Historia antigua

Flavio Aecio: el último gran defensor del Imperio Romano

Introducción

En otro artículo ya analizamos el Gemitus Britannorum, el lamento de los británicos ante los ataques de pictos, escoceses, sajones y francos. Ese clamor llegó a Flavio Aecio, el general que se ganó el apodo de Último Romano por detener a visigodos, burgundios, hunos y otras amenazas que ponían en riesgo la integridad del imperio.

El concepto de "Último de los Romanos"

En la Roma tardía, Ultimus Romanorum designaba a quienes encarnaban los valores clásicos y la virtus en momentos críticos, dejando un vacío hasta que surgía otro héroe. Entre los que recibieron este honor se encuentran Julio César, Gayo Casio Longino, Valentiniano I, Belisario y Estilicón.

Paralelismos con Estilicón

Estilicón y Aecio comparten origen mixto (madre romana, padre de origen bárbaro), ambos alcanzaron el cargo de magister militum, defendieron exitosamente el limes y se convirtieron en los hombres fuertes de su época. Sus muertes —Estilicón asesinado y Aecio ejecutado— marcaron la descomposición del imperio.

Flavio Aecio: el último gran defensor del Imperio Romano

Infancia y formación

Flavio Aecio nació a finales del siglo IV en Durostorum (actual Silistra, Bulgaria), provincia de Escitia Menor. Era hijo de Flavio Gaudencio, un general de origen gótico o escita, y de una aristócrata romana, posiblemente Aurelia. Desde pequeño se entrenó con los Protectores Domestici, la guardia personal del emperador.

Su linaje le abrió puertas: su padre había sido magister equitum per Gallias (jefe de la caballería en Galia) entre 400 y 407. En 405 Aecio fue enviado como rehén a los visigodos de Alarico I, y después pasó tres años entre los hunos bajo Uldin y Charatón, donde aprendió sus costumbres y tácticas militares.

Flavio Aecio: el último gran defensor del Imperio Romano

Ascenso al poder

Tras la muerte de Honorio en 423, la sucesión se volvió caótica. El patricio Flavio Castino propuso a Juan, un militar de alto rango, pero el emperador oriental Teodosio II lo rechazó. El ejército del este, bajo el magister militum Ardaburio, marchó a Italia; Juan se atrinó en Rávena y Aecio, entonces curopalate, fue enviado a buscar ayuda entre los hunos.

En 425, al regresar, Juan ya había sido derrotado y ejecutado. Gala Placidia, madre de Valentiniano III, nombró a Aecio magister equitum per Gallias, posición que su padre había ocupado.

Durante los siguientes años Aecio repulsó incursiones de visigodos, burgundios y francos, y en 432 alcanzó el consulado, consolidando su influencia sobre el joven emperador.

Flavio Aecio: el último gran defensor del Imperio Romano

Campañas militares

Entre 433 y 447 Aecio obtuvo una serie de victorias: derrotó a los burgundios, aplastó a los rebeldes bagaudas en Armorica y Tarraconense, y mantuvo a raya a los francos bajo Clodio. En 438, tras vencer a los visigodos en Mons Colubrarius, recibió una estatua en Roma y elogios del poeta Merobaudes.

En 440 renovó su consulado y asistió al matrimonio del emperador con Licinia Eudoxia. Sin embargo, su política de asentamiento de alanos en Galia y vándalos en África generó tensiones locales que fueron sofocadas con la ayuda de estos mismos aliados bárbaros.

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Enfrentamiento con Atila

En 451, en los Campos de Catalaunia (actual Châlons‑en‑Champagne), Aecio lideró una coalición de romanos, visigodos, alanos, francos y otros contra la horda de Atila. A pesar de la superioridad numérica hunica, la alianza defensiva logró romper la columna derecha del enemigo y obligó a Atila a retirarse a Alemania.

El año siguiente, Atila cambió de objetivo: exigió casarse con Honoria, hermana de Valentiniano III. Cuando el emperador rechazó la propuesta, el rey huno cruzó los Alpes, arrasó la península itálica y se plantó ante las murallas de Roma. Una delegación encabezada por el Papa León I, el ex‑cónsul Genadio Avieno y el prefecto Trigecio persuadió a Atila de retirarse, probablemente por la combinación de una epidemia, escasez de provisiones y la presión constante de Aecio y del general Marciano en Panonia.

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Caída y legado

Con la muerte de Atila en 453, el poder de los hunos desapareció y Valentiniano III, temeroso de la creciente influencia de Aecio, decidió eliminarlo. En septiembre de 454, durante una reunión en Rávena, el emperador, incitado por el secretario Heraclio y el senador Petronio Máximo, apuñaló a Aecio con la ayuda de su guardia Heraclio.

Seis meses después, Valentiniano mismo fue asesinado por Optila, amigo escita de Aecio, bajo la conspiración de Petronio Máximo, cuyo breve reinado terminó con su propia muerte a manos de la población.

La desaparición de Aecio dejó un vacío que pronto llenó Ricimero, otro "hombre fuerte" que controló la política imperial durante las últimas décadas del Imperio de Occidente.