Orígenes y familia
Edward Bruce nació alrededor de 1280, siendo el quinto hijo de Robert de Brus, sexto señor de Annandale, conde de Carrick y señor de Hartness, Writtle y Hatfield Broad Oak. Su padre, un noble de la frontera escocesa, participó en la Novena Cruzada, la Segunda Guerra de los Barones, las guerras galesas y la lucha por la independencia de Escocia. En 1267 contrajo matrimonio sin permiso real con la viuda condesa Marjorie de Carrick, con quien tuvo cinco hijos varones y cuatro hijas; el heredero fue Robert, futuro Robert the Bruce.
Participación en la guerra de independencia escocesa
Edward acompañó a su hermano Robert en la rebelión contra el rey inglés Eduardo I y, posteriormente, contra Eduardo II. Destacó en la toma de castillos del suroeste escocés y, en 1314, lideró una flanco en la decisiva batalla de Bannockburn, donde los escoceses vencieron al ejército inglés y Robert fue coronado en Scone.
La incursión en Irlanda
Con la intención de abrir un segundo frente contra Inglaterra, Robert envió a Edward a Irlanda en 1315. Allí, el rey de Tyrone, Domhnall Mac Brian O'Neill, solicitó ayuda contra los ingleses. Edward, nombrado sucesor legal de su hermano (quien no tenía hijos legítimos), partió desde Ayr con una flota que transportaba a unos seis mil hombres.
Al llegar, derrotó al conde de Ulster, Richard Og de Burgh, en la batalla de Connor y avanzó rápidamente por el norte, capturando la ciudad de Carrickfergus. Allí, en junio de 1315, fue coronado como Ard Rí na hÉireann (Gran Rey de Irlanda) ante la presencia de varios reyes locales, aunque nunca obtuvo el apoyo total que necesitaba.
Problemas internos y la derrota
El intento de imponer su autoridad mediante la fuerza –ataques a Dundalk, Castle Roche y otras localidades– alejó a muchos aliados irlandeses. A pesar de mantener bajo control gran parte del norte, la escasez de recursos, la devastadora hambruna de 1315‑1317 y la presión inglesa debilitaron su campaña.
En octubre de 1318, en la batalla de Faughart (cerca de Dundalk), las fuerzas de Edward fueron superadas por un ejército inglés‑irlandés comandado por Sir John de Bermingham. Edward murió en combate; su cuerpo fue mutilado y su cabeza enviada a Eduardo II. La derrota marcó el fin del intento de establecer un reino escocés‑irlandés.
Legado
Aunque la campaña fracasó, cumplió su objetivo estratégico: desviar la atención inglesa de la invasión escocesa. En los años siguientes, Robert el Bravo consolidó la independencia de Escocia, culminando con el Tratado de Northampton (1328). Tras la muerte de Edward, el título de Ard Rí quedó en el olvido y no volvió a existir un Gran Rey de Irlanda.