Introducción
La historia de las grandes exploraciones del siglo XIX suele atribuir el descubrimiento de las cataratas de Murchinson al aristócrata aventurero Samuel Baker, quien en 1864 llegó a ese lugar acompañado de su esposa Florence. Sin embargo, algunos historiadores sostienen que el honor corresponde a una expedición enviada por el propio emperador romano Nerón casi dos milenios antes.
El contexto romano en África subsahariana
Durante el Imperio Romano el dominio se limitó a la costa mediterránea del continente negro, dividida en provincias como Mauritania, Numidia, África Proconsular, Cirenaica y Egipto. Aun así, Plinio el Viejo registra cinco incursiones romanas al interior del Sahara en el siglo I d.C., lideradas por Cornelio Balbón, Séneca Paulino, Septimio Flaco, Julio Maternus y Valerio Festus. Estas misiones, de carácter principalmente comercial, se dirigían desde la costa atlántica africana hasta la región que Ptolomeo llamó Agisymba, cerca del lago Chad.
Alrededor del año 61 d.C. Nerón organizó una expedición con un objetivo diferente: navegar por el Nilo hasta sus fuentes para obtener información que sirviera a su plan de invasión de Etiopía (el nombre griego de Kush).
El mundo romano y el reino de Kush
En esa latitud el límite romano terminaba en Meroe, capital del antiguo reino de Kush, situado en Nubia (norte del actual Sudán) y famoso por sus cien pirámides. Kush había sido conquistado por Egipto en el Reino Medio, pero siglos después sus reyes, los llamados «faraones negros», tomaron el control de Egipto entre 751 y 656 a.C. Tras la invasión asiria, la dinastía kushita se retiró a Meroe, permaneciendo independiente y repeliendo, al menos parcialmente, al persa Cambises II.
Cuando Augusto anexó Egipto, nombró a Gayo Cornelio Galo como primer procónsul. Galo, poeta alabado por Virgilio y Ovidio, tuvo que enfrentar una rebelión en el norte de Nubia, cruzó el Primer Catarcata, tomó la isla de Philae y obligó al rey teriteguano de Meroe a aceptar la condición de vasallo romano. Sin embargo, la arrogancia de Galo le valió la acusación de faltarle al respeto al emperador y, según Casio Dión, se suicidó.
El plan de Nerón
En el 61 d.C. Nerón envió a un contingente de pretorianos, liderado por un tribuno y varios centuriones, desde Egipto hacia Meroe. El rey Amanikhabale les ofreció asistencia y cartas de presentación para los gobernantes vecinos, según relatan las Naturales Preguntas de Séneca.
Desde allí avanzaron casi mil kilómetros, cruzando el quinto catarcata y el desierto nubio, para internarse en una zona más verde poblada de elefantes, babuinos y rinocerontes. Llegaron al Sudd, la inmensa zona pantanosa del sur de Sudán compuesta por los ríos Bahr el‑Zeraf, Bahr al‑Ghazal y Bahr el‑Jebel, este último rama principal del Nilo Blanco.
Los obstáculos del viaje
Durante la temporada de lluvias el Sudd se extiende hasta 13 000 km², convirtiendo la marcha en una odisea lenta y agotadora entre calor sofocante, alta humedad, vegetación podrida, papirus, cocodrilos, hipopótamos y mosquitos. La falta de caminos navegables y la escasez de alimentos obligaron a los romanos, muchos enfermos de enfermedades tropicales, a retroceder.
Según Séneca, los soldados describieron un territorio tan extenso que «ni los nativos conocían sus límites». Tras recorrer unos 2 500 km desde la frontera egipcia, relataron haber visto «dos enormes rocas de las que brotaba un río de caudal inmenso», procedente de un gran lago interior.
¿Podrían haber avistado las cataratas de Murchison?
Esa descripción encaja con las cataratas de Murchison, situadas en el río Nilo que fluye desde el lago Victoria hacia el lago Albert. El salto, de 43 m de altura, se abre entre rocas separadas solo siete metros, generando una presión de alrededor de 300 m³/s. Si los romanos realmente observaron este espectáculo, habrían llegado a Jinja, en el norte del lago Victoria, es decir, a la actual Uganda.
El desenlace
Nerón, escéptico al principio, aceptó la información y organizó una gran celebración en Roma, presentándose como el descubridor de las fuentes del Nilo, rodeado de africanos y con etíopes como extras, según Dión Casio. Planeó una invasión enviando la Legión XV Apollinaris, recién salida de la pacificación de Partia, y una nueva unidad auxiliar, el Ala Siliana, compuesta por soldados de África Proconsular.
Sin embargo, en el 66 d.C. estalló la revuelta judía y la legión tuvo que ser desviada para sofocar la insurrección bajo el mando de Tito, futuro emperador. Dos años después, Nerón se suicidó y la ambición sobre Etiopía quedó abandonada. Con ello se perdió la posible hazaña de unos soldados que, según la hipótesis, descubrieron las fuentes del Nilo casi 1 800 años antes que Samuel Baker.