Contexto histórico
En el año 449 a.C. falleció Cimo, hijo de Milcíades, vencedor de Maratón, comandante de la flota y líder de la aristocracia ateniense. Sus partidarios necesitaban un sustituto capaz de enfrentar a Pericles, jefe del partido popular y democrático que dominaba Atenas prácticamente sin oposición desde 461 a.C.
El elegido: Tucídides
El puesto recayó en Tucídides, otro aristócrata vinculado familiarmente a Cimo (posiblemente cuñado). No debe confundirse con el famoso historiador del mismo nombre. Provenía del demo de Alopece, al este de la ciudad y fuera de sus murallas, donde probablemente nació, aunque la fecha exacta es desconocida.
Los aristócratas lo nombraron para equilibrar el poder de Pericles y evitar que se convirtiera en una monarquía, según relata Plutarco.
Plutarco señala que Tucídides tenía menos talento militar que Cimo, pero superaba a este en tácticas políticas. Además, permanecía constantemente en Atenas y no tenía ambiciones militares, a diferencia de Cimo.
Una táctica sin partidos
Hablar de partidos en la política ateniense de la época es una convención moderna; en realidad existían facciones con líneas ideológicas difusas. Los ciudadanos que asistían a la Asamblea (aproximadamente 6.000 en el apogeo de la democracia) se mezclaban sin considerar ideas, lealtades o afiliaciones.
Tucídides comprendió que esa dispersión debilitaba a su facción y ordenó que los aristócratas y partidarios de la oligarquía se sentaran juntos, separados del resto.
El origen de la agrupación parlamentaria
Así nació una táctica política que perdura en el parlamentarismo moderno: los miembros de un mismo partido ocupan asientos contiguos, creando un bloque visual de fuerza y una organización eficaz del poder. Este principio también explica la tradición de sentarse a la derecha o izquierda del presidente, que se consolidó al inicio de la Revolución Francesa.
Aunque Tucídides no pudo igualar a Pericles en elocuencia ni habilidad política, fue ostracizado y exiliado por la Asamblea durante diez años en 442 a.C. Una alusión de Aristófanes sugiere que este destierro le provocó una crisis nerviosa que le dejó sin palabras durante un tiempo.
Destino incierto
Según la Vida de Tucídides, una biografía anónima de la Antigüedad que confunde al político con el historiador homónimo, tras el exilio se trasladó a Turios, en el sur de la península italiana, ciudad de Sybaris reconstruida por los atenienses. Allí habría conocido al historiador Heródoto.
No se sabe si volvió a Atenas o murió en el exilio. Algunas fuentes afirman que regresó y participó como estratego en la guerra de Samos (440 a.C.), comandando la flota junto a Pericles, Hagnón y Phormio, lo que reduciría su exilio a dos años. Otras indican que estuvo en la isla de Egina realizando negocios oscuros, pero nada está confirmado.
Legado
Lo que sí es indiscutible es que la táctica de agrupar a los aliados políticos sigue utilizándose en casi todo el mundo, con mayor o menor éxito.