Introducción
Si existe una figura histórica que encarna el poder en la sombra, es Flavio Ricimero, general germánico que, durante los últimos años del Imperio Romano de Occidente, nombró y destronó a cuatro emperadores en apenas once años.
Orígenes y primeros pasos
Ricimero era un suevo ario nacido en Gallaecia, la provincia noroeste de la Península Ibérica. Sus padres unieron dos pueblos que, aunque inicialmente aliados, terminaron enfrentados: su padre, el rey Requila, era suevo, y su madre, hija del rey walia, descendía de los visigodos. Tras la llegada de los suevos y los alanos, la región se convirtió en un reino federado bajo el foedus romano.
Con la debilidad del imperio, Ricimero vio una oportunidad: ofreció sus servicios a Roma y se incorporó al ejército bajo las órdenes del famoso magister militum Flavio Aecio, quien había salvado al imperio de los hunos en los Campos de Catalaunia.
El contexto del Imperio
En ese momento el poder real residía en el magister militum, no en el emperador. Valentiniano III, que gobernaba desde Ravenna, había perdido África, Britania, gran parte de la Galia y la Hispania. Cuando el rey huno Atila exigió la mano de Honoria, hermana de Valentiniano, el emperador tuvo que huir de Roma.
Tras la muerte de Aecio a manos de Valentiniano, el trono quedó vacante y una serie de breves reinados se sucedieron: Petronio Máximo, Maximiano, y el general Julio Valerio Mayoriano, apoyado por Licinia Eudoxia, viuda de Valentiniano. Cada uno duró apenas unos meses antes de ser derrocado por los vándalos de Genserico.
Ricimero y la primera etapa de su poder
Con el apoyo del rey visigodo Teodorico II, el magister militum Eparco Avito ascendió al trono. Gracias a esta alianza, Ricimero recibió el título de comes, una posición de confianza que le permitió reunir un ejército de mercenarios germanos y una flota naval. Derrotó a los vándalos en tierra (en Agrigento) y en mar (cerca de Córcega), lo que le valió el cargo de magister militum praesentalis, segundo solo al magister militum de la época.
Con el respaldo del Senado, Ricimero impulsó la proclamación de Mayoriano como emperador, sustituyendo a Avito.
Mayoriano y la relación con el Imperio de Oriente
Mayoriano fue reconocido por el emperador oriental Marciano y, tras derrotar a Avito en Piacenza (456 d.C.), fue nombrado magister militum por el nuevo emperador oriental León I el Tracio. Ricimero recibió el patricado, consolidando su influencia.
Aunque de origen germánico, Ricimero no aspiraba al trono; prefería ejercer el poder desde la sombra, manteniendo alianzas con los bárbaros que se establecían en las fronteras (limes). Intentó que León lo nombrara dux del occidente, pero el Senado se opuso y mantuvo a Mayoriano como figura oficial.
Conflictos con Mayoriano
Mayoriano mostró una energía inesperada: reconquistó la Galia, restableció la paz en Hispania y amplió el Código Teodosiano. Sin embargo, sus reformas empezaron a limitar la influencia de Ricimero. Tras una derrota frente a los vándalos cerca de Valencia, Ricimero incitó una rebelión militar y mandó ejecutar a Mayoriano en 461.
Esta acción provocó la rebelión de tres generales (Egidio, Marcelo y Nepotiano) que gobernaron sin un emperador durante tres meses.
Severo y el vacío de poder
El Senado propuso a Libio Severo como candidato, pero tanto León como los generales lo rechazaron. Ante la amenaza vándala y la necesidad de ayuda bizantina, Severo fue envenenado en 465, dejando a Ricimero como la verdadera autoridad del imperio durante dieciocho meses.
Antemio y la última gran alianza
León I envió al general ilirio Antemio Ancio Olibrio para mediar entre Ricimero y Genserico. Antemio llegó acompañado de Marcelo y se casó con la hija de Ricimero, Alipia, lo que pareció consolidar la paz.
Sin embargo, la campaña contra los vándalos fracasó: la flota bizantina bajo Basilisco fue destruida y Marcelo murió a manos de sus propios soldados. Los vándalos volvieron a invadir Italia y los visigodos también tomaron las armas.
Antemio acusó a Ricimero de incitar la revuelta y, tras una serie de traiciones, la ciudad de Roma quedó sitiada en 472. Genserico, viendo una oportunidad, propuso a Flavio Anicio Olibrio (hijo de Petronio Máximo) como nuevo emperador. Ricimero, sin aceptar la pérdida del poder, proclamó a Olibrio (más tarde Olibrión) emperador.
La muerte de Ricimero y el fin del Imperio de Occidente
Después de cinco meses de asedio, la ciudad cayó; Antemio intentó huir disfrazado de mendigo y fue ejecutado. Olibrión, reacio a aceptar el trono, se vio obligado a reinar. Ricimero murió poco después, en agosto de 472, a causa de una hemorragia interna (según algunas fuentes, envenenado; según otras, cáncer).
Su sobrino Gundebaldo, nombrado magister militum, continuó la política de su tío, proclamando a Glicerio como emperador. Glicerio duró menos de un año; le siguió Julio Nepote, que en 476 huyó a Dalmacia, dejando el trono a Rómulo Augústulo, considerado el último emperador romano de Occidente. Curiosamente, Odoacro, quien depuso a Rómulo en 476, había enviado tropas a Ricimero cuatro años antes para derrotar a Antemio.