Historia antigua

Guerra de los Vénetos (Batalla de Morbihan)

Antecedentes y causas del conflicto

Mientras Julio César se encontraba en Ravenna creyendo que la Galia estaba pacificada, estalló una rebelión en la Armorica. Publius Craso, comandante de las legiones romanas en la región, había enviado prefectos y tribunos militares para recaudar trigo. Los vénetos capturaron a los tribunos Quintus Velanius y Titus Sillius; a su vez, los aliados de los vénetos tomaron a Marcus Trebius Gallus y Titus Terrasidus. Ese intercambio de rehenes desencadenó la revuelta. Los celtas enviaron una delegación a Craso exigiendo la liberación de los oficiales romanos, pero los vénetos, la potencia marítima más fuerte de la Galia, temían la creciente dominación romana y defendían su supremacía naval.

Primeras maniobras

Al recibir la noticia, César, aún en Ravenna, ordenó la construcción urgente de una flota. Los vénetos se habían abastecido y fortificaron sus poblados en los pantanos, además de contar con el apoyo de los osismes, namnetes, ambiliates, morinos, lexovios, diablintes y ménapiens, y recibieron ayuda de la Bretaña insular. Dado que los romanos no podían atacar los fuertes por tierra, la única opción fue la guerra naval. Los barcos se construyeron en las riberas del Loira, en territorio de los pictones, aliados de Roma. Aunque César capturó rápidamente algunas ciudades armoricanas, comprendió que la única forma de sofocar la rebelión era destruir la flota veneta.

Los barcos celtas

Según César, los navíos vénetos superaban a los romanos: tenían cascos más planos, ideales para aguas poco profundas; proas y popas muy elevadas que facilitaban la navegación en mares agitados; y estaban reforzados con maderas robustas, anclas sujetas por cadenas y velas de piel. Eran más grandes y pesados, y sus bordes altos protegían a los guerreros de los proyectiles romanos y dificultaban los abordajes enemigos.

Los barcos romanos

La única ventaja de la flota romana era la velocidad y maniobrabilidad que proporcionaban los remos; sus velas se utilizaban poco. Sin embargo, esos barcos resultaban eficaces solo en mares calmados y se veían vulnerables ante tormentas.

Desarrollo de la batalla

Una vez terminada la construcción, el comando quedó a cargo de Decimus Junius Brutus Albinus, quien dirigió la flota hacia la costa veneta. El enfrentamiento se produjo cerca de Saint‑Gildas‑de‑Rhuys a las cuatro de la tarde. Inicialmente, la superioridad de los navíos vénetos les dio ventaja y hundieron varias embarcaciones romanas. Los romanos intentaron cortar las cuerdas de los barcos enemigos con hachas fijadas a pértigas, una táctica que neutralizó algunos navíos pero no bastó para lograr la victoria. Cuando el viento se apagó, los barcos vénetos, dependientes exclusivamente de la vela, quedaron inmovilizados. Los romanos aprovecharon la situación, contraatacaron y destruyeron la flota veneta una a una; solo unos pocos lograron escapar. La contienda duró ocho horas y culminó a medianoche con la aniquilación total de la armada celta.

Consecuencias

Al perder su flota, los celtas quedaron sin capacidad de resistencia y se rindieron. César ordenó la ejecución de todos los miembros del senado veneto y deportó al resto de la población, reduciéndola a esclavitud.

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