Muerte de Amílcar y ascenso de Hasdrúbal
Amílcar Barca, después de haber concluido una frágil paz con Roma, se lanzó a reconquistar la influencia cartaginesa en el Mediterráneo. Luchó cinco años en África y nueve en Hispania, y se preparaba para una campaña de mayor envergadura que, de haber vivido, habría llevado la guerra a Italia, como luego hizo su hijo Aníbal. Su muerte repentina en 229 a.C., coincidida con la infancia de Aníbal, dejó un vacío de casi ocho años que fue ocupado por Hasdrúbal el Bello.
Hasdrúbal, el sustituto favorito
Hasdrúbal había sido elegido por Amílcar como su protegido; el veterano veía en él la energía de la juventud. Más tarde se casó con la hija de Amílcar, consolidando su posición como líder de la facción barcides, muy influyente entre los soldados y el pueblo. A diferencia de su suegro, Hasdrúbal se destacó más como político que como guerrero.
Su estrategia consistió en ganarse la lealtad de los príncipes locales de África mediante alianzas y hospitalidad, reforzando el poder de Cartago sin necesidad de recurrir siempre a la fuerza militar. Gracias a esta política, los romanos renovaron el tratado de alianza, aceptando que el Ebro marcara la frontera entre ambos imperios y que Sagunto conservara su independencia.
Asesinato de Hasdrúbal
El 221 a.C., mientras estaba rodeado por su guardia, fue asesinado por un guerrero celta enfurecido por la muerte de su propio jefe, a quien Hasdrúbal había derrotado. Incluso en el momento de la muerte, mostró una extraña serenidad, como si aceptara su destino con dignidad.
La desaparición de Hasdrúbal dejó nuevamente a Cartago sin un líder fuerte, preparando el escenario para que Aníbal, ya adulto, tomara las riendas y continuara la lucha contra Roma.