Contexto de la Segunda Guerra Mundial
Durante la Segunda Guerra Mundial varios países enviaron unidades al Wehrmacht para luchar contra la Unión Soviética. En España el caso más conocido es la División Azul, pero también participaron finlandeses, rumanos, croatas, búlgaros y otros, todos unidos por un fuerte anticomunismo.
¿Qué era la ROA?
La ROA (Rússkaya Osvobodítelnaya Ármiya, Ejército de Liberación Ruso) fue, en esencia, un contingente fantasma que existió durante años sólo “sobre el papel”. No formó una unidad propia hasta el invierno de 1944, cuando el mando alemán, desconfiado, repartió a sus miembros entre distintos batallones del frente oriental.
El hombre detrás del proyecto: Andréi Vlasov
Andréi Vlasov nació en 1900 en el Imperio ruso. Abandonó el seminario para incorporarse al Ejército Rojo, donde destacó como oficial y llegó a ser asesor militar del nacionalista chino Chiang Kai-shek, recibiendo la Orden del Dragón de Oro. Su lealtad a Stalin le valió la Orden de Lenin, pero su fracaso al intentar romper el asedio de Leningrado y su negativa a ser evacuado le provocaron la caída en desgracia.
En 1942, tras una fuga fallida, Vlasov fue capturado por los alemanes y enviado a un campo de prisioneros de oficiales en Ucrania. Allí se reunió con emigrantes “blancos” y, a finales de ese año, presentó a los nazis un informe proponiendo la creación de un movimiento antirrevolucionario contra el comunismo.
De la idea a la realidad
Los nazis, interesados, llevaron a Vlasov a Berlín para que expusiera su proyecto ante Goebbels. Así nació la rama armada de lo que él llamó Movimiento de Liberación de Rusia. Vlasov aceptó, quizá atraído por la promesa de un futuro cargo en un gobierno provisional, y comenzó a reclutar voluntarios entre prisioneros de guerra soviéticos. La Luftwaffe también lanzó propaganda en las trincheras soviéticas incitando a la deserción.
Aunque los planes alemanes preveían un ejército de más de un millón y medio de hombres, la realidad fue muy distinta: sólo se lograron reunir cientos de miles, muchos de ellos mercenarios. Hitler no estaba dispuesto a entregarle una fuerza independiente, por lo que los reclutas fueron distribuidos como auxiliares entre diversas unidades alemanas, con un uniforme sin insignias y un parche identificativo.
El papel de la ROA en el conflicto
Los soldados de la ROA fueron trasladados lejos del frente ruso; algunos llegaron a Normandía y participaron en la defensa del Día D. Su fiabilidad era dudosa: desertaban o se retiraban cuando la situación se complicaba.
A medida que la guerra se acercaba a su fin, Himmler persuadió a Hitler para autorizar la creación formal de la ROA. Se organizaron 113 batallones que, en teoría, deberían haber formado una docena de divisiones. En la práctica sólo se constituyeron dos divisiones completas, bajo el mando de los generales Sergei Bunyachenko y Mikhail Meandrov, además de unidades de cosacos y “blancos”. Los soviéticos los denominaron vlasovtsy, el ejército de Vlasov, aunque su participación en combate fue limitada, destacándose la batalla del río Oder en abril de 1945, donde fueron derrotados.
El Manifiesto de Praga y el cambio de estrategia
El 14 de diciembre de 1944, Vlasov presentó el Manifiesto de Praga, redactado ante el autoproclamado Comité para la Liberación de los Pueblos de Rusia. En él abogaba por una reconversión democrática tras la caída del bolchevismo y criticaba a las potencias occidentales aliadas con Stalin. Con la derrota inminente del Tercer Reich, Vlasov buscó rendirse a los Aliados para evitar ser capturado por la URSS.
Participó en el levantamiento de Praga en mayo de 1945, cuando sus tropas cambiaron de bando y colaboraron con los insurgentes y el Ejército Rojo.
El destino final de Vlasov y sus seguidores
Tras la guerra, la mayoría de los vlasovtsy intentó entregarse al Tercer Ejército de EE. UU. bajo el mando del general Patton, pero fueron rechazados y devueltos a la Unión Soviética, donde muchos fueron ejecutados. Vlasov fue extraditado a Moscú, juzgado y ahorcado el 2 de agosto de 1946 junto a once oficiales.
Decenas de miles de sus seguidores fueron enviados al Gulag; en 1955, tras la muerte de Stalin, la URSS concedió el indulto a 55 000 de los que aún vivían. La figura de Vlasov sigue siendo polémica; en 2001 se propuso su rehabilitación, pero fue rechazada.