoma antiguo secuenciado abre una nueva perspectiva, y cada futuro descubrimiento podría volver a reescribir la historia».