Hace tiempo dedicamos un artículo al caso sin precedentes de Vesna Vulović, la azafata serbia que en 1972 quedó registrada en el Libro Guinness por sobrevivir a la caída de su avión desde 10 000 m. Sin embargo, su historia no es única; existen varios casos similares, muchos de ellos durante la Segunda Guerra Mundial.
Los conflictos bélicos están llenos de anécdotas, y cuanto más reciente y documentada es la guerra, mayor es la cantidad de relatos curiosos que conocemos. Por eso se han escrito libros enteros sobre la Segunda Guerra Mundial centrados en estas historias, y aquí repasamos algunos de los casos más extraordinarios de aviadores que lograron sobrevivir a accidentes que parecían imposibles.
Nicholas Stephen Alkemade
Alkemade, nacido en 1922 en Loughborough (Inglaterra), era artillero de cola en un Avro Lancaster de la RAF, escuadrón 115. El 14 de marzo de 1944, su avión “S for Sugar” fue alcanzado por un Junkers Ju 88 sobre Schmallenberg, Alemania. El bombardeo se incendió y el piloto perdió el control. Cuando Alkemade intentó lanzar su paracaídas, este se incendió, obligándolo a saltar sin protección desde unos 5 500 m.
El impacto contra las copas flexibles de los pinos y medio metro de nieve le salvó la vida. Sufrió quemaduras, contusiones y una rodilla derecha dislocada, mientras sus cuatro compañeros murieron en el accidente. Capturado por la Gestapo, fue tratado como espía, pero tras la investigación quedó como prisionero de guerra y recibió un certificado que acreditaba su hazaña. Repatriado en mayo de 1945, vivió hasta 1987 y participó en programas televisivos sobre supervivencia.

Ivan Mikhailovich Chisov
Ivan Chisov, nacido en 1916 en Bogdanovka (Ucrania), servía en la Aviación Soviética a bordo de un Ilyushin Il‑4. En enero de 1942 su avión fue atacado por varios Messerschmitt Bf 109. Saltó de su cabina sin abrir el paracaídas, estimado a 7 000 m de altura, para evitar convertirse en blanco durante el combate.
La falta de oxígeno lo hizo perder el conocimiento y cayó inconsciente a una velocidad de 190‑240 km/h, impactando contra la nieve de una barranca. El profundo manto nevado amortiguó la caída y lo encontró vivo, aunque con graves lesiones en la columna y la pelvis. Tras tres meses de hospital y varias cirugías, volvió a volar como instructor. Al final de la guerra se retiró como oficial y se dedicó a tareas de propaganda.

Alan Eugene Magee
Alan Magee, nacido en 1919 en Plainfield, Nueva Jersey, ingresó en el USAAF tras el ataque a Pearl Harbor y sirvió como artillero en la torreta inferior de un B‑17 “Flying Fortress”. El 3 de enero de 1943, durante una misión sobre Saint‑Nazaire, Francia, su avión fue alcanzado y perdió el ala derecha. Magee intentó saltar, pero el paracaídas estaba destrozado por metralla.
Decidió lanzarse de todos modos; perdió el conocimiento por la falta de oxígeno y cayó desde 6 700 m. Su cuerpo impactó contra el techo de vidrio de la estación de tren de Saint‑Nazaire, que amortiguó la caída. Sobrevivió con múltiples fracturas, pulmones y riñones perforados y una semi‑amputación del brazo, además de 28 heridas por metralla.
Los alemanes lo recogieron como prisionero de guerra; recibió la Medalla Aérea y el Purple Heart. Tras la guerra obtuvo la licencia de piloto y trabajó en la aviación hasta 1979. Falleció en 2003 a causa de insuficiencia renal y un derrame.