Historia antigua

Lucio Munacio Planco: el político romano que buscó mantenerse al margen de los conflictos

Una tumba singular en Gaeta

Gaeta, situada en el golfo homónimo de Lacio y con vistas al mar Tirreno, no suele aparecer entre los destinos turísticos más habituales de Italia. Sin embargo, su impresionante patrimonio monumental —una zona medieval, numerosas iglesias, una catedral, un castillo aragonés‑anjano— alberga una joya poco conocida: el mausoleo de Lucio Munacio Planco, un personaje histórico de gran singularidad.

Según la leyenda, en ese mismo mausoleo también descansarían Eneas o, en otra versión, su hijo Ascanius. Gaeta destaca también por su papel en la historia española (capturada por el Gran Capitán en 1503) y por ser el posible lugar de nacimiento de Giovanni Caboto, además de su famosa tiella, una especie de empanada de patata, cebolla, arroz y mejillones.

Orígenes y primeros años

Lucio Munacio Planco nació en Tibur (actual Tivoli, Lacio) en 87 o 89 a.C. Poco se conoce de su juventud, salvo que su padre, del mismo nombre, fue legado de una legión en la Guerra de las Galias (54‑53 a.C.) y luego participó en la guerra civil contra Pompeyo, comandando en la batalla de Ilerda (49 a.C.).

En la campaña africana de César, Munacio estuvo presente en el asedio de Hadrumetum (actual Túnez). Según la obra De Bello Africae, envió a un cautivo con una carta para negociar la rendición; el defensor, Cayo Considio Longo, respondió que el único “emperador romano” era Escipión, devolviendo la carta sin abrir.

Ascenso al poder

Entre 48 y 46 a.C. Munacio fue nombrado prefecto de Roma y, en 44 a.C., César lo designó gobernador de la Galia Cisalpina. Tras el asesinato de César, adoptó una postura ambigua, apoyando una amnistía para los culpables y, de forma discreta, aceptó la proconsulatura de la Galia Comata (actual Francia, Bélgica, Holanda y Suiza). Allí fundó dos ciudades: Augusta Raurica (en Suiza) y la Colonia Copia Felix Munatia, que más tarde se conoció como Lugdunum (actual Lyon).

El caos de la Segunda Guerra Civil

La muerte de César desencadenó la segunda guerra civil de la República. Mientras Marco Antonio, Octaviano y Bruto se disputaban el poder, Munacio intentó mantenerse al margen. En la batalla de Mutina (43 a.C.) sus tropas, bajo presión de Cicerón, avanzaron con lentitud, esperando ver cómo se desenvolvían los acontecimientos.

Cuando la derrota de Marco Antonio se hizo evidente, Munacio se alió con Bruto, pero la intervención de Lepido a favor de Antonio obligó a los conspiradores a retirarse. Finalmente, Octaviano, Antonio y Lepido formaron el Segundo Triunvirato.

Consulado y censura bajo Augusto

Como recompensa por su lealtad calculada, Munacio recibió un triunfo (probablemente por victorias contra tribus alpinas) y fue elegido cónsul en 42 a.C., junto a Lépido. En 36 a.C. obtuvo un segundo consulado, probablemente como sufecto.

Tras la victoria de Octaviano (Augusto) en la batalla de Actium (31 a.C.), Munacio se convirtió en uno de sus más fervientes partidarios. Se le atribuye, según Suetonio, la propuesta de adoptar el título de Augusto. En 27 a.C. fue nombrado censor, compartiendo el cargo con Paulo Emilio Lépido. Durante su censura construyó un templo a Saturno y, según una anécdota, cedió el paso en la calle a Lucio Domicio Enobarbo, futuro abuelo de Nerón, lo que Suetonio interpretó como una muestra de su falta de firmeza.

Últimos años y legado

Munacio murió alrededor del 15 d.C. en Gaeta. La riqueza acumulada en sus campañas en Siria le permitió erigir el majestuoso mausoleo que domina el Monte Orlando: una estructura cilíndrica de 29,5 m de diámetro y 13,2 m de altura, construida en travertino y consagrada a la Virgen María en el siglo XIX. Sus restos, sin embargo, se perdieron, manteniendo viva su famosa estrategia de “quedarse al margen” incluso después de la muerte.



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