La guerra civil siria, conflicto que se extiende desde 2011, se originó a raíz de las protestas de la Primavera Árabe. La violenta represión del gobierno de Bashar al‑Assad dio lugar a la aparición de una oposición armada. Hasta la fecha se estima que alrededor de 600 000 personas han muerto como víctimas de esta guerra.
Causas de la guerra civil siria
Las protestas surgidas en Siria a principios de 2011 fueron una extensión de la Primavera Árabe, una serie de manifestaciones populares que sacudieron el Norte de África y Oriente Medio a finales de 2010 y principios de 2011. El régimen dictatorial de Bashar al‑Assad, al frente del país desde 2000 y heredero de la dinastía al‑Assad desde los años 70, fue duramente cuestionado por la población, que exigía reformas democráticas, multipartidismo, empleo y mejores condiciones de vida.
El primer estallido tuvo lugar en Deraa, en el sur del país, donde la detención y tortura de estudiantes que habían pintado un graffiti contra el presidente provocó una oleada de protestas en Damasco, Alepo y otras ciudades importantes.
La respuesta del gobierno consistió en usar la policía y la seguridad del Estado para reprimir las manifestaciones, lo que sólo intensificó la movilización popular y llevó a la creación de milicias armadas formadas por civiles y desertores del ejército.
Desarrollo del conflicto
Inicialmente la oposición se organizó bajo la bandera del Ejército Libre Sirio (ELS), creado en julio de 2011 a partir de la unión de civiles y militares desertores. En sus inicios el ELS se presentó como un grupo secular y moderado que buscaba derrocar a Assad y establecer un gobierno democrático.
Con el transcurso de la guerra, el ELS perdió su carácter secular y adoptó posturas más radicales, llegando a enfrentarse a las fuerzas kurdas del norte de Siria, en parte bajo la influencia de Turquía. Simultáneamente, surgieron numerosos grupos rebeldes de orientación extrema, entre los que destaca Hayat Tahrir al‑Sham, anteriormente conocida como Frente Al‑Nusra, que fue la rama armada de Al‑Qaida en Siria hasta 2016.
En 2014, aprovechando la fragilidad siria, el Estado Islámico (EI) se expandió y proclamó un califato que abarcó gran parte del territorio sirio, imponiendo la sharía. La amenaza del EI obligó a todos los actores, incluidos el gobierno sirio, Rusia, EE. UU. y los propios grupos rebeldes, a unir esfuerzos para derrotarlo. A partir de 2019 el EI perdió sus últimos bastiones y ya no controla territorio sirio, aunque sigue siendo una amenaza residual.
Los kurdos sirios, organizados en la Unidad de Protección del Pueblo de Kurdistán Sirio (YPG), surgieron como fuerza defensiva contra el EI y, posteriormente, como protagonista de la lucha contra la ofensiva turca en el norte del país. Turquía acusa al YPG de vínculo con el PKK, considerado organización terrorista, y ha intensificado sus ataques desde la retirada del apoyo estadounidense en 2019.
Participación extranjera
Varios países intervienen directa o indirectamente en el conflicto sirio. Estados Unidos comenzó su participación centrada en la lucha contra el Estado Islámico, bombardeando posiciones del grupo y proporcionando apoyo limitado a la FSA y al YPG. Con el tiempo, EE. UU. redujo su asistencia a la FSA y al YPG.
Rusia, desde 2015, apoya militarmente al gobierno de Assad, proporcionando aviones, artillería y asesoramiento que han sido decisivos para mantener al presidente en el poder.
Irán también respalda al régimen sirio enviando combatientes, armas y fondos, con el objetivo de evitar que milicias suníes tomen el control del país y amenacen sus intereses regionales, especialmente el vínculo con Hezbolá en Líbano.
Consecuencias del conflicto
Después de más de diez años de guerra, Siria se encuentra en ruinas. Infraestructuras básicas como carreteras, hospitales y escuelas han sido destruidas, lo que ha colapsado la economía y la calidad de vida de la población. Millones de personas carecen de acceso a atención médica y la educación de los niños se ha interrumpido gravemente.
La pobreza se ha disparado y más de la mitad de los sirios dependen de ayuda humanitaria para sobrevivir. Se estima que casi 600 000 personas han muerto y que 13 millones han sido desplazadas; de ellas, más de 5 millones han buscado refugio fuera del país.
El conflicto sigue sin una señal clara de finalización, ya que las intervenciones extranjeras continúan alimentando la violencia y ninguna de las partes parece dispuesta a negociar una paz duradera.
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[1] John Wreford y Shutterstock