Historia antigua

Hugo de Lincoln, el santo que arrancó con un mordisco dos fragmentos del supuesto brazo de María Magdalena

El valor de las reliquias en la Edad Media

Durante la Edad Media, poseer reliquias era sinónimo de atraer peregrinos, lo que se traducía en ingresos para iglesias, catedrales y monasterios.

No era raro que obispos, abadías y otras autoridades eclesiásticas compitieran por acumular la mayor cantidad posible, sobre todo cuando necesitaban fondos para obras de remodelación o para garantizar la subsistencia de sus comunidades. Algunos llegaron a robar piezas de otros lugares, empleando métodos tan poco ortodoxos como escandalosos. Uno de esos personajes fue Hugo de Lincoln.

Orígenes y formación

Hugo nació en Avalon, una pequeña villa del sureste de Francia, alrededor de 1135‑1140, en una familia noble. Su padre, Guillermo, señor de Avalon, se retiró a un monasterio benedictino tras la muerte de su esposa, llevándose al niño consigo cuando éste tenía apenas ocho años.

Al alcanzar la mayoría de edad fue ordenado sacerdote, pero abandonó el monasterio para unirse a la Orden Cartuja, cuya rigidez y austeridad la convertían en la más respetada de la época.

Trayectoria eclesiástica

Rápidamente ascendió dentro de la orden hasta convertirse en procurador y, en 1179, fue enviado a Inglaterra como prior del primer monasterio cartujo del país, el de Witham Friary en Somerset. En 1186 fue elegido obispo de la catedral de Lincoln, que había sufrido graves daños por un terremoto el año anterior.

Hugo de Lincoln, el santo que arrancó con un mordisco dos fragmentos del supuesto brazo de María Magdalena

La búsqueda de reliquias

Su primera tarea consistió en reparar y reconstruir la catedral, que Hugo deseaba erigir al estilo gótico que se expandía por Europa. El gran obstáculo era financiar la obra. Para ello, emprendió viajes en busca de reliquias que convirtieran su diócesis en un atractivo centro de peregrinación. Así reunió una colección que aún se conserva en la catedral de Lincoln, aunque los métodos empleados fueron, por decir lo menos, controvertidos.

El episodio de Fécamp

El suceso más célebre ocurrió alrededor de 1190, cuando Hugo visitó la abadía benedictina de Fécamp, en Normandía, fundada en 658 por un conde merovingio. Allí se guardaba un hueso de brazo que, según la tradición, pertenecía a María Magdalena.

Al mostrarle el relicario, los monjes retiraron el hueso envuelto en finas telas que nunca antes habían sido desenvueltas. Hugo sacó un cuchillo, cortó la tela y, para asombro de todos, se llevó el hueso a la boca. Intentó arrancarlo con los incisivos y, al no lograrlo, recurrió a los molares, logrando desprender dos fragmentos que guardó de inmediato para añadirlos a su colección.

Ante la protesta de los monjes por tan irrespetuoso acto, Hugo replicó que “todos los días toca el cuerpo de Cristo con sus dedos y sus dientes en la comunión, y no ve razón para no hacer lo mismo con los huesos de los santos”.

Hugo de Lincoln, el santo que arrancó con un mordisco dos fragmentos del supuesto brazo de María Magdalena

Últimos años y legado

Regresó a Inglaterra con el botín de sus viajes y continuó la reconstrucción de la catedral, aunque solo vio terminada la zona del coro. Murió el 16 de noviembre de 1200, tras otro viaje a Francia como embajador del rey Juan, que le había pasado la salud.

Además de su labor en la restauración de Lincoln, Hugo es recordado por ser uno de los principales protectores de los judíos durante las persecuciones de la época de Ricardo I. Fue canonizado en 1220 y, hoy, tanto la Iglesia católica como la anglicana lo consideran patrón de los enfermos.

La difusión del episodio de la “apropiación” del hueso en la abadía de Fécamp pudo haber influido en la decisión del Concilio de Letrán IV (1215) de establecer que las reliquias nunca debían exponerse fuera de su relicario bajo ninguna circunstancia.