Origen y desarrollo
Entre los diversos sistemas de escritura de Mesoamérica, la escritura maya es considerada una de las más avanzadas. Surgió como resultado del intercambio cultural con la civilización olmeca, que habitó la región mexicana entre 1500 y 400 a.C.
Estructura y complejidad
Los glifos mayas no siguen un patrón simplificado en el que cada símbolo represente un solo sonido o letra. Un mismo glifo puede expresar dos o más fonemas o conceptos, y un mismo concepto puede escribirse con varios glifos diferentes. Gracias a la ayuda de la informática, en las últimas décadas se ha logrado descifrar aproximadamente la mitad de los caracteres.
Uso religioso y social
Para los mayas, la escritura era un don de los dioses y su enseñanza estaba reservada a una élite. Se utilizaban diversos soportes—piedra, madera, cerámica y papel amate—para registrar información. También elaboraban libros y códices a base de fibra de planta, resina y cal.
Registro histórico y pérdida
Los documentos mayas se enfocaban en la vida cotidiana, el cómputo del tiempo y la regulación de los ciclos ceremoniales. Tras la conquista española, gran parte de este material fue destruido. El obispo Diego de Landa intentó traducir algunos textos en 1566 con la ayuda de indígenas catequizados, pero la mayoría de los códices fueron quemados bajo la autorización eclesiástica por su origen pagano.
Códices supervivientes
Solo tres códices mayas han sobrevivido: el Codex Dresdensis, el Codex Tro‑Cortesianus y el Codex Peresianus. Actualmente se conservan en museos de Alemania, España y Francia, respectivamente.
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