Introducción
El lenguaje jurídico suele resultar árido y complicado para la mayoría de la gente, una queja que comparten incluso los estudiantes de derecho. ¿Sería más fácil de aprender si estuviera escrito en verso? Esa era la convicción de Carondas, un legislador de la Grecia meridional que plasmó su código normativo en poesía para la polis grecorromana.
Magna Grecia
En el siglo VI a.C. la costa sur de la península itálica, incluida Sicilia, estaba salpicada de colonias griegas conocidas como Magna Grecia. Estas fundaciones, como Nápoles, Siracusa, Agrigento o Tarento, buscaban expandir las redes comerciales de las metrópolis helénicas por el Mediterráneo. La primera de ellas fue Cumas, alrededor del 1050 a.C., y la mayoría se estableció entre los siglos VIII y VII a.C., convirtiéndose rápidamente en ciudades de gran riqueza.
Pitagoras y la hermandad pythagórica
El apogeo de Magna Grecia coincidió con la llegada de Pitágoras, filósofo y matemático nacido en Samos. Tras varios viajes y un cautiverio en Persia, se instaló en la ciudad calabresa de Crotona, donde fundó la hermandad pythagórica, un grupo ascético que veía el orden del universo expresado en la matemática.
El movimiento perturbó la tranquilidad local y, para restablecer el orden, uno de sus discípulos, Carondas, de origen catoniano, redactó un cuerpo legislativo.
Carondas y el Código Locrio
Catania, fundada por colonos de Calcis en la isla de Eubea, era parte de una red de colonias que despertó la codicia de Atenas a principios del siglo VI a.C. Carondas tomó como base el código de Zaleuco, legislador de la localidad de Locris (actual Locri), conocido como Código Locrio. Este fue el primer código escrito de la civilización griega y favorecía a los aristócratas sin excluir a los demás, vinculando las penas a la gravedad del delito y otorgando al Consejo un papel decisivo en las reformas.
Solo se conservan catorce fragmentos del código de Zaleuco, que incluyen penas como la extracción de los ojos a los adúlteros, la ejecución del paciente que desobedecía al médico, la pena de muerte para ladrones o la obligación de que las mujeres vistieran ropa blanca y fueran acompañadas siempre por un sirviente.
Una ley emblemática
Una norma destacada prohibía el acceso a la Asamblea con armas. Zaleuco la violó en una revuelta callejera y, tras resultar herido, depositó su espada en aras del orden social. La anécdota también se atribuye a Carondas, quien, además de seguidor de Pitágoras, continuó la obra de su predecesor.
Características de las leyes de Carondas
Los textos originales de Carondas se han perdido; conocemos sus disposiciones a través de la Política de Aristóteles y la Antología de extractos, sentencias y preceptos del doxógrafo Estobeo. Sus leyes tenían un carácter democrático, limitado a los ciudadanos (excluían esclavos, mujeres, menores y quienes no disponían de tiempo libre).
El código pretendía equilibrar legalmente a la clase media con la nobleza. Se enfocaba mucho en el Derecho de familia: los parientes del padre fallecido administraban sus bienes, la madre se encargaba del cuidado del niño, una heredera podía exigir matrimonio con el pariente más cercano o recibir una compensación, y el Estado financiaba la educación pública.
En materia penal, los culpables eran exhibidos con una corona de verduras; los desertores, además, eran mostrados en el Ágora vestidos de mujer durante tres días. Negarse a formar parte de un jurado o cometer delitos como violación de esclavas o incendio implicaba multas de distintas cuantías.
En la vida pública, Carondas creó tribunales populares y obligó a los comerciantes a vender únicamente en el mercado y a cobrar en efectivo, una medida que Platón retomaría dos siglos después en Las Leyes.
Legado y fuentes posteriores
El historiador bizantino Estobeo, en el siglo V d.C., recopiló una serie de preceptos basados en Carondas, más bien morales que jurídicas: honrar a los dioses, evitar el mal, respetar a padres y magistrados, denunciar a los delincuentes, fomentar la virtud, ofrecer educación pública, entre otros.
Carondas también escribió sus leyes en verso, con la idea de que pudieran cantarse después de los banquetes y, de ese modo, ser más fáciles de memorizar y respetar. El dramaturgo ateniense Hermípodo lo menciona en su obra Sobre los legisladores, reforzando la valoración de los historiadores que consideran a Carondas el único legislador de Sicilia griega cuya existencia está suficientemente documentada.