Historia antigua

Miguel Escoto: el sabio medieval que colaboró con Fibonacci

Una leyenda que atraviesa los siglos

El destino es inevitable; por mucho que intentemos esquivarlo, la muerte llega a su hora. Una famosa fábula persa narra a un hombre que, huyendo de la Muerte de Bagdad a otra ciudad, la encuentra allí, sorprendida porque él había llegado antes. Una versión similar rodea a Miguel Escoto: tras años usando un casco de metal para evitar una profecía que decía que una piedra le mataría, se lo quita al entrar en una iglesia y, tal como había predicho, muere.

¿Quién fue Miguel Escoto?

Escoto es una de esas figuras multidisciplinarias de la Edad Media que llegó a ser mencionada por Dante en La Divina Comedia, aunque no con honores: en el cuarto pozo del octavo círculo del Infierno, donde se castigan astrólogos, hechiceros y falsos profetas, Dante escribe: «Ese otro, escaso en los flancos, Miguel Escoto era, que en verdad de los fraudes mágicos sabía el juego». La referencia a sus “flancos escasos” ha sido interpretada como metafórica, aludiendo quizá a su carácter.

Dante no fue el único que lo utilizó como personaje. Bocaccio, Pico della Mirandola y el francés Gabriel Naudé lo criticaron o elogiaron en sus obras. Autores del Siglo de Oro español también lo citan: Luis Vélez de Guevara inspiró a Don Juan de Espina en El diablo cojuelo, Lope de Vega lo menciona en La hermosura de Angélica y Cervantes alude a un “Escotillo”, supuesto astrólogo y nigromante que ofrecía banquetes con platos de la alta cocina francesa, inglesa y española.

Miguel Escoto: el sabio medieval que colaboró con Fibonacci

Orígenes y formación

El nombre español “Miguel Escoto” corresponde al original Michael Scot (o Michael Scotus). Probablemente nació en Escocia o en el norte de Inglaterra alrededor de 1175, aunque su lugar exacto es desconocido. Se formó en la catedral de Durham, continuó sus estudios en Oxford (donde conoció a Roger Bacon) y en París, pues no había universidades en Escocia.

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Se le menciona como magister, lo que indica que enseñó filosofía, medicina, alquimia y astrología (esta última incluía matemáticas y astronomía). Más tarde estudió teología y fue ordenado sacerdote, lo que le protegió de sospechas sobre sus prácticas esotéricas.

Del París a Toledo

En 1223, el Papa Honorio III le ofreció el arzobispado de Cashel, Irlanda. Escoto lo rechazó alegando desconocer el gaélico y aceptó solo la parte económica. Ya había recorrido Italia (Boloña y Palermo) y en 1217 se estableció en Toledo, donde aprendió árabe y se integró a la famosa Escuela de Traductores.

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La Escuela de Traductores de Toledo no era una institución formal, sino un colectivo de eruditos que traducían al latín obras clásicas preservadas en árabe y hebreo, usando el castellano como puente. Participaron cristianos, musulmanes y judíos, entre ellos Pedro de Toledo, Domingo Gundisalvo, Juan Hispalense y varios extranjeros como Gerardo de Cremona y, por supuesto, Miguel Escoto.

Trabajo de traducción

Escoto dominó latín, griego, hebreo y árabe. Tradució a autores islámicos como Avicena y Averroes, y a Alpetragio (Abū Ishāq Nūr al‑Dīn al‑Bitrūyī), cuyo Spherae Tractatus criticó la visión ptolemaica y anticipó ideas que influirían en Copérnico. En la épica de Wolfram von Eschenbach, Parzival, los personajes Flegetanis y Kyot representan a Alpetragio y a Escoto.

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Su mayor fama provino de traducir las obras árabes de Aristóteles: Historia animalium, De partibus animalium y De generatione animalium. Estas traducciones circularon por Europa y consolidaron su reputación.

Al servicio del emperador Federico II

En 1227, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico II, lo convocó a su corte siciliana, donde formó parte de un círculo de sabios que incluía a Hermann el Alemán. Allí colaboró en una nueva traducción de Aristóteles con los comentarios musulmanes.

Una de las colaboraciones más célebres fue con Leonardo de Pisa, Fibonacci. El matemático dedicó a Escoto una revisión de su Liber abaci, y algunos estudiosos sostienen que Escoto le ayudó a desarrollar la famosa sucesión de Fibonacci, base de la espiral áurea.

Escoto también describió el “arcoíris múltiple”, un fenómeno que sólo se explicó científicamente siglos después, lo que sugiere que pudo haberlo observado en el Sahara.

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Obras y legado intelectual

Federico II le envió una carta en 1227 con preguntas sobre volcanes (había estudiado las Islas Lipari), la ubicación del Purgatorio, el Infierno y el Paraíso, y la naturaleza del alma. También le encargó el Liber physiognomiae, obra pionera en fisiognomía que incluía interpretación de sueños y procreación.

Otros títulos atribuidos a Escoto son Super auctorem spherae, De sole et luna, De chiromantia y la trilogía Liber introductorius, compuesta por Liber physiognomiae, Liber quatuor distinguum y Liber particularis. En ella defendía que "todo astrólogo es digno de elogio, pues a través de la astrología conoce muchos secretos de Dios".

Fin de una vida misteriosa

La fecha exacta de su muerte es incierta. Algunos autores, como Walter Scott, lo identificaron con Sir Michael Scot de Balwearie, activo hasta 1290, pero la mayoría de los historiadores sitúan su fallecimiento alrededor de 1232, ya que desaparecen referencias y publicaciones posteriores. ¿Será la piedra de la profecía la culpable?