Introducción
¿Qué tienen en común países como España, Bélgica, Países Bajos, Suecia, Dinamarca, Noruega, Irlanda o Suiza durante la Segunda Guerra Mundial? Todos declararon neutralidad, sin importar sus simpatías políticas. Sin embargo, la neutralidad declarada no siempre garantiza la seguridad cuando los intereses estratégicos prevalecen.
Una neutralidad histórica
Suiza adoptó oficialmente la neutralidad en 1815, aunque ya se dirigía hacia ella desde el siglo XVII. Tras la caída del Sacro Imperio Romano Germánico, los trece cantones que formaron la Eidgenossenschaft (Antigua Confederación) permanecieron independientes, pero su fuerza militar, antes referencia para los ejércitos europeos, decayó con el auge de los estados nacionales.
En 1798, la Confederación Helvética fue ocupada por el ejército revolucionario francés, que instauró la poco popular República Helvética. La resistencia suiza obligó a Napoleón a conceder una amplia autonomía. Después de la derrota de Napoleón, el Congreso de Viena (1815) restituyó la independencia suiza, añadió los cantones de Valais, Neuchâtel y Ginebra, y reconoció su deseo de permanecer neutral, expresado dos años antes tras la derrota francesa en Leipzig.

Suiza y la Primera Guerra Mundial
Durante la Gran Guerra, Suiza mantuvo su neutralidad, pero no se desmilitarizó. Aproximadamente 250 000 hombres fueron movilizados para vigilar las fronteras y garantizar la integridad territorial. En 1916, un rumor sobre una posible ofensiva francesa a través de Suiza provocó una breve ampliación de la movilización. Se estima que casi mil incidentes cruzaron la frontera suiza, sobre todo en pasos de montaña donde convergían los frentes beligerantes.

La Segunda Guerra Mundial: planes, invasiones y violaciones del espacio aéreo
Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Suiza volvió a movilizar a medio millón de soldados y milicianos, temiendo una posible invasión alemana (la temida Operación Tannenbaum, que nunca se ejecutó). Aun así, la ubicación geográfica de Suiza –un enclave alpino rodeado por territorios del Eje (Austria, Italia, Francia ocupada y Alemania)– la convirtió en un punto estratégico para ambas partes.
El espacio aéreo suizo fue violado repetidamente. Durante la invasión de Francia, la Luftwaffe sobrevoló Suiza en cerca de 200 ocasiones; once aviones fueron derribados por la Fuerza Aérea suiza, provocando una protesta formal alemana. Ante la presión de Hitler, Suiza cambió de táctica y obligó a los aviones intrusos a aterrizar en sus aeródromos. Así, tanto pilotos alemanes como cientos de tripulaciones aliadas fueron internados en los Alpes suizos, prefiriendo esa opción a ser capturados por los nazis.

Los errores de identificación fueron frecuentes. En 1940, la RAF bombardeó por accidente Ginebra, Renens, Basilea y Zúrich. En otoño de 1943, los EE. UU. lanzaron bombas sobre Samedán y, al año siguiente, sobre Koblenz (Suiza), Cornol, Niederweningen y Thayngen. En 1945 se registraron ataques en Chiasso, Stein am Rhein, Tägerwilen, Vals, Rafz y Brusio (el 16 de abril), sin causar víctimas mortales.
El 1 de abril de 1944, un escuadrón estadounidense bombardeó por error la ciudad de Schaffhausen, provocando 40 muertos y graves daños industriales. En marzo de 1945, Basilea recibió bombas incendiarias y Zúrich sufrió un ataque que mató a cinco ciudadanos, confundidos con Friburgo. El capitán James Stewart, famoso actor de Hollywood, presidió el consejo de guerra que finalmente absolvía a la tripulación responsable.
Repercusiones y compensaciones
Algunos militares estadounidenses defendieron que Suiza merecía los bombardeos por su supuesta simpatía hacia los nazis, pero el gobierno de EE. UU. se disculpó y acordó indemnizar a Suiza con varios millones de dólares entre 1944 y 1949. Suiza aceptó la explicación, pero advirtió que en el futuro intervendría contra cualquier avión que violara su espacio aéreo sin autorización, reteniendo a su tripulación.