Imagina que al final de la Segunda Guerra Mundial los alemanes hubieran desarrollado un arma secreta de gran potencia. No se trataba de otro avión o tanque, sino de un dispositivo que, según algunas versiones, permitiría anular la gravedad e incluso viajar en el tiempo. Ese supuesto invento se conoce como Die Glocke (“La Campana”) y forma parte de la legendaria lista de wunderwaffen, las “armas milagrosas” que el régimen nazi habría intentado crear para cambiar el curso de la guerra. Sin embargo, no existe prueba documental que confirme su existencia ni su funcionamiento.
Las “wunderwaffen” y la propaganda nazi
El concepto de wunderwaffe respondió más a la intensa actividad del Ministerio de Propaganda de Goebbels que a la realidad tecnológica. Existieron proyectos reales, como el jet Messerschmitt Me 262, el helicóptero Focke‑Wulf, los tanques gigantes Landkreuzer P 1500 “Monster” o los submarinos eléctricos de la serie XXI, entre muchos otros. La mayoría quedó en la fase de diseño; pocos prototipos llegaron a construirse y, en algunos casos, fueron trasladados a EE. UU. bajo la Operación Paperclip. El resto sirvió para mantener la moral del pueblo nazi con la promesa de un arma definitiva que Hitler guardaba bajo la manga.
El origen del mito de Die Glocke
El interés por un dispositivo oculto y revolucionario ha alimentado la imaginación de numerosos autores. Escritores como Jan Van Helsing, Norbert‑Jürgen Ratthofer o Vladimir Terziski mezclaron hechos y ficción, introduciendo elementos esotéricos, sociedades secretas como la Thule y la moda UFO de los años 50. En el año 2000, el periodista polaco Igor Witkowski publicó Prawda o Wunderwaffe, obra que, según él, se basó en quince años de investigación en archivos de varios países.
Witkowski afirma haber obtenido, a través de un contacto en la inteligencia polaca, la transcripción del interrogatorio del oficial de la SS Jakob Sporrenberg, quien describió un experimento en la base subterránea Der Riese, situada en los Montes del Búho, cerca de la mina de Venceslao en los Sudetes.
¿Qué describía el testimonio?
Según el relato, en Der Riese —una instalación real construida desde 1943 con mano de obra de unos 13 000 prisioneros de Auschwitz— existía una estructura en forma de campana, de unos 4,5 m de alto por 2,5 m de ancho, fabricada con un “metal duro y pesado” recubierto de cerámica. En su interior había dos cilindros giratorios que contenían un fluido violeta, similar al mercurio, llamado Xerum 525, almacenado en una cápsula de plomo de un metro de longitud. También se mencionaban líquidos complementarios como “leichtmetall” y peróxidos de torio y berilio, materiales empleados en reactores nucleares.
El objetivo, según Witkowski, era generar propulsión antigravitatoria; por eso la campana estaba anclada al suelo con gruesas cadenas. Al activarse, produciría efectos mortales en un radio de 150‑200 m: congelación de la sangre, descomposición de tejidos y la muerte de cinco de los siete científicos del equipo, liderado por el físico Walther Gerlach. No obstante, la veracidad de estos hechos es altamente cuestionable.
Falta de pruebas y versiones contradictorias
El testimonio proviene de un militar y no de un científico, y el agente polaco que entregó los documentos prohibió que se hicieran copias, obligando a Witkowski a tomar notas. No se ha encontrado material físico ni documentación adicional que confirme la existencia de Die Glocke. Witkowski asegura que la campana fue trasladada a América del Sur, mientras que el investigador británico Nick Cook, que popularizó el tema en su libro The Hunt for Zero Point, sostiene que fue llevada a Norteamérica tras un acuerdo entre los Aliados y el general de la SS Hans Kammler.
Estas discrepancias han llevado a la mayoría de los historiadores y científicos a catalogar la historia como una mezcla de ficción y pseudociencia, derivada de obras como El retorno de los hechiceros (1960) de Louis Pauwels y Jacques Bergier, que abrió la puerta a la esotería nazi y los relatos de ovnis.
Conclusión
El mito de Die Glocke sigue vivo gracias a autores sensacionalistas que, sin pruebas sólidas, continúan alimentando la fascinación por los supuestos “secretos” del Tercer Reich. Hasta la fecha, la comunidad académica considera la historia como una leyenda sin fundamento, más cercana a la ciencia ficción que a la historia real.