
La caza de brujas y su legado en Suiza
En Suiza la persecución de brujas dejó una huella profunda: los cantones fueron eliminando, uno a uno, los últimos casos de ejecución, que ocurrieron hace casi trescientos años.
Los inicios en el siglo XV
La represión contra la brujería comenzó en la década de 1420 en la zona francófona del país, especialmente en el cantón de Valais, donde la Inquisición ya había condenado a herejes. A comienzos del siglo XV surgieron los rumores sobre el Sábado o culto al diablo en los Alpes.
Una sociedad en alerta
Las autoridades cristianas consideraban peligrosas a cualquier secta, mago o individuo que pareciera poseer poderes sobrenaturales. Como se citaba en los documentos de la época:
«Conocemos bien la actividad de nuestra propia naturaleza: inmoralidad, impureza, idolatría y magia. El odio, la envidia y la rivalidad dividen a la gente y son temidos por la sociedad cristiana.»
El protestantismo y la continuidad de la persecución
La llegada del protestantismo no apaciguó el fervor contra el diablo. En 1553, el teólogo Miguel Servet fue quemado en la hoguera bajo acusación de herejía. Un clima de terror se mantuvo en Ginebra hasta la muerte de Juan Calvino.
Los últimos juicios
Ginebra fue la ciudad más afectada por la Inquisición, pero también la que puso fin a la persecución con mayor rapidez. El último caso registrado fue el de Michée Chauderon, ejecutado en 1652.
Con el tiempo, los cantones suizos eliminaron oficialmente la pena de muerte por brujería, cerrando así una oscura página de su historia.