Los germanos, a quienes los romanos llamaban "bárbaros", estaban organizados en tribus y vivían de la agricultura y la ganadería. Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, estas tribus se asentaron en Europa formando los llamados reinos bárbaros. Las investigaciones coinciden en que el número de invasores era relativamente bajo y que, lejos de destruir todo a su paso, se integraron gradualmente en la población local. Así, más que una ruptura total, se trató de una serie de infiltraciones étnicas que dieron paso a la época conocida como la Edad Media (476‑1453 d.C.). El último emperador romano, Teodosio I (379‑395), dividió el imperio en dos partes: el Imperio Romano de Oriente, con capital en Constantinopla (Bizancio), y el Imperio Romano de Occidente, cuya capital era Milán.
1. Los herederos del Imperio
Con la desaparición del Imperio Romano de Occidente, Europa occidental quedó fragmentada en varios reinos germánicos autónomos. La idea de un Estado centralizado desapareció y surgieron pequeños reinos rivales. Los nuevos monarcas no pretendían aniquilar la organización romana; simplemente sustituyeron la autoridad imperial por la suya, preservando gran parte de la estructura administrativa romana bajo nuevas circunstancias.
1.1 Reino Vándalo de África
Tras saquear Galia y la península ibérica durante casi veinte años, los vándalos, liderados por Genserico, se establecieron en el norte de África en 428 d.C. Desde allí asaltaron Italia repetidamente hasta ser derrotados por el emperador bizantino Justiniano en 553 d.C.
1.2 Reino Ostrogodo en Italia
En 493 d.C., los ostrogodos bajo el rey Teodorico el Grande fundaron un poderoso reino en Italia. Teodorico admiraba la cultura romana y buscó la convivencia pacífica entre ostrogodos y pobladores locales. Tras su muerte, el emperador Justiniano reconquistó Italia en 553 d.C., poniendo fin al reino ostrogodo. Más tarde, los lombardos, otro pueblo germánico, conquistaron el norte de Italia y fundaron el reino de Lombardía.
1.3 La Heptarquía británica
En las Islas Británicas, los ánglos, sajones y jutos formaron siete reinos conocidos como la Heptarquía. En 827 d.C., el reino juto de Wessex, bajo el liderazgo de Egbert, logró someter a los demás reinos, iniciando la unificación de Gran Bretaña.
1.4 Reino Franco
Los francos, pueblo germánico asentado en la Galia del siglo IV, consolidaron su poder bajo Clodoveo I (481‑511). La conversión de Clodoveo al cristianismo católico facilitó la expansión franca, ya que la Iglesia, la institución más influyente de la época, apoyó su gobierno y la población aceptó con menos resistencia la dominación franca.
1.5 Reino Visigodo en España
Antes de llegar a la península ibérica, los visigodos ocuparon el sur de la Galia, de donde fueron expulsados por los francos. La conquista total de Hispania se completó bajo el rey Leovigildo (568‑586). Su hijo, Recaredo, unificó religiosamente el reino al abrazar el catolicismo en el III Concilio de Toledo (589).
2. Economía y organización política
La creación de los reinos germánicos intensificó la ruralización iniciada al final del Imperio romano. La agricultura siguió siendo la actividad principal, mientras que el comercio y la circulación de moneda retrocedieron considerablemente. Se produjeron cambios estructurales importantes:
- Las monarquías, inicialmente electivas, se volvieron hereditarias en determinadas familias, desplazando la noción de Estado público por la idea de monarquía patrimonial.
- El concepto de ciudadano se desvaneció, sustituyéndose por la fidelidad personal al señor. Los reyes germánicos carecían de gobernadores provinciales, jueces o ministros; su autoridad se apoyaba en los condes del palacio, aristócratas vinculados por amistad o parentesco.
- La legislación escrita perdió relevancia; los monarcas se regían por la costumbre y el derecho consuetudinario.
3. Religión
A diferencia de los romanos, que ya eran cristianos, los germanos eran inicialmente paganos, adorando fuerzas de la naturaleza y dioses como Odín, señor de la guerra. Con el tiempo, muchos reyes germánicos se convirtieron al cristianismo, aunque la mayoría de la población rural mantuvo sus creencias ancestrales. Los reinos que perduraron más tiempo fueron aquellos en los que la monarquía adoptó el catolicismo, como el caso de Clodoveo en los francos y Recaredo en los visigodos. El reino ostrogodo en Italia desapareció rápidamente por la falta de una fusión religiosa.
4. Cultura y arte
Durante la época germánica, la cultura occidental experimentó un retroceso general. La Iglesia se convirtió en el principal preservador y transmisor de la herencia romana a través de monasterios y escuelas episcopales, donde sobresalieron figuras como Gregorio de Tours y Cassiodoro. El arte también sufrió un declive, limitándose a copias rudimentarias de modelos romanos; ejemplos notables son el mausoleo de Teodorico en Ravena y el baptisterio de San Juan en Poitiers. Sin embargo, la orfebrería alcanzó un notable desarrollo, superando en importancia a la arquitectura y la escultura.