
Juan Calvino
Juan Calvino nació en Noyon (Francia) en 1509, en el seno de una familia católica. Desde joven tuvo acceso a la educación y se relacionó con círculos luteranos, lo que lo impulsó a abrazar el protestantismo. En 1536, en medio de las guerras de religión que asolaban Francia, llegó a Ginebra, donde conoció a Guillermo Farel, quien lo persuadió para quedarse y convertir a los ginebrinos. Calvino aceptó, pero sus estrictas normas calvinistas —vestimenta negra, prohibición de joyas y abstención de fiestas— generaron descontento. Dos años después, los ginebrinos, cansados de sus rigurosas imposiciones, lo expulsaron junto a Farel.
Calvino se trasladó a Estrasburgo, donde contrajo matrimonio con Idelette de Bure, viuda a quien adoptó a sus hijos. Tres años más tarde, la ciudadanía de Ginebra volvió a solicitar su regreso, y él regresó para consolidar la reforma.
La doctrina de la predestinación
Según el protestantismo, la salvación del alma no depende de las buenas o malas obras, sino de la fe en Dios. Calvino fue más allá, afirmando que la mera creencia no basta para alcanzar la vida eterna. Su concepto de predestinación sostiene que Dios ha destinado, antes del nacimiento, a algunos seres humanos a la salvación, mientras que los demás quedan excluidos del paraíso.
En 1552 publicó De la predestinación eterna de Dios, como respuesta a las indulgencias protestadas por Lutero y a cualquier forma de “pago” por la salvación, prácticas que él condenó con vehemencia. Para Calvino y los calvinistas, la salvación es un don gratuito concedido por la fe sincera del creyente: sola fide (solo por fe).